Cultura

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Todos campeones.

Una de las lógicas más contundentes, como acaso feroces e implacables, que asesta el sistema mismo que se devora a su creador o a quién debiera servir, al ser humano, es la que se desnuda en la necesidad imperiosa de individuación que nos impele, a que nos distingamos siempre por sobre otro u otros. Sí nos ponemos a pensar, o cada uno de nosotros, ha sido o es, campeón en algo, el mejor de acuerdo a una valoración a la que nos hemos predispuesto, para alcanzar esa medalla, esa cucarda, ese reconocimiento, que excede el natural o analítico que precisamos para existir. En lo que podría ser una metástasis de nuestra reafirmación de existencia, en una suerte de sobredosis nociva, nos inventamos competiciones o competencias, para la vanagloria de podios supuestos, en donde, en la perversidad de hacer de cuenta que no nos importa, le enrostramos a los otros que somos los mejores. Todos los ámbitos, deportivos, culturales, sociales y políticos se nutren bajo esta suerte de escalafón que se reproduce hasta el hartazgo en la imperiosa necesidad, de que en algo, nos digan que hemos prevalecido. Pensándolo mejor, el verdadero progreso, o paso adelante, tal vez sea que de a poco, vayamos prescindiendo de esta sensación que en la última de la instancias lo único que propone es que menoscabemos al otro, que lo eclipsemos, para que nuestra tenue luz, en la oscuridad del otro, pueda agigantarse, vana como falazmente nuestro yo, aún más pequeño o empequeñecido.

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Democracia Africanizada.

Tal es el nombre del siguiente título (sexto en ser editado) de Francisco Tomás González Cabañas, que se convertirá en libro mediante el sello Camelot, de Asturias España. La obra, de filosofía política, va cosechando diversas fechas de presentaciones.

Reconocimiento y felicitación desde el Senado de la Nación y la Sade a la obra de Francisco González Cabañas.

El ensayista Correntino, junto a Martín Caparrós (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) y Reynaldo Sietecase (Santa Fe), entre otros, recibió la distinción “Escritores de la Nación”, el pasado día del escritor en la Ciudad de Buenos Aires, testimonio de ello, le adjudicaron un diplomo de honor como la misiva que se acompaña, en donde se destaca y pondera no sólo la obra sino también la trayectoria de González Cabañas, quién pese contar con menos de cuarenta años, pose en su haber más de siete libros publicados, la mayoría de ellos por editoriales europeas, que versan sobre filosofía política y puntualmente, democracia.

La democracia africanizada o de nuestros estados migrantes de lo democrático.

Ninguna de las conflictividades que desde hace décadas enlutan África, y por las que ese occidente tutelador cada tanto muestra su sorpresa en algún medio de comunicación (es decir lo publicita y explicita), como para estar a resguardo de no ser acusado de ser tan culturalmente egocéntrico y dominante, podrían ser explicadas desde otro lugar que no sea el que, humildemente, pretendemos trazar. Reseña de: González Cabañas, Francisco Tomás. La democracia africanizada. (2018) Editorial Camelot. México. 232 pp.

“Estamos transformando al libro en el prostíbulo donde se cosifica y mercantiliza al pensamiento”.

En la presentación de su obra “Interdicciones políticas, filosóficas y psicoanalíticas”, Francisco Tomás González Cabañas, presentado por Carlos Coria García, gráfico con poética precisión por donde pasa la compulsa cultural del momento en occidente: “Mediante el número, venimos totemizando, sacralizando los ámbitos conceptuales donde agoniza lo que va quedando de nuestra humanidad, creemos en la democracia porque nos dicen que uno tuvo más votos que otros, creemos en los libros por la cantidad de páginas que tienen, por la cantidad de títulos mediante notas numéricas, que obtuvieron los que los escribieron, o por la cantidad de público que asisten a las presentaciones de los mismos, en la retahíla de estas multiplicaciones pornográficas de me gusta, de aceptaciones, del compartir, en donde todo se lee bajo el resultante aritmético, prostituimos nuestra posibilidad de pensar, de expresar lo que sentimos, censurando nuestras perspectivas, poniéndonos bajo el número-amo, que nos enajena, que nos convierte en meros receptáculos de las emanaciones de lo que le sobra al mercado, somos las prostitutas acodadas en las barras de las whiskerías, esperando vender nuestra dignidad, por los mendrugos en los que terminamos de cosificar la experiencia de lo que seriadamente, nos convencen que es la vida, una cifra, antes que una emoción, que un concepto, que una frase, que una imagen, que una palabra”.

Llevan al diván a la democracia.

En el marco de la primera feria municipal del libro, en la Ciudad de Esquina, Corrientes, la obra “Interdicciones filosóficas, políticas y psicoanalíticas” del autor Francisco Tomás González Cabañas, prologada por la reconocida Psicóloga y Magister en Ciencias Políticas, Nora Merlin, tendrá su estreno en una suerte de performance o stand up, en donde la política actual, el poder de siempre, y las coyunturas de todos los momentos, son diseccionadas por las perspectivas teóricas del procaz como sesudo González Cabañas, convirtiendo las categorías en instrumentos como posibilidades para tener una comunidad más ecuánime o más justamente organizada.

La tiranía del número o el síntoma de nuestro vacilar.

A diferencia del concepto, la cifra es indiscutible, inescrutable, inexpugnable, inapelable, incuestionable y podríamos arriesgar, inhumana. En verdad es producto de lo humano, una suerte de reverberación, de herramienta o instrumental, que terminó, o termina, obliterando, ocluyendo nuestras posibilidades más acabadas de entendimiento y por ende de traducibilidad (en la paradoja de haber sido alumbrado para lo contrario). Es decir, sabemos el precio de las cosas, más no así su valor, nos desesperamos por los índices macro como micro económicos, o por los indicadores numéricos que reflejarían nuestra salubridad o de que enfermedad estamos escapando, pero no cómo nos sentimos o que nos podría hacer más feliz.

¿Ferias del libro u hogueras de vanidades?

“El sociólogo y profesor del colegio de Francia, Pierre Bourdieu, plantea que la problemática de la búsqueda del óptimo beneficio inmediato pone en juicio la producción de las obras culturales .Es una lucha entre el dominio del poder comercial, dice Bourdieu, contra el mundo del arte. A continuación desarrollaremos como esta supremacía del poder comercial atenta contra el arte universal.

La democracia africanizada, nuevo ensayo de filosofía política de González Cabañas.

La séptima obra (El macabro fundamento, El hijo del pecado, El Voto Compensatorio, La democracia incierta, El acabose democrático e Interdicciones filosóficas, políticas y psicoanalíticas) del autor oriundo de Corrientes, Francisco Tomás González Cabañas, acaba de ser editada por el sello Español “Camelot” que inaugura seccional Latinoamericana, desde la empresa, el coordinador general de la misma Manuel Pérez Pétit, estará en Argentina, para la presentación del libro del autor de marras para finales de julio.

Ensayo de filosofía política se presenta en la feria del libro Oberá.

La concelebrada obra de Francisco Tomás González Cabañas, quién presentó años atrás en Madrid, junto al embajador Ramón Puerta, su anterior libro “La democracia incierta” para lo cual asistieron académicos de la Complutense de Madrid, de la Escuela de Altos Estudios de París y de la Universidad de Lovaina, estará este miércoles 4 de julio a las 18.00 horas en el predio ferial de Oberá, en el marco de la feria del libro, quedando luego de la misma a disposición de los lectores como de los comunicadores que deseen tomar contacto con su obra, como con sus palabras y pensamientos que resuenan tanto en Argentina como en diversas comarcas occidentales.

El Senado de la Nación y la Sade distinguirán a ensayista correntino.

Francisco Tomás González Cabañas, será distinguido el próximo lunes 18 de junio, a las 17 horas en el Salón Arturo Illia del Palacio Legislativo sito en Irigoyen 1849. 1º piso de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La Prosecrataria de Coordinación operativa del Senado de la Nación, juntamente con la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) distinguirán con el diploma de honor al ensayista Correntino en el marco de “Escritores de la Nación”.

Quemando libros.

Hace no mucho, el finado Walter Olvano, me había contado que producto de su poemario, en honor a Paul Celan (presentación a la que no habían asistido ni diez, lo que es usual en el mercado de las afamadas ferias), tuvo un entredicho con un librero local, merced a que se le hubo de ocurrir y más luego, verbalizar, que los autores correntinos debían tener un apartado especial, en esa, como en todas las librerías, a los efectos de promocionar o destacar a los escritores correntinos. Me reí, le dije que estaba más cerca de propiciar, una quema de libros, como una suerte de protesta contracultural, para demostrar que en verdad muy pocos, o casi nadie lee, y que quemando libros, sería la forma más contundente de señalar la gravedad de la situación que nos toca atravesar. Imagínate, lo insté, a fogonazos, los propios escritores quemando nuestros libros, para denunciar la indiferencia hacia el objeto libro y el mal uso del significante cultura. Walter se asustó, abrió grande sus ojos, le dije que lo compartiera con ese grupo de lectores de Borges, en los que asistían, otros que también se dedicaban a escribir, después de sus obligaciones profesionales, para inflamar la vanidad o por lo que fuere, pero escribían, cada tanto, al fin. Se me vino a la mente el brujo, Oscar Portela, quién llevaba con estoica dignidad su condición de escritor, mendigando anti depresivos a los que se decían sus amigos, pero nunca cercenándose libertad por unos mangos. Aún no había ingresado a la tierra sin mal Girala, pero sin embargo, los oportunistas de turno, lo habían usado para supuestos homenajes, regalándole trofeos de cartón para gacetillarlo en días del libro, del escritor, del intelectual, para seguir aquilatando, litros de tinta que volcarían luego, en el conversor de esos vanos bienes (las devenidas de aquellas hogueras de vanidades del monje Savonarola), en un buen lugar en listas electorales, para seguir manejando la cosa pública, y olvidar, seguir en tal olvido proverbial, al libro, a sus hacedores y a la cultura que de esto se desprende.