17 de octubre de 2026
El quórum de la vergüenza y la brújula pérdida de Diógenes González
Hay silencios que aturden y ausencias que traicionan. El pasado jueves, la Cámara de Diputados de la Nación ofreció un espectáculo lamentable, pero para los correntinos la herida fue más profunda. Ver las bancas vacías de quienes debían estar allí sentados defendiendo al pueblo no fue una "estrategia legislativa"; fue una claudicación en toda regla. Y en el centro de ese vacío, un nombre resuena con la fuerza de la contradicción: Diógenes González. Por Julio Gerez.
Resulta llamativo —por no decir cínico— escuchar a periodistas condescendientes ensayar preguntas amables para justificar lo injustificable. En este espacio no compramos el libreto de la "gobernabilidad" ni la teoría de que "no hay que poner palos en la rueda". El trabajo de un diputado, señor González, es legislar, controlar al Poder Ejecutivo y, por sobre todas las cosas, honrar el mandato de quienes lo votaron. Para eso fue electo, no para ser el custodio de la impunidad de un Gobierno central que ahoga a las provincias.
Escondido detrás de frases hechas, González prefirió garantizarle la continuidad al DNU 70/2023 antes que bajar al recinto a dar la cara por los sectores más frágiles de nuestra sociedad. Con su ausencia, le dio la espalda a la Emergencia en Discapacidad, dejando desamparadas a miles de familias correntinas que pelean día a día contra el abandono. También le dio la espalda a los endeudados que esperaban un alivio legislativo.
Pero el nivel de pirueta ideológica y cinismo político alcanzó su punto máximo con la Ley de Tierras. El radicalismo correntino ha construido su discurso moderno bajo un dogma inquebrantable: "Nuestro límite es el kirchnerismo". Sin embargo, las convicciones parecen terminar donde empiezan las urgencias de la Casa Rosada. En una maniobra de un transformismo pocas veces visto, fue el propio Diógenes González quien ofició de entregador de banderas, proponiendo incorporar artículos para restituir la mismísima Ley de Tierras que el kirchnerismo alumbró en 2011. Sí, leyó bien: para evitar que la oposición junte el quórum y voltee el DNU de Milei, el oficialismo provincial no dudó en "retroceder en chancletas" y salir a abrazar el manual de Cristina Kirchner con tal de salvar el tablero del ajuste general.
Quizás lo más doloroso, lo que demuestra un verdadero "derrape" institucional, es su postura frente a las universidades públicas. Diógenes González es abogado. Proviene de la universidad pública. Su propia historia personal es el reflejo de esa movilidad social ascendente que solo la educación gratuita y de calidad puede garantizar, financiada con el esfuerzo y los impuestos de millones de argentinos que quizás nunca pisen una facultad. El radicalismo, que históricamente llevó la Reforma Universitaria de 1918 y las banderas de la Franja Morada como estandarte de sus bases, hoy asiste al triste espectáculo de ver a uno de sus dirigentes mirar para otro lado mientras se asfixia el semillero de su propio partido.
¿Dónde quedó la defensa de la división de poderes? ¿Cómo explica un hombre de leyes que un presidentelegisle por decreto un centenar de normas, pasando por encima del Congreso, mientras él tiene que plagiar leyes del pasado para armar un escudo político de ocasión?
La realidad que los micrófonos oficiales intentan disimular con timidez se grita en la calle. Un sector del periodismo no va a ser cómplice del silencio. El costo político de priorizar los acuerdos de cúpula por encima de las garantías constitucionales y del sufrimiento de la gente se paga en las urnas y en la memoria colectiva. A Diógenes González se le perdió la brújula y prefirió la comodidad del pacto antes que el peso del deber. El pueblo correntino toma nota.
COMPARTIR:
Comentarios
Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno.
Seguinos
3794399959