CULTURA  8 de febrero de 2017

En Busca de la tercera tierra; la sin mal.

Girala Yampey profundiza en esta síntesis de sus estudios de la cosmovisión Guaraní, la búsqueda de una sociedad plena de igualdad y justicia en donde la perpetración del “ecocidio” (o envenenamiento del medio ambiente) sea solo una fantasía literaria y no una amenaza real como lo hemos conseguido producto de nuestra necedad.

 

   “Cuando los europeos arribaron a éstas tierras sudamericanas, el Mito de “La tierra sin males” ya estaba en pleno auge. Era una profética creencia de fervorosa adhesión generalizada entre los diversos grupos de guaraníes.

   Al alemán Kurt Unkel, quien vivió 30 años como integrante más de ellos, le asignaron un asiento ante los fogones y fue bautizado con el nombre de Nimuendaju. Fue él quien escribió los mejores y más acertados testimonios de la búsqueda de la Tierra sin males en la cosmovisión aborigen. Un profundo pensamiento que busca conquistar la serenidad y la paz espiritual, (comparable con el Nirvana hinduista).

   Esas ideas, costumbres y tradiciones, son cantadas y danzadas en alta voz como “Himnos sagrados”, No las recitan, las cantan durante sus danzas. Son extensas historias cuyos contenidos varían entre las diversas comunidades por carecer de escritura. En nuestro caso, nos referimos solamente a lo que se relaciona con la creación de la Tierra.

   La narrativa describe que la Primera Morada fue construida por el Gran Padre Primero. La misma fue destruida debido a las iniquidades cometidas por los hombres. Un pavoroso incendio, seguido de interminables lluvias inundó la superficie terrenal y acabó por arruinarla. Solo quedaron a salvo una pareja de seres humanos, los animales y vegetales para reiniciar el desarrollo de ésta segunda fase de la tierra.

   En la cosmovisión guaraní se presagia que también esta actual morada terrenal correrá la misma suerte porque los hombres siguen cometiendo la necedad de envenenar el medio ambiente. De ahí la fantástica y maravillosa idea de buscar la tercera tierra, ya sin males.

   La ideación de tal posibilidad sirvió de anclaje para evitar el desahucio generalizado de las parcialidades aborígenes que se asieron a ella férreamente, seguros de lograr alcanzarla mediante sus danzas y cantos rituales. Con esa ilusión, numerosos grupos, durante largo tiempo, marcharon hacia el Este, donde se levanta el Sol. Ese pensamiento de acceder a ella perduró por muchos años entre los grupos tribales que realizaron, sucesivas oleadas de marchas con obsesión inagotable. Solamente la abandonaron ante la valla que ofrecía el océano. Entonces pensaron que ese camino ya había sido cerrado para los hombres como castigo por sus malas costumbres.

   Ante la frustración de esa esperanza, decidieron desandar el camino y retornar tierra adentro, a la selva natal, con la ilusión de encontrar el “Ombligo de la Tierra”, desde donde el Gran Padre Primero habría realizado sus creaciones. Los Paíes, sus guías espirituales, lo ubicaron en el Cerro “Jasukarenda”, de la región guaireña del Paraguay. Desde allí, el Padre Primero, utilizando su Jasuká (mágica vara insignia) habría realizado sus creaciones.

   En la actualidad, diversas parcialidades guaraníes siguen congregándose alrededor del mencionado cerro para realizar sus cantos y danzas rituales, provisto de un apyka’í (pequeño asiento zoomorfo usados por Tupá, Jakaira y Katupyry para trasladarse a visitar a Ñandesy).

   En la actualidad, nosotros nos preguntamos: ¿Será posible que, en algún tiempo, los hombres consigan construir una sociedad confraternal de entendimiento, hermandad y justicia, para dar lugar a la Tierra sin males?”.

Por Girala Yampey

 

 

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