26 de octubre de 2026
Brasil: La fiesta democrática.
En un palco de 112 mil metros cuadrados -la simbólica avenida Paulista-, el protagonismo estuvo en la presencia del pueblo…
Fue el sábado 24 de octubre, la jornada previa a un domingo de elecciones en Brasil que, para beneficio de la historia, quedará en la memoria eterna de los brasileños. Por Julio Gerez.
Luiz Inâcio “Lula” Da Silva es el trofeo humanizado de una mayoría de brasileros que militaron sus derechos y la vigencia de las garantías que sustentan los mismos.
Es cierto, la grieta permanece. También era de esperar que Flavio Bolsonaro apelara a una teoría conspirativa para no reconocer sus propias limitaciones. Pero, la realidad, esa única e irremplazable verdad dejó marcado a fuego que una elección no se pierde en las encuestas. Manda indefectiblemente, el conteo de los votos una vez cerrado el escrutinio.
DETALLES NO TAN PEQUEÑOS
Movilización autónoma, hecha realidad en todas las capitales de los estados brasileros, donde el pueblo ganó las calles con “paseatas” en respaldo a “Lula” sin que existiera convocatoria oficial partidaria o proselitista del comando de campaña.
La convicción de ir a buscar “ausentes” e “indecisos”. En esa estrategia, la articulación fue cara a cara y boca a boca. Desde el 4 de octubre a la noche -domingo de la primera vuelta- el pueblo impulsó su desafío, dar vuelta el resultado de ese “primer acto”. Y, lo más trascendente, lo hizo por sí mismo asumiendo ser el motor de la campaña.
Aceptar la necesidad del cambio de método. El comando de campaña de Lula mudó su estrategia comunicacional y se adaptó al uso intensivo de la tecnología y las redes sociales. En tiempo récord aprendió no solo a usar, también a ganarle a la derecha en el ámbito que fue -hasta ayer- su arma más letal: la comunicación digital.
Para quienes piensan que la definición tuvo un resultado exiguo, hay que recordarles que son 4,4 millones de votos los que marcaron la diferencia entre Lula y Bolsonaro. En la “primera vuelta” el presidente reelecto había perdido por 2,2 millones de votos.
Primera vuelta: Lula 53.879.538 / Bolsonaro 56.104.503
(Total de electores que votaron 125.275.835 - 78,92 %)
Segunda vuelta: Lula 64.256.232 / Bolsonaro 59.826.041
(Total de electores que votaron 128.236.074 - 80,78 %)
RECALCULANDO
Lo dijimos en nuestro análisis del resultado de la “primera vuelta”:
“EL LIDERAZGO EN DUDA
¿Se puede teorizar sobre la obsolescencia del bolsonarismo y el lulismo? Todavía no. Pero hay señales muy concretas. Y por eso el peso de Tarcísio de Freitas dejó de ser un interrogante.
El reelecto gobernador de São Paulo no responde al liderazgo del clan Bolsonaro. Tiene perfil, votos y territorios propios.
Aunque el PL de la familia Bolsonaro sea la primera minoría tanto en el Congreso como en el Senado, las bancas de Republicanos son imprescindibles para definir la aprobación o el bloqueo de cualquier proyecto de Flávio Bolsonaro.
¿Más claro? Republicanos no está dispuesto a alinearse con el mesianismo y los extremos que caracterizan al bolsonarismo. Y esto ratifica la pregunta: ¿Ganó Bolsonaro? ¿O es la centroderecha brasileña la que comenzó a construir un nuevo horizonte político?
Y una confirmación: la centroderecha brasileña no es sinónimo de bolsonarismo.
Tarcísio puede ser opositor al PT, conservador en determinados aspectos, favorable al mercado y cercano a sectores que alguna vez acompañaron a Bolsonaro, sin ser Bolsonaro. Su capacidad de negociación y de construcción de mayorías puede permitirle administrar, dialogar y articular con sectores diferentes, hasta convertirse en una alternativa más amplia que el núcleo duro bolsonarista.
Mientras Flávio Bolsonaro siga tironeando de la cuerda y, en contraposición, Republicanos privilegie sus esfuerzos orientados a la gestión, las diferencias se acentuarán.
Queda expuesta la conclusión de que Tarcísio de Freitas es una referencia electoral independiente y de que Bolsonaro puede conservar poder parlamentario mientras pierde progresivamente el monopolio del liderazgo de la centroderecha brasileña.
Entonces, el resultado de esta elección podría no estar diciendo solamente quién ganó el domingo 4 de octubre.
Podría estar empezando a responder quién conducirá la derecha brasileña después de Bolsonaro.”
EL TALISMÁN
Minas Gerais es el laboratorio donde la alquimia electoral es previsible. Ayer, volvió a cumplirse: quién gana en Minas, es electo presidente.
En la primera vuelta Flavio Bolsonaro obtuvo 48,24 % (5.777.548 votos) y ayer logró 49,57 % (6.241.786 votos).
En tanto que “Lula” Da Silva consiguió el 4 de octubre 43,33 % (5.188.936 votos) y ayer en el mata–mata logró 50,43 % (6.351.099 votos).
ES HISTORIA
Lo dicho, en la memoria del pueblo brasileño, el 25 de octubre de 2026 será un hito. Motivos hubo que justificaron una “virada” (dada vuelta) de lo ocurrido en la primera vuelta del 4 de octubre.
Lo que ocurra políticamente desde hoy hacia el futuro, en relación al “desconocimiento” del resultado por parte de Bolsonaro y lo que comience a mudar en las relaciones entre el centro derecha -excluyendo el bolsonarismo- y el presidente reelecto Lula Da Silva, tendrá nuevos posicionamientos y reacomodamientos.
En este último escenario, el desafío es pacificar y construir. El pueblo brasileño espera ese gesto concreto de sus líderes.
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