15 de octubre de 2026
Guerra híbrida y el botín sudamericano: El manual de operaciones transnacional que vacía nuestras democracias.
I. El Repliegue Atlántico y la Falsa Promesa Energética. No hay que buscar conspiraciones ocultas para entender el giro geopolítico global; basta con observar las docenas de hechos oficiales y de conocimiento público que demuestran el quiebre definitivo de la alianza entre la vieja y ex querida Europa y los Estados Unidos de Donald "el conquistador" Trump. Los roces institucionales, económicos y geopolíticos de potencias como Alemania, Inglaterra, Francia, Italia y España con la administración trumpista ya no pertenecen al ámbito de los secretos diplomáticos. Son antecedentes formales, explícitos, plasmados en tensiones arancelarias, reproches en las cumbres de la OTAN y un distanciamiento estructural irreversible. Por Julio Gerez.
Detrás de este divorcio público existe una sentencia dictada por los estrategas de Washington: a los intereses norteamericanos ya no les interesa tener a Europa como socio universal privilegiado. Para la mirada pragmática del trumpismo, el viejo continente se ha transformado en un territorio en decadencia, justificado por una triple crisis: económica-social, energética y de gobernabilidad. Los profundos conflictos internos entre los gobiernos europeos y sus gobernados —asfixiados por la pérdida de competitividad global— hacen que el tablero europeo sea más una carga operativa que un activo estratégico. En paralelo, opera un factor de supervivencia política del otro lado del Atlántico: para no ser devorados por sus propios electorados, los gobernantes europeos enfrentan la necesidad imperiosa de no aparecer ante sus pueblos como vasallos dóciles de los caprichos del trumpismo. Europa, fragmentada y debilitada, fue descartada del mapa de prioridades de la Casa Blanca.
No es una casualidad que Estados Unidos haya financiado desde un principio —en un bloque inicial junto a los países de la OTAN— la guerra entre Rusia y Ucrania. Sin embargo, la realidad económica siempre termina siendo impiadosa. La profunda crisis energética que azota al gigante norteamericano comenzó a socavar sus propias variables internas. Ante la urgencia de contener el descontento social y estabilizar los precios en los umbrales de las cruciales elecciones midterm, la administración de Trump no dudó en cambiar el tablero de juego: operó un pragmático pedido de auxilio hacia Moscú y señaló con el índice acusador a una ya canibalizada Ucrania, abandonándola a su suerte tras haberla utilizado como peón geopolítico.
En el medio de esta brutal estrategia de pura conveniencia económica quedaron atrapados los países europeos. La factura que debieron pagar por su subordinación inicial fue devastadora: perdieron definitivamente el acceso directo al gas y los combustibles rusos baratos, viéndose obligados a comprar energía norteamericana a precios de usura y a reactivar contrarreloj lo que la agenda verde ya había desconectado: sus viejas centrales nucleares. Este retroceso forzado provocó un quiebre definitivo en la paciencia de la ciudadanía europea, disparando una reflexión colectiva inevitable: "¿Nos están tomando el pelo?". La promesa de una transición hacia una energía limpia, soberana y barata se evaporó en meses. Europa descubrió, de la peor manera, que volvía a ser rehén del petróleo y el gas ajeno, mientras convivía nuevamente con el peligro de la energía nuclear que sus gobiernos habían prometido erradicar por completo.
II. El Incendio de Medio Oriente, el Avance de Beijing y el Giro hacia el Botín Latinoamericano
Mientras Europa no encuentra un piso firme en su caída libre —agudizando cada día más su dependencia estructural de Washington—, las otras piezas del ajedrez mundial terminan de acorralar al proyecto trumpista. Medio Oriente sigue incendiándose en un conflicto bélico crónico de escala regional que consume miles de millones de dólares, dejando en claro que ya no es una zona de control rentable ni pacificada. En paralelo, China sigue creciendo con su inquebrantable estrategia de "tiempos y objetivos", expandiendo su hegemonía económica a un ritmo tan implacable que ha condenado al histórico gigante industrial de Japón a una crisis sistémica que da pavor en los mercados asiáticos. China no recurre a los golpes y retrocesos desesperados de Occidente; juega al largo plazo.
Ante este panorama de repliegue en Europa y jaque en Asia, las instituciones del viejo orden internacional —la ONU, la Corte Internacional de Justicia y otros organismos multilaterales— han dejado de ser útiles para el poder hegemónico. Al contrario, hoy son abiertamente criticadas, atacadas y deslegitimadas por el tándem compuesto por los Estados Unidos e Israel. El andamiaje legal del siglo XX se disuelve mientras cientos de naciones quedan reducidas a meras espectadoras de una estrategia global que no las tiene en cuenta.
¿Qué cartas le quedan jugar entonces a la administración norteamericana y a los dueños de la tecnología occidental? La respuesta es tan pragmática como brutal: la solución más eficiente, barata y real para sostener su supremacía está al alcance de la mano de Donald Trump y sus socios en lo que siempre consideraron su patio trasero: los países ricos en recursos estratégicos de Latinoamérica. Sudamérica, vista hoy como el paraíso de los bienes comunes de la Tierra, está siendo colonizada por una derecha conquistadora bajo las órdenes y los intereses personales del magnate de Washington.
III. La Infantería Invisible: Masividad, Inmediación y el Algoritmo como Arma de Demolición
Para que el proyecto de Donald Trump y los magnates corporativos occidentales pudiera avanzar sobre el botín latinoamericano sin disparar un solo fusil transnacional, se requería una nueva infantería. Una fuerza invisible capaz de operar por debajo del radar de las soberanías nacionales y demoler las democracias desde adentro. El éxito objetivo de esta estrategia polarizadora e incentivadora del odio de la nueva derecha radica en dos condiciones sistémicas que transformaron el ecosistema de la comunicación: la masividad y la inmediatez.
Este despliegue no se realiza a través de los viejos cuarteles, sino por vía de la telefonía celular portable. El smartphone se convirtió en el Caballo de Troya perfecto: un dispositivo que el ciudadano lleva en el bolsillo las veinticuatro horas del día y al que le entrega voluntariamente su intimidad. Existe un dato de origen que la geopolítica no puede obviar: todas las corporaciones tecnológicas que imperan en el "lado occidental" del planeta tienen su matriz y su nacimiento en los Estados Unidos. Sus creadores son los dueños y señores de las modas, constructores directos de las angustias colectivas y guardianes de los mínimos secretos de cada uno de los ciudadanos que actúan en esas plataformas.
La entrega de datos es tan ingenua que la población no percibe el valor real y la influencia destructiva de los algoritmos que digieren sus vidas. ¿Acaso sabe el usuario común que desde esos mismos algoritmos se puede "apagar" de golpe una tendencia masiva incómoda para el poder y POTENCIAR de manera artificial la tendencia contraria? No hay azar en el flujo de información. A través de las redes sociales, controladas por corporaciones socias del modelo Trump, la infantería invisible inyecta dosis milimétricas de microsegmentación psicológica. La inmediatez anula el pensamiento crítico; la masividad asegura que el virus de la polarización extrema y el odio se propague en tiempo real. El caos digital debilita las estructuras del Estado. Una ciudadanía fragmentada y enfurecida, atrapada en la lógica de una guerra virtual cotidiana en sus pantallas, es incapaz de advertir que mientras destruye sus propias instituciones, las corporaciones avanzan sobre sus recursos naturales.
IV. El Brazo Ejecutor: Operadores Transnacionales y las Pruebas del Caos en el Territorio
La maquinaria de guerra híbrida del proyecto Trump no opera en el aire; requiere ingenieros en el territorio capaces de montar la infraestructura del engaño. La detención en Bolivia del consultor argentino Fernando Cerimedo destapó formalmente un entramado delictivo transnacional que conecta de manera directa a las nuevas derechas del continente. El hallazgo físico de granjas de bots operativas en suelo boliviano, junto al secuestro de activos en criptomonedas vinculados a redes financieras que movieron más de 130 millones de dólares, expuso las pruebas materiales de un "manual de demolición institucional" cuyas huellas y cuestionamientos oficiales están fehacientemente documentados a lo largo de toda la región:
• Brasil: Identificado como el último bastión contra la derecha cipayizada, el gigante sudamericano ha sido el escenario de la intervención más peligrosa. El Supremo Tribunal Federal (STF), bajo la instrucción del juez Alexandre de Moraes, imputó formalmente a Cerimedocomo miembro central de una "organización criminal y milicia digital". La justicia probó su rol en la propagación de matrices apócrifas de desinformación electoral diseñadas para deslegitimar el triunfo de Lula da Silva en 2022, actuando como el detonante ideológico que instigó el posterior intento de golpe de Estado y el asalto a los tres poderes en Brasilia.
• Argentina: Actuó como el cerebro y jefe de la campaña digital que llevó al poder a La Libertad Avanza en 2023. A través de usinas de desinformación masiva y portales especializados en la difamación y fake news, se ensayó con éxito el modelo de pulverización del debate público, la inoculación del odio y la destrucción de la confianza en los pilares institucionales del Estado.
• Chile: El Congreso chileno constituyó una comisión parlamentaria investigadora con el fin de auditar la red de empresas y cuentas digitales del entorno de Cerimedo(como Numen y Rebaño Consultores). La justicia investiga la inyección de campañas de desinformación masiva destinadas a manipular los plebiscitos constitucionales y a apuntalar digitalmente el armado de la extrema derecha local.
• Bolivia, Perú, Colombia y Ecuador: En el altiplano, el operador logró infiltrarse de forma directa en las estructuras estatales mediante su rol como asesor principal en el entorno del presidente Rodrigo Paz, montando esquemas de impunidad y legitimación de ganancias ilícitas antes de su caída. Simultáneamente, la triangulación de estas milicias digitales dejó rastros documentados de intervenciones directas sobre los procesos electorales de Keiko Fujimori en Perú, y en campañas clave de Colombia y Ecuador, demostrando que la inestabilidad política y el quiebre social sudamericano responden a un diseño unificado y coordinado desde el exterior.
V. La Guerra por la Independencia Financiera: El Caso PIX y la Furia de los Monopolios
La doctrina del botín no se limita a la extracción física de materias primas; se extiende con igual violencia sobre la infraestructura digital y el control de los flujos monetarios. El ejemplo más nítido, fáctico y exento de cualquier romanticismo es la guerra desatada por la administración de Donald Trump contra el sistema PIX, la plataforma estatal de pagos instantáneos diseñada y operada por el Banco Central de Brasil. Lanzado en 2020, PIX provocó una auténtica revolución de soberanía financiera: con más de 170 millones de usuarios activos (el 80% de la población), permitió transferencias inmediatas y gratuitas desde el teléfono celular, logrando una inclusión bancaria sin precedentes.
Sin embargo, esta exitosa política pública encendió las alarmas de los verdaderos dueños del poder financiero occidental. Al procesar más de la mitad del volumen de transacciones cotidianas del gigante sudamericano de manera gratuita, PIX amputó el multimillonario negocio de peajes y comisiones de los monopolios estadounidenses Visa y Mastercard. Las tarjetas tradicionales, que cobraban a los comercios tasas asfixiantes de hasta el 2,2%, se vieron marginadas por una infraestructura pública neutral. La respuesta de la Casa Blanca, impulsada por el lobby explícito de estas corporaciones a través del Consejo de la Industria de Tecnologías de la Información (ITI) en Washington, fue fulminante: bajo la aplicación de la unilateral Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, la administración Trump catalogó a PIX como una "práctica comercial desleal" e impuso brutales aranceles a las exportaciones industriales brasileñas para forzar el desmantelamiento de la plataforma.
Este ataque directo expone el corazón de la tesis: cuando un Estado sudamericano utiliza la tecnología para independizar sus transacciones de las redes norteamericanas, el imperio reacciona con extorsión económica. Es en este pliegue donde se devela la función de la "dirigencia comprada". Mientras líderes populares como Lula da Silva defienden el sistema bajo la premisa de que "PIX es de Brasil y nadie nos va a hacer cambiarlo", los sectores de la derecha continental cipayizada operan en sintonía con Washington, validando el discurso de las corporaciones y mostrándose dispuestos a rifar la autonomía digital de sus pueblos con tal de alinearse incondicionalmente a los dictados de los monopolios globales.
VI. El Entramado de la Sumisión: Milei, Ministros, Gobernadores y la Red del Saqueo Institucional
El método de Fluxo o de ocupación del proyecto transnacional no opera en el vacío; se ejecuta mediante una red de complicidades políticas con nombres y apellidos en todos los niveles del Estado argentino. La asfixiante crisis de endeudamiento y la entrega del patrimonio no son accidentes de gestión, sino el resultado de un diseño normativo e institucional donde el propio presidente Javier Milei actúa como la punta de lanza local del trumpismo. Este esquema de sumisión se despliega a través de su gabinete y se consolida gracias a la dócil convalidación de un sector clave de la dirigencia política que ha decidido rifar la soberanía nacional a cambio de cuotas de supervivencia de poder de corto plazo.
En la primera línea de ejecución se encuentra el ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo, y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili. Como demostró el informe oficial de la Auditoría General de la Nación (AGN), este tándem operó con una opacidad escandalosa al enviar las reservas de oro al exterior bajo el pretexto de coberturas financieras, una maniobra que le costó al país más de 1.023 millones de dólares en pérdidas. A la par, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, actúa como el arquitecto intelectual del desguace normativo, garantizando mediante el andamiaje del DNU 70/2023 y la Ley Bases la desprotección absoluta de los ciudadanos frente a los intereses corporativos y habilitando el remate a precio vil de empresas e infraestructuras estratégicas de la Nación.
Sin embargo, este saqueo institucional no sería posible sin la complicidad activa en el Congreso y en las provincias, donde partidos con esencia ideológica e historia propia como la Unión Cívica Radical (UCR) han dejado expuesta su miopía histórica. Este quiebre se refleja nítidamente en las actitudes de gobernadores como Maximiliano Pullaro(Santa Fe), Alfredo Cornejo (Mendoza) y los Valdés (Gustavo y Juan Pablo) en Corrientes. Movidos por la inclinación de mantener un poder relativo omnímodo en sus territorios a cualquier costo, estos mandatarios ejecutan un doble discurso perverso: declaman en sus provincias una supuesta independencia y defensa de las economías regionales, mientras en la práctica ordenan a sus legisladores actuar en el Congreso respaldando los movimientos de un vasallo declarado como Javier Milei. Con su voto y su silencio, convalidan el alineamiento a los intereses de Estados Unidos, Israel y las grandes corporaciones multinacionales, muchas de ellas con nexos visibles con los zares de la tecnología yankee.
Ministros políticos como Guillermo Francos (ex Jefe de Gabinete) y Patricia Bullrich (ex Seguridad) hoy en roles diferentes pero con la misma actitud entreguista, han operado como los articuladores del alineamiento incondicional con la agenda de seguridad e inteligencia de Washington. En el Poder Legislativo, figuras como el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, garantizan que el Congreso actúe como una escribanía del poder concentrado. Al convalidar el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y la entrega de recursos críticos como el litio, los minerales raros y las cuencas energéticas bajo condiciones fiscales coloniales, esta dirigencia libertaria, radical y sus aliados exponen la verdadera naturaleza de la sumisión al modelo Trump. Han aceptado el rol de meros administradores de un territorio entregado, convirtiéndose, ante los ojos de la historia, en los beneficiarios políticos directos del debilitamiento soberano de la República Argentina.
VII. Precarización Institucional y Retornos: El Fin del Relato de la Transparencia
¿Qué ciudadano argentino no se plantea profundas dudas morales, legales y políticas cuando el ajuste draconiano sobre los jubilados, las universidades nacionales, las personas con discapacidad y las familias —torturadas por tarifas impagables de gas, luz y transporte— convive con un festival de impunidad en los despachos oficiales? El manual de sometimiento transnacional que promueve el trumpismo requiere, como condición básica, que el Estado local pierda toda autoridad moral ante su propio pueblo. La destrucción del tejido productivo y la quiebra sistemática de pequeñas y medianas empresas no son fallas de cálculo; son las consecuencias lógicas de un modelo diseñado para precarizar las instituciones y convertir la gestión pública en una caja de resonancia de negocios privados. ¿Qué ciudadano no se replantea la legalidad y legitimidad de una gestión que tiene como principales sospechosos o engranajes a sus máximas figuras de exposición pública?
La disociación entre la retórica del "combate a la casta" y la realidad fáctica ha quedado al descubierto en los tribunales con expedientes que incendian el corazón del Poder Ejecutivo:
• El escándalo de la criptomoneda $LIBRA: La imputación judicial que pesa sobre el propio presidente Javier Milei, sindicado como pieza clave de una presunta estafa masiva de rug pulling por el lanzamiento y promoción del token de Kelsier Ventures, expone un nivel de desprotección institucional inédito. La pericia técnica de la Dirección General de Cibercrimen de la Policía Federal no descartó las coartadas oficiales que se usaron como excusa, al demostrar que el contrato inteligente fue impulsado desde la cúspide del poder político tras las reuniones en Casa Rosada con el empresario estadounidense Hayden Davis, en un presunto trato millonario coordinado por debajo del radar por el traderMauricio Novelli.
• La caja de la ANDIS y el "retorno del 3%": El desvío de fondos públicos destinados a los sectores más vulnerables de la sociedad halló su comprobación judicial con el procesamiento de Diego Spagnuolo (exdirector de la Agencia Nacional de Discapacidad y abogado personal del presidente) y otros 18 implicados por los delitos de asociación ilícita y cohecho en la compra de medicamentos de alto costo. El escándalo escaló a crisis de Estado con la filtración de audios —cuya autoría debió admitir el propio Spagnuolo ante la Justicia— que salpicaron de manera directa a Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, bajo la revelación explícita de que a "El Jefe" le correspondía una cuota del 3% de los retornos de las droguerías. El reciente informe de auditoría ratificó millonarios sobreprecios y desvíos documentales por miles de millones de pesos.
• Tarjetas corporativas y privatización en Nucleoeléctrica: El desplazamiento de Demian Reidel de la conducción de la estatal Nucleoeléctrica Argentina desnudó otra terminal de corrupción burda. Reidel quedó imputado por el fiscal federal por los delitos de administración fraudulenta y malversación, tras denunciarse un descontrolado gasto con tarjetas de crédito corporativas que incluía millonarios adelantos en efectivo, en medio de una feroz interna con el ala de Santiago Caputo por el direccionamiento de contratos con sobreprecios y la aceleración de la caja privatizadora del sector nuclear.
• El funcionariato en las sombras: La precarización institucional se encarna en la figura del propio Santiago Caputo, un monotributista sin cargo oficial formal ni responsabilidad civil ante la ley, pero con el control absoluto de la SIDE, las empresas públicas y un despacho estratégico en la Casa Rosada desde donde digita los hilos del gobierno. Este modelo de opacidad se complementa con los escandalosos beneficios comerciales del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, cuyas empresas vinculadas actúan de manera incompatible como proveedoras del Estado, y la incondicional protección judicial y mediática de la que goza el ex jefe de Gabinete, Manuel Adorni, blindado incondicionalmente por los hermanos Milei, la Justicia y el aparato estatal frente a los cuestionamientos públicos.
Este panorama de descomposición moral no es una anomalía aislada. ¿Es, acaso, este modelo de precarización institucional una muestra de la compra de voluntades respaldada desde el exterior en el marco de una ejecución de sometimiento con origen en Donald Trump? La respuesta fáctica asoma de manera implacable. El desmantelamiento de los controles del Estado, la entrega del oro soberano por parte de Luis Caputo, las estafas blockchain y las coimas con los medicamentos de los discapacitados persiguen el mismo objetivo básico dictado por los estrategas del trumpismo: sumir a la Argentina en una debilidad jurídica y social tan profunda que sea incapaz de oponer resistencia cuando las corporaciones transnacionales decidan adueñarse de su subsuelo, sus recursos energéticos y su destino estratégico.
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