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CULTURA

25 de marzo de 2018

El Jesús de Camozzi, el Jesús de los pobres.

“Con frecuencia se habla de los pobres desde las distancia, sin la mínima experiencia de sus situaciones, sin ni siquiera, a veces, desde una aproximación afectiva o solidaria, se lo convierte en motivos de pura ideología o de apropiación paternalista o de corrección política…Con los pobres, contra la pobreza parece un ajustado lema de realización. Como complementario de este otro: desde la pobreza elegida, contra la pobreza impuesta” (Camozzi, R. “Al encuentro de Jesús de Nazaret”. Editorial El perpetuo socorro. Madrid. Párrafo 19.).

El autor es correntino, nacido en San Luis del Palmar, de amplia y destacada formación académica (licenciado en filosofía en Italia, estudios superiores en sociología en Lovaina y hermenéutica en la Complutense) y como no podía ser de otra manera, no vive en Corrientes, se exilió en Madrid, huyendo de la dictadura, y tal vez el exilio continúe, dado que aún no estarían dadas las condiciones, ni en la curia misma, ni en su comunidad de origen, para que tengamos desde el atril de la Catedral a un Camozzi, que un domingo a la tarde nos aleccione, o en sus palabras, nos invite a la comprensión de un Jesús y su opción por los pobres, tal como inaugura su libro citado, uno de los tantos, en donde el autor ofrece, a corazón abierto, no solo su sapiencia, sino también su sensibilidad y por sobre todo su compromiso social.

“Varias mujeres podrían ser consideradas apóstoles, ya que acompañaron y sirvieron a Jesús, y fueron testigos directos de la cruz y de la resurrección. Porque amaron mucho, se les debe mucho. La comunidad cristiana, la entera Iglesia, tendrá que hacer justicia con las mujeres, porque aun hoy no tienen el reconocimiento de su valía y de su presencia destacada; de  su abnegación, su inteligencia, y su corazón” (Camozzi, R. “Al encuentro de Jesús de Nazaret”. Editorial El perpetuo socorro. Madrid. Párrafo 161)  

Tan contundentes son las palabras de este intelectual correntino, por más que el prefiera la humildad de considerarse un sencillo entusiasta, que siempre resultará más fácil, ponerse en sus antípodas, es decir, desacreditarlo o ningunearlo, tratarlo con indiferencia, no darle artículo (que es la forma más cruel de agravio) por considerarlo un dogmático, un hombre de la Iglesia, englobando a todos los creyentes como a sus hacedores, en lo crímenes perpetrados por alguno de sus hombres y encubiertos por otros. Esta es la clásica posición, cómplice del progresismo, que, conceptualmente refiere que con el oro Vaticano se darían de comer a miles de niños, los que cantan iglesia basura, vos sos la dictadura y que creen que porque no se puede fumar marihuana mientras se escucha misa, la misma carece de propiciar aires de libertad. En sentido contrario, desde adentro de los pensamientos más ultramontanos, que cada tanto influyen en el desandar eclesiástico, la actitud es la misma. Desacreditan por lo bajo, las acciones de algunos de los hombres más lúcidos y destacados, que casualmente son los que toman el mensaje y la obra de Jesús bajo el eje prioritario de su opción por los pobres y que refieren, además el costado más revolucionario, agonal de lo bíblico (Nos recuerda Camozzi, el siguiente pasaje de Isaías “!Ay de los que añaden casa a casa y juntan campos con campos hasta no dejar sitio, y poder habitar ellos el país! Lo ha jurado a mis oídos el Señor del Universo; sus muchas casas amplias y hermosas serán arrasadas, quedarán deshabitadas (Ls 5, 8-9)  como el afamado pasaje de Lucas “Más fácil le será a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios” (Lc 18, 24).

Como lo expresa Camozzi, desde el seno mismo al que consagró su vida, el catolicismo le debe a su comunidad, a su propio orden, tanto la posición de la mujer como la prioridad en su ejercicio pastoral social de retomar o de aplicar la opción por los pobres, nosotros, desde la correntinidad en la que habitamos, le debemos a nuestros exiliados forzados generar los canales, las condiciones, para que en el caso de que deseen, puedan volver.

Tales condiciones no se construyen, únicamente, pagando a término los sueldos, y alumbrando un slogan que nos prometa que Corrientes Somos todos, es una tarea ardua, compleja, cotidiana, que requiere, y esta es la tarea de quiénes están en el poder, que los hombres más destacados, que piensan desde la generalidad, los aspectos  teóricos como conceptuales, y que son perseguidos o sesgados incluso, por no arrodillarse ante figuras de carne y hueso que le exigen una fidelidad, vanidosa, cosificada, puedan dar el aporte que Corrientes, que la correntinidad espera y que el poder deber instrumentar, para que la promesa de que Corriente seamos todos, no quede como un mero acto de Simonía, sino que emule a la Cristiandad como a otros credos que pretenden lo mejor para cada uno de sus hijos.-   

 

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