POLITICA  22 de abril de 2017

Los Intendentes y la Justicia.

Es un secreto a voces, resuena aún más fuerte que los ecos de la elección del delfín del gobernador. No serán pocos, los jefes comunales (oficialistas como opositores) que verán su suerte correr en dependencias del poder judicial. La grave inconsistencia política, de pretender mediante normativas forzadas, que además no son coherentes dado que impiden al gobernador como a los intendentes ir por un tercer período más no así a los legisladores, de suprimir el bien jurídico mayor (la soberanía popular y el uso de su libertad política de sí quieren votar a Mongo Aurelio, lo hagan) que no pudo ser remendado en la trunca posibilidad de reforma constitucional hará este año eclosión. Este campo propicio de judicialización (en donde las candidaturas de Bianchi en Esquina, Bassi en Goya y Domínguez en Curuzú, tendrían cierto plafón para acudir a que los tribunales determinen o no la constitucionalidad del impedimento) adicionara a los expedientes que darán más de un dolor de cabeza a jefes comunales como los de Perugorría (en pleno proceso), Santo Tome (cupo femenino en lista senatorial) Santa Lucía (causa robo de tesorería) y de acuerdo a lo que informan sectores vinculados al poder central, la madre de todas las causas judiciales que estarían preparando para impedir la reelección (de un segundo mandato en este caso, pero por una condena menor) del Intendente de Mercedes, refugio en el que desearía recalar el gobernador. Recordemos, por sí se le pasa, que Corrientes es la única provincia, en la historia moderna que vio detenido a un jefe comunal en funciones, bajo un polémico uso del in fraganti, mediante el silencio, (¿culposo?) de toda su clase política.

La justicia no va a tener ningún problema en hacer mediar un artículo leguleyo, por sobre la legitimidad política y el apoyo popular que pudiera tener cualquier intendente correntino. Esta es la única provincia en donde, sin prueba contundente alguna, y mediante la fábula, al mejor estilo K, por parte de un diario nacional, como en los mejores tiempos de la dictadura, se intervino de hecho toda una ciudad y la clase política correntina, en vez de actuar con los pantalones largos, se escandalizo por un mapa del delito más trucho que el hacedor y responsable que sólo pudo llegar a cierta posición de gobierno alguna vez, producto de los incapaces que vieron talento en él.

El ex ladrillero devenido en Intendente (el problema no es el oficio o ejercicio a que uno dedique su vida o mediante el cual se sobreviva, pero así como no es motivo de señalamiento tampoco tiene que ser motivo de exaltación, como lo es en la actualidad los tipos que se creen mas dignos por ser laburantes como choferes o deportistas exitosos o cantantes, como sí esa supuesta probidad la trasladarán matemáticamente a la política) que llora en Marcos Paz, quizá no tuvo la posibilidad de formarse políticamente, como tampoco tuvo responsabilidad de control de frontera desde el pueblito que administraba, pero si lo tuvieron los que se sacaban fotos con él. Esas fotos que circularon, como si pertenecieran al mundo del hampa luego de la opereta berreta del mapita, lo tenían al Intendente con diferentes hombres de poder, hombres que nada dijeron acerca de este atropello judicial en las esferas políticas.

Y esto, no saldrá gratis. Esta agachada de la política, no va a ser gratuita, dado que el poder, es voraz y omnímodo. Vieron, olieron, sintieron la debilidad de la clase política, la tendrán de rehén, y los intendentes, o alguno de ellos, serán sus presas a exhibir ante una ciudadanía que confunde política, democracia, poder y poderes, peligrosamente, mediante la complicidad de los medios de comunicación.

La imposibilidad de que la justicia sea tal, ha generado que la ciudadanía desee algo que desde el poder, como la mayoría de las cosas, no le puede conceder. La correspondencia de la teoría con la práctica, de la promesa al hecho, de la norma a la realidad, de la compensación ante el daño sufrido. El ser humano, en su realidad contradictoria por naturaleza, sigue en esta búsqueda por más que sepa que no la va a encontrar. En una parada, en un alto, se ilusiona, con un oasis, con un atajo. Los juicios exprés, mediáticos, los escraches en redes sociales se incrementan proporcionalmente a como se ralentizan las causas judiciales.

Con un videíto casero, de mala calidad y casi inentendible, en donde se soslaye una criminalidad narcótica, sexual o de corrupción, servirá para que un político caiga en desgracia. Los medios, convenio mediante, se encargaran del resto, la ciudadanía aumentará su enojo y de esta manera, la justicia en sus tiempos, podrá tomar una decisión, a  contrapelo de la ley, paradojalmente, como lo fue lo llevado a cabo en Itatí. El círculo se termina, a la perfección, porque como toda la clase política está en problemas o encarpetada, ninguno sale a poner los puntos sobre las íes.

Prefieren, dentro de la clase política, entregar de a uno o a puñados, a parte de los suyos a los del poder judicial, que les dicen que tienen el control social, mediante el circuito del que son responsables. Es decir, el poder se corre, desde lo democrático, lo representativo, a la lapicera de un juez que nadie voto, que nadie conoce y al que nadie le puede hacer ni decir nada. Fin de la historia de la institucionalidad proba que guarda o se consagra bajo formas democráticas.

Sí la cosa terminara en los intendente, vaya y pase (con la barbaridad que representa expresar esta frase) en tribunales, todos saben, que más temprano que tarde, así como un ex gobernador está preso (bueno al menos formalmente) el camino del que se va, tiene allanado el sendero como para recorrer, tal como lo viene haciendo incluso su primo, los pasillos en donde el mismo poder que ayudo a entronizar le pedirá explicaciones, en nombre de la gente, claro está, la que nunca se entera de nada y sigue teniendo hambre.

 

 

 

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