Domingo 12 de Julio de 2020

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Quiero un lugar en el gabinete nacional.

Tal parece ser la frase de momento, el exordio, el pedido, la solicitud, en verdad la clemencia, el grito desesperado de gran parte de la clase política vernácula que aguarda del pope mayor, que tras el manto protector (dialéctico), que en este caso no es precisamente el de la virgen morena, y con el inexpugnable argumento de la sangre derramada en Malvinas por parte de correntinos, le saque al Presidente, como cumplimiento de la “cuota societatis” la ratificación que convierta a varios de ellos en el selecto grupo del funcionariado nacional, que además de sueldo jugoso, brinda en nuestro sistema político, mayor consideración mediática (es decir que existas para el ámbito de la comunicación), el pago por parte del estado, en este caso nacional, de nafta, oficina, celular, gastos de representación, viajes, es decir el arropamiento, la investidura de quién está un paso más delante. Parámetros o referencias (no hablamos de concursos públicos ni mucho menos, la experiencia de la elección del defensor del pueblo, en donde no se dieron los resultados de ninguno de los test, es hasta vergonzante comparado con las pseudo democracias del cuerno de África) para ser designado, ni lo sueñe, por más que a nivel nacional se haya planteado de méritos o de capacidades para mejores. En Corrientes, el reparto es como siempre, a la vieja usanza, los funcionarios provinciales, escalarán el paso nacional, acopiarán la cucarda de los 40 millones, por haber sido fieles y leales a un gobierno provincial que va por las dos décadas, que sin duda ha cambiado la realidad, no sé sabe de cuantos del millón de correntinos, pero claramente la de ellos mismos, exponencialmente.

La carpeta de nombres en Punta del Este.

Tal parece ser la cuestión de momento en el círculo rojo, sobre todo en el oficialismo provincial, que ahora cuajo también botín nacional. No bastan casi dos décadas en el poder, siempre la ambición desmedida y la lógica de mantener solo a flote a los que sirven (sí usted se toma el trabajo, bah, ya lo sabra, que los verdaderos “hacedores” de los políticos vernáculos notables, son tipos que nunca cobraran bien o merecidamente, les pisotean la autoestima y son los verdaderos cerebros de quienes posan para la foto y se llenan la Banelco) descubrirá que una tía lejana, cuando no el primo con el problema de salud, necesita del conchabo estatal. El exordio, el pedido, la solicitud, en verdad la clemencia, el grito desesperado de gran parte de la clase política que aguarda de los popes ratificados o ungidos tras las elecciones nacionales, la decisión que convierta a alguno de sus postulados en el selecto grupo del funcionariado, que además de sueldo jugoso, brinda en nuestro sistema político, la consideración mediática (es decir que existas para el ámbito de la comunicación), el pago por parte del estado de nafta, oficina, celular, gastos de representación, viajes, es decir el arropamiento, la investidura de quién está un paso delante. Parámetros o referencias (no hablamos de concursos públicos ni mucho menos) para ser designado, ni lo sueñe, en el mejor de los casos, que en la lejana, en todo sentido, Punta del Este, en un mediodía en el frío mar, o comiendo algo sobre la selecta Gorlero, el gran Ricardo, por la perinola de su discrecionalidad, subraye el nombre del tocado por la vara mágica y así le llegue (seguramente vía correo electrónico, enviado por su hijo o funcionario) al Presidente y este lo convierta en funcionario nacional.