ANÁLISIS  6 de junio de 2018

La pauta siempre es del amo-estado y los periodistas esclavos.

Así como Lacan nos demostró en sus seminarios que el deseo del sujeto es el deseo del Otro, mediante la dialéctica del amo y del esclavo de Hegel, arriesgamos no sólo que la pauta publicitaria es siempre del estado y que no se regula, ni se fijan criterios para distribuirla (como bien podría presentarse en homenaje al día del periodista, los 7 de junio en Argentina), porque nadie (es decir los otros, reducidos a esclavos) la pretende, no se desea, ni en nombre de la libertad de prensa, de expresión o de como se quiera llamar, otra cosa que no sea el látigo, esclavizante, del amo estado, que le da la pauta, a quién se le antoje, para que estos se la otorguen (desmenuzada, masticada, vomitada), en condición de salarios, a los que festejan, “chipaceados” por el poder mediante, los primeros días de junio, en el nombre de la comunicación. Nadie mejor que el esclavo, para determinar el deseo del amo, dado que este en su condición de informulado se colige, se imbrica, casi como necesidad, iusnatural de algo dado. Es decir, se naturaliza que nadie quiera discutir cómo se distribuye la pauta. Se naturaliza la chipaceada del poder para los que se quieren dar en llamar periodistas. Como zafan, de otro tipo de esclavitud, desde una perspectiva estética (antes que estar en la caja de un súper con la cumbia de fondo) se las dan de tal, aferrándose al látigo esclavizante, de sus amos en los medios, que les permiten el grillete de tener sus blogs, su sueldo con aguinaldo, y la honra, de esperarlos de “dorapa” en las galerías de los antros del poder, a los amos de sus amos, a quienes creen que, medio mediante, los pueden tener en una condición pareja o de dignidad

Un nuevo día del periodista en que la comunicación no logra para sí tener una ley de pauta de distribución publicitaria. Al parecer los que se precian de tales, en una suerte de la exacerbación de un purismo absurdo, se ufanan de ser felicitados, palmeados, saludados, todos los 7 de junio, “chipaceados” en el ámbito de un reducto oficial, para tener presta la pluma, afilado el micrófono, el aire inmediato, y saciarse en la nada absoluta que significa y representa el supuesto servicio de comunicación social.

El periodismo correntino no existe, vaya a saber uno si por voluntad propia o por algún grado degenerativo del oficio en manos de algún agente extraño, lo visible cada jornada hábil es su invisibilidad, el periodismo se convirtió en agentes de prensa gacetillero de los Estados en cualquier orden que se prefiera (federal, municipal, provincial) perdieron toda creatividad posible transformándose en divulgadores de la bajada de línea oficial, puede ello comprobarse empíricamente todos los días, la construcción mundana de cada medio ronda en el absurdo, los separa distancias inabarcables, de polo a polo, perdieron toda identidad al colocarse bajo el poncho de dueño de la chequera circunstancial, actúan como bloques instaladores de verdades y realidad de dudosa existencia, se auto-instituyen como focos de influencia social que en realidad carecen de toda esa mitología berreta y superficial en la que habitan. El periodismo correntino no existe porque no hay información sobre la cual reflexionar, en la pausa eterna no hay movimiento que medir.

 

Lo hemos sostenido en infinidad de oportunidades pero al parecer ciertas sociedades ansían la criminalidad Goebbeliana que se le repita para que algo quede, independientemente de su posibilidad de ser verosímil. Si la comunicación tuviese un fin público, social, democrático que sirviera para sostener las libertades, tendría como prioridad el comunicar las formas y posibilidades de cómo derrotar el principal problema que afecta a nuestras tierras; la pobreza. A contrario sensu, como en una especie de paradigma de la perversión, los que se dicen comunicadores públicos, en nombre de ese purismo, de supuestamente comunicar bajo la égida del interés de las mayorías, les da el canal de comunicación a los principales responsables de que el hambre se haya extendido como un flagelo, y cuando tienen la posibilidad de preguntar, de indagar, de cuestionar, supuesto “leit motiv” de la comunicación, callan, o edulcoran, o evaden, o comunican lo incomunicable que es ni más ni menos que cualquier cosa, menos la razón de ser de la comunicación.

La comunicación en ocasiones, en muchas, en demasiadas ocasiones, in-comunica a sabiendas de la propia in-comunicación que prevé realizar el medio de comunicación, el medio de comunicación no tiene su raíz fundante en lo que dice que es sino, en lo que pretende ser de su naturaleza misma, convertirse de repente en faro de la discreción informativa pero al mismo tiempo, arrogándose un calidad ético-moral comunicativa, la credibilidad es el activo más preciado del universo comunicacional, pero credibilidad hacia dentro, no hacia el comunicado, creíble tiene que ser el discurso que penetra entras las capas subcutáneas del generalato que subvenciona al medio in-comunicador.

No ser considerado periodista, comunicadores, por quiénes, exacerban esta actividad travistiéndola de características que no posee, dotándola de una supuesta moral universal que debería seguir obcecadamente, es a todas luces un orgullo que nos podemos dar, los que no nos conformamos con un abrazo, un felicitaciones o una chipaceada cada 7 de junio.

 

 

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