ECOLOGIA  12 de febrero de 2018

La llegada de los parásitos.

Cuando en lo alto, el cielo era aún innominado y abajo tampoco la tierra tenía nombre, las aguas se confundían en un todo... Enuma Elish, poema de la creación de Mesopotamia.

¿Qué había cuando aún no existía cosa alguna, cuando no había nada? Se pregunta Jean-Pierre Vernant y esboza una respuesta: en el comienzo, lo que existía en primer término era la Abertura, los griegos la llamaban Caos. ¿Qué es la Abertura? Es un vacio, un vacio negro en el que nada se puede distinguir. Espacio de caída, de vértigo y desconcierto, sin límites, insondable. Abarcador como una inmensa boca que todo lo engulle en una misma noche indistinta. Pues bien, en el principio no hay sino esta Abertura, este abismo ciego, nocturno, ilimitado.

En ese previo estado de Abertura nos hallamos en desconcierto total que suma décadas en su haber, llegamos a un punto donde todo el por-venir se hace incierto, lo hacen incierto, nadie se atreve a dar certezas de nada sobre alguna cosa que vaya a suceder, menos aún, si la botonera está en manos caídos del catre con los dedos en V, como si fuera que la historia nos crea los limites hasta donde podemos llegar, sin poder aspirar a algo serio, con miras al futuro, pero siempre caemos al abismo.

Pero todo este abismo fenomenal como hace rato no se apreciaba puede transformarse en un inmenso árbol que dé frutos tanto dulces (para los parásitos) como amargos (para el ciudadano) en consonancia con el tipo de abono que demos a sus raíces, Manfred Ridel, teórico de la corriente llamada nouvelle droite pensaba que la metapolítica exige una analítica de los conceptos en el sentido de una reflexión hermenéutica y analítica de las actuales opiniones políticas preconcebidas, que es la que ha de abrir el acceso a una política sin dogmas falsos como “la justicia social” o la prostitución de la palabra “pueblo”.

En todo abismo o Abertura existen, aunque pareciera contradictorio, una disputa descarnada por rehacerse en su forma, en su objetivo y en sus fines, a esa disputa acuden tanto el concepto como construcción semántica y teórica de la nueva arquitectura en movimiento, los intereses más simples y puros tributan al dinero y al poder, en ese sinsentido, todo nuevo sentido que se quiera dar a partir del abismo, que se presenta y nos obliga a erigir el plano nuevamente es el momento en que los parásitos, que permanecían en la oscuridad incubando, tomaran forma y saldrán a la luz para alimentarse hasta el empacho ya que juntos pueden más, es el modus operandi de la resaca peronista aldeana, que hallaron en la ubre estatal su alimento vital, han sido superados en poder-pensar, poder-iniciar, poder-ideas, pero el azar, que no sabe diferenciar el bien del mal, jugo a favor y les toco en suerte succionar cuatro años para el disfrute personal del esfuerzo de otros. Esquina llego al punto de encrucijada: o es desbastada por los parásitos o se toma una buena cantidad de Ivermectina y sobrevive. 

A los que de noche se cargaron a la espalda la mochila y la historia, a los que tomaron con las manos el relámpago y el trueno, a los que se calzaron las botas sin futuro, a los que se cubrieron el rostro y el nombre, a los que, sin esperar nada a cambio, en la larga noche dejaron todo, para que otros lleguen en 4x4 empilchados y perfumados, rodeados de adláteres a tomarse la foto, en una mañana por venir aún, puedan ver el día perfecto y único, Para ellos, los sin nombre, ni biografías ni museos. Para ellos nuestra memoria y rebeldía. Para aquellos, que llegaron de ojete como una categoría del azar, sin perspectivas, ideas, de futuro, de nada, que se aprovechan de todos aquellos que al menos hacen algo que perdure en el tiempo y para otros, la lucha es para que se retiren por donde llegaron, por la ventana.

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