POLíTICA   9 de abril de 2018

La navaja de Valdés.

Guillermo de Ockham fue un filósofo medieval, que nació a finales del siglo XIII, en tal momento, no existía mucho margen, como para pensar otra cosa que no fuera que de la inmensa potestad de Dios, provenían las razones más trascendentales como las acciones más nimias de quiénes tuvieran la posibilidad de nombrarlo. Sin embargo, en uso de la razón, separó, de allí la metáfora de la navaja, razón y fe, cortando la existencia de los universales, algo que lo asemeja a quiénes en la facultad del uso del poder, como un gobernador, pueden o no, cortar con formas y manejos anquilosados, como para forjar otros destinos, tal el caso, o la oportunidad histórica que le asiste al correntino Valdés.

El pensador medieval a quién hacemos referencia, pocas veces ha sido sacado del ostracismo académico, al que lo someten, quienes consideran, que tanto él, como cientos de sus colegas, sólo pueden dialogar entre sí y los actuales interesados en obtener una licenciatura en filosofía, que es la mejor forma de decir que se piensa, obturando el pensamiento, es decir, encuadrándolo en un certificado que a lo mejor que puede aspirar es a otro, que diga máster o magister.

Algo muy similar ocurre fronteras afuera de la ciencia madre, en los ominosos terrenos de la política, no la teórica, sino la práctica, la del día a día, la del poder concreto y efectivo. Sólo quiénes conforman el universo de funcionarios, y de ciudadanos electos por el voto popular (más los amigos de estos), hacen y deshacen, construyen y destruyen la realidad de cada uno de los soberanos. A diferencia de los filósofos, los políticos son comunicados, por tanto, los vasos comunicantes o medios de comunicación, piden, solicitan y reclaman información cotidiana, para cumplir su rol, para dotarse de sentido para sí y para los otros, en esta interrelación, más allá de la obligada comunión de intereses, se forja una costumbre, inamovible, perenne.

La Navaja de Guillermo de Ockham (tal como es sintetizado y metaforizado su pensamiento), tuvo el filo necesario, para en pleno medioevo cortar la unicidad entre razón y fe (huelga aclarar que esto le costó al mencionado ser declarado hereje) mediante un razonamiento que planteaba la inexistencia de los universales (es decir no existían “los hombres”, sino Juan, Pedro, y demás, y las causas vinculantes sólo se podían comprobar mediante la experiencia y no la fe o la razón forzada o barnizada por la fe) pero ha perdido su filo, al quedar preso en ámbitos académicos, en tristes pupitres universitarios destinados a producir en serie, profesores que transmitan apuntes fotocopiados a futuros profesores que eternamente reproduzcan lo mismo.

Nada muy diferente, del secuestro perpetuado en la arena política, hombres y mujeres, que se dicen pertenecer a sendos partidos que defienden determinadas ideologías, son hablados, y no hablan, por los medios de comunicación, tanto porque en su afán de tener poder no se preparan para pensar y construir, sino para reproducir no fotocopias, sino slogan de campañas o gritos del capanga de turno, o porque los medios y muchos de sus hombres, en la prisión del no pensamiento, de la inmediatez del cierre o del subir una nota, en vez de buscar la política en otros lugares, o investigar lo que realmente ocurre (pensar lo que se va a comunicar y no comunicar por inercia o solamente por intereses corporativos), reinciden en la cárcel del político funcionario o representante, que no tiene nada para decir, y mucho por repetir, replicando el vacío, reiterando hasta el hartazgo conceptos vacíos, que necesariamente caen en descalificaciones personales, que a tal altura son producto tanto del político ceba-mate y hueco sin concepto, como del periodista haragán o interesado que sólo pregunta y reproduce por un interés corporativo o de la patronal. 

 

Entonces, en este sin-sentido, tienen que aparecer los Guillermo de Ockham, los filósofos, no los secuestrados en los pupitres de las universidades, sino quiénes se juegan por pensar, por dotar de una razón a lo que ocurre y en caso de pensarla, sentirla o vivenciarla como algo negativo, tratar de transformarla.

Pero la humanidad en sus conductas, es tan reiterativa, que sí en el Siglo XIII se condenaba a quiénes buscarán otras lógicas a las existentes, en el presente siglo, el pensar la política, desde fuera de un cargo, es patrimonio de loquitos de librepensadores. 

La mayoría de los medios y sus hombres, no publican lo que no entienden, lo que no factura, o lo que es lo mismo, lo que no proviene desde las usinas del poder.

Tenemos políticos que repiten, que no construyen desde los conceptos, sino que articulan desde la lógica del amigo-enemigo, del que obedece y desobedece, hombres de medios que tampoco piensan lo que transmiten y amplifican las repeticiones huecas, haciendo aún más hueca y agravando el sin-sentido, pensadores presos en sus pupitres y una sociedad presa del sueldo estatal, o del gran presidio, donde la mayor condena es no pensar. 

Los loquitos o librepensadores, antes herejes o desaparecidos, no son hablados por los medios y sus hombres, por más que reclamen que se cumpla efectivamente una ley para que las declaraciones juradas sean públicas y no estén presas de un sobre lacrado, o de la sospecha permanente que los políticos son todos delincuentes (la razón práctica por la que no lo hacen los funcionarios, es porque temen ser secuestrados al mostrar cuanto tienen) tampoco tendrán el acompañamiento de los que sólo repiten y se asustan de las iniciativas que no provengan del poder escuálido de conceptos y de sentido y prefieren generar cizaña para que los políticos se acusen de ser oscuros personajes de historietas. 

La Navaja de Guillermo logró cortar un período de pensamiento, inaugurando otro, más allá de sus contratiempos, más allá de que aún hoy uno tenga que escuchar en una misa que un cura párroco, pida por la salud de la hija de un ex gobernante, negándole su identidad (recordar que la navaja de Guillermo consistía en no pensar las generalidades, sino en la individualidad) y mencionándola como la hija de.         

Los medios y sus hombres, tienen la gran posibilidad de pensar cómo y que comunican, extrayendo lo mejor de nuestros políticos (para que a su vez estos nos ofrezcan sus mejores exponentes y no los más conspicuos lugartenientes levantamanos), sacando a los pensadores de las cárceles dogmáticas para comunicar lo que han pensado, integrando a los loquitos y librepensadores a un sistema que los necesita no para perseguirlos, sino para que aporten sus visiones, a los fines de tener una sociedad más justa y ecuánime. 

El actual gobernador, tiene en sus manos, no solo el poder de la administración del gobierno de la provincia, sino su propio futuro, en cómo pretende ser recordado tanto por sus descendientes como por la comunidad toda, en cuanto a sí resulto un simple ejecutor de ordenes preestablecidas, el accesorio azaroso de una maquinaria de gobierno y electoral, o un hombre en toda su dimensión, capaz de sentar las bases de una Corrientes para todos, en donde por el imperio de la ley, se establezcan reglas de juego, claras e indispensables que permitan inversión, desarrollo, como progreso, donde se sepa cuanto, como y porque, el estado provincial invierte en pauta publicitaria, en programas que prioricen aspectos nodales como el combate a la pobreza estructural y la proyección para, generar participación ciudadana en al menos, el obsoleto sistema, como tantos otros, electoral que posee Corrientes que la hacen, una suerte de estancia chica, cerrada y propiedad de un par de patrones que se ríen hasta de las intenciones que puedan tener gobernadores como Valdés que decidan solamente quedarse con la sonrisa con braquets y el jopo moderno del pelo injertado.

La navaja, en manos del actual gobernador la podrá usar para cortar su vínculo con los sectores más desfavorecidos e históricamente relegados, que lo depositarán en la gacetilla fácil como en el olvido rápido por obligación, o para terminar con  tanto tiempo de más de lo mismo, que lo elevarán al sitial en donde brillan los que se eligen haciendo uso de la facultad por excelencia de un ser humano, que es la de pensar.

 

 

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