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ANÁLISIS

20 de septiembre de 2015

De los Títeres de los Titiriteros

La falta de una legislación tanto nacional como provincial (o el cumplimiento del precepto constitucional de “idoneidad”) que promueva, sostenga o avale, los concursos públicos para el acceso de personas “idóneas” a la esfera de los poderes del estado, o el incumplimiento de las mismas (siempre soterrado, como trampa perversa, como argucia) en los casos, escasos, que se da, abren la puerta a la siempre sospechada generación de “titiriteros” o monjes negros detrás de nombramientos y designaciones que deberían darse bajo parámetros más claros. Veamos.

Por lo general, siempre es más elegante o políticamente correcto, afirmar que se garantizan espacios y tiempo para la significación en la política de los aspectos conceptuales o de pensamiento profundo, sin embargo, en el fragor de lo acontecido, el poder se instaura de la forma más autoritaria y primitiva, sobre todo en sociedades conservadores como la correntina, domesticando al súbdito, o al subyugado, emitiéndole órdenes continuas y la nulidad o el desinterés por el pensamiento o criterio que tenga. Prevalece así el otro, no el diálogo, el intercambio de ideas, mucho menos el debate, tan sólo la exhibición de quién tiene en esa circunstancialidad más poder.

 

El presente análisis, jamás será siquiera leído, por alguien que no haya alcanzado al menos, una educación secundaria, tampoco le dedicarán tiempo, aquellos quienes no se molestan en interrogarse, aspectos fundantes, profundos, íntimamente relacionados con los problemas culturales de una sociedad.

 

Las soluciones o respuestas, sólo provienen de las sociedades que desean y anhelan cambios, pero para ello, primero hay que saber que existen otros modos, otras formas de vida, que los infiernos cotidianos, claro que se precisa, para sortear este segundo eslabón, el conocimiento o las ganas de ello, y como se dijo, esta es un simple muestra, que demostrará el poco interés que existe, en una sociedad determinada, de replantearse al menos, aspectos críticos que manifiestan, en conjunto sus ciudadanos.

 

Uno podría caer en el lugar común y facilista de acusar y señalar a la clase política que sólo brinda, o especialmente brinda oportunidades a familiares directos, cuñados, suegros, concuñados, esposos, hermanos, y todo los lazos de parentesco imaginables, o empezar a entender, que independientemente de la bandería política que se sostenga, y del capitoste de turno que surja, la política, es, fue y será, básicamente una cuestión de un puñado de familias, que ponen y disponen a discreción y antojo cuantos familiares quieran en los diferentes lugares del estado, más en tierras conservadoras cómo la correntina.

Tratar de construir, desde otro lugar, o ir incluso con otro discurso, lo único que genera es la desaprensión a quién ose emitir semejante abyección a lo establecido.

Aquellos que por herencia familiar o política , tocados por la varita de ser amigos de un poderoso de turno, o afortunados por estar en el momento justo con la persona indicada, se mantienen o ingresan, a ese pequeño círculo, cada vez más estrecho y por ello mismo más excitante a pertenecer.

Los conceptos se trastocan, quién pregonó aquello de que trabajando y con sacrificio se logran las cosas, debería ser enjuiciado públicamente, los fiscales de turno deberían iniciar causas por “instigar al delito” a los que aún se guían por este principio ramplón, que conduce a inequidades tales como, victorias morales o tranquilidad espiritual.

Toda esa literatura débil, tendría que ser enajenada de la biblioteca universal, o al menos situada, correspondientemente al sector de ciencia ficción, a un mundo paralelo, dado que  la misma, fácilmente se propaga en la institucionalidad educativa, a los efectos, sospecho, de desalentar a las futuras generaciones a modificar lo establecido, que beneficia a los pocos que pertrechados, de los conceptos fundamentales y sus mecanismos (es decir, imprentas, sistemas de información, etc) se nutren de miles de educandos que intentarán vanamente aplicar un código en un afuera que lo tiene como una simple fábula exótica.

Sin ánimo de plantear cambios, al tan modificado sistema educativo, en determinados establecimientos escolares, sobre todo, aquellos donde asisten los borregos de la clase dirigente, la materia principal, debería ser el recreo, para que entre los pares, vayan consolidando una amistad por intereses, que en un futuro siga conservando lo establecido, los hijos de un empresario, de un político, de un miembro del poder judicial, muy difícilmente, vayan a desertar de sus destinos heráldicos, y necesariamente, el precedente de cambiar figuritas, se transformará con el tiempo, en cambiar billetes, poder, etc.

Para los que ganan moralmente la batalla, los exitosos del espíritu, quedará el aglutinarse para ver como pintan la escuela, como la mejoran, la foto con el gobernador, con el intendente, y ahí sí aplicar el concepto de un afuera idílico, que plantea oportunidades, que uno progresa, sí logra superarse por intermedio de los textos de los enciclopedistas. No vaya a ser cosa, que los choznos, nietos e hijos de pobres, en un determinada generación, se den cuenta, que todo es un engaño del sistema, para que no se junten, para que no construyan lazos colectivos, que los pongan a pensar como modificar el statuo quo, que los mantiene, como condición necesaria y suficiente, al margen, para que exista el círculo. Ya que estamos con lo educativo, en matemática básica, sí trazamos un rectángulo, lo que está por fuera del trazo, es necesario e indispensable, para que exista el rectángulo, sin ir más lejos y continuando con la matemática, no existen números, son elucubraciones sociales, son postulados de un sistema que nos ordena, como el matrimonio, que hasta hace poco, sólo era para personas de sexos diferentes, un convencionalismo, ganado, a sangre, fuego, hambre y votos. Para concluir el ejemplo de los niños que no serán parte de las decisiones, pero si por los que supuestamente se toman las decisiones, el recreo tiene que ser muy corto, no vaya a ser cosa, que un futuro, los que hoy juegan a las figuritas, mañana jueguen a la revolución.

Lástima que la ciencia aún no haya arribado a concebir la pastilla que libere a nuestra clase dirigente de la culpa, lástima que la psicología no le encuentre solución sino simplemente tratamiento. En este hiato histérico, radica el gris, mediante el cual, un discurso político, es necesariamente, casi por definición, mentiroso.

Puede existir una vocación, básicamente culposa, de resolver los problemas de la gente más necesitada, al tratar de materializarla, los problemas se agolpan. Los recursos no alcanzan, no puede haber generación de los mismos, para que alcancen, sino no se modifica el sistema, y ante tal situación el político, se encuentra que no es más que un títere que sólo ejecuta órdenes de un sistema preestablecido, pero claro, el político, también por definición, y más que nada porque también fue educado con la fábula que cobija la esperanza, puede creer que con simples variaciones (párrafo arriba no por casualidad comentábamos la modificación del código civil en relación al matrimonio)y con tiempo, las cosas cambiarán. En él mientras tanto, que en realidad después se descubre como eterno, sólo le puede resolver los problemas a sus más allegados, a sus amigos, a sus parientes, a sus compañeros o correligionarios de batallas.

El sistema es tan perfecto, que todos somos sus más conspicuos defensores, incluso sin darnos cuenta, este mismo texto, es una acérrima defensa del mismo, no me nacería blandir un arma para cortar cabezas y decir basta

 

 

Carta al elegido/a: Me han contado que sos feliz y eso de última es lo primero. Me gustaría felicitarte, sentirme parte de tan profunda dicha, sin embargo, no puedo, no quiero o lo que es peor no me sale, ni desde afuera, menos desde adentro. Sucede que el felicitar, el ponerse contento por el otro, implica necesariamente para los tipos honestos el creer que lo que ha sucedido es realmente bueno. Y el realmente bueno, es diferente a lo socialmente bueno. Cuestiones inobjetables serian que uno se alegre porque el otro curo de una enfermedad, gano un sorteo o fue reconocido por una labor propia, intensa, creativa u honesta por citar ejemplos. Ser protagonista de una novela que escriben otros, donde ni siquiera tengas la libertad de parlamento o el títere de una obra insustancial de la que ni del título te advirtieron, no puede ser para mí el motivo de una sincera felicitación. Y por más que no te importe, cada uno de nuestros pensamientos es una huella en esa dudosa eternidad y en el cierto recuerdo de los que quedan. Sea por unos buenos mangos, por esa cierta consideración social, espero de corazón, que esa decisión de ser parte de los infiernos ajenos, no te haya sido impuesta por quien se dice el manto protector de los crudos inviernos que azotan a los huérfanos desvestidos con malévolos vientos.

 

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