Sábado 24 de Octubre de 2026

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24 de octubre de 2026

Curupí.

La leyenda guaraní cuenta que es un ser adentrado en el monte, con los pies hacia atrás lo que le permite avanzar con los talones (táctica que sería tomada por el legendario Isidro Velázquez para huir de la policía tras sus golpes y secuestros a ganaderos) y con un pene o falo, enrollado en su cintura, que usa para embarazar a las mujeres que encuentra a su paso.

El mito, de acuerdo a las categorías jesuíticas que fueron los primeros en traducirlo a nuestras conceptualizaciones, tendría que ver con los hijos de pasiones de momento, sin huella, o sin compromiso, que seguramente existirían por doquier (y sin lo que sería luego el condicionamiento del sacramento religioso del casamiento) en aquel entonces y que debía ser explicado en forma diáfana ante la comunidad.

Podemos inferir, que de acuerdo a esta manera de entender la existencia, lo que está a mano, próximo, bajo cierto control, será entendido luego, o impuesto, so pretexto de contrato social, como lo privado, lo que es de cada uno, a diferencia de ese afuera, indómito, incierto y dónde rige la ley de los otros, sean seres mitológicos, o un estado que de acuerdo a cómo se organice, impondrá el dominio de lo público.

Sí para obtener mi sustento diario, tengo que prestar servicio a ese Leviatán (monstruo mitológico presente en la Biblia y usado por Hobbes cómo metáfora del estado) dando clases, enseñando, en una escuela o sitio, en dónde debiera regir la ley de lo público (y con ello las garantías), pero por la conformación fallida, ilusorio o "mondá" del mismo circuito que dice ser lo que no es y promete lo incumplible, no es extraño que nos podamos topar con un espacio privado, un coto de caza, dónde terminemos en el curupí o bajo sus dominios.

Desaparecer, no dejar rastro, eliminar la huella en sentido literal e incluso metafórico de no hacerse cargo o deslindar responsabilidad, es una de las tentaciones más demoníacas y perversas, que como todas las mismas, genera tanta atracción en los perpetradores de acciones que creen sentirse libres de explicar lo que hicieron y sus razones o sinrazones para tales actos, que incluso pueden dañar a otros o terceros.

Los que escribimos, y explicamos, estamos siempre del otro lado, no de la ley, ni de la moral, sino enfrente de los que hacen desaparecer y pretenden borrar las huellas de lo realizado.

El curupí originario, observado por los jesuitas, pasó a ser la imagen metafórica que desplaza al leviatán de Hobbes, es el duende viril que no deja rastros, que ejerce poder y control con su falo, es lo público y lo privado, dios y el diablo, el pasado y el futuro mezclados, en un presente macabro, que cada tanto se lleva un niño, una maestra y con ello las esperanzas de un pueblo despojado.

Por Francisco Tomás González Cabañas.

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