ANÁLISIS  14 de marzo de 2018

Esperemos que la “PPP” no se la Provincia Para Pocos.

En pleno éxtasis iniciático del Corrientes Somos Todos, (cuando lo desopilante es aceptado y hasta necesario en tren de que “todos le pongamos onda” como por ejemplo que se reparta una gacetilla que ventila que el vice acompaño al gobernador en una recorrida institucional, y que en la misma se exprese que el dos acompaño o ratifico al uno, como si cupiera otra posibilidad) la conversión en ley de la participación público privada (PPP) como la herramienta imprescindible para el desembarco de las obras del gobierno nacional, más allá de que tenga objeciones planteadas por técnicos tanto de izquierda (conceptuales) como de derecha (estratégicas) puede que se transforme en lo que necesitemos para contar con las obras de magnitud soñadas y anheladas, sin que, conceptualmente el tan afamado “PPP” amenace a que signifique otra cosa, una denominación distinta pero que amalgame lo mismo de tantas veces; una provincia para pocos.

La ley nacional 27.328 es la que marca el verdadero cambio que repercutió a nivel político, en el marco electoral del año 2015. A decir del  economista José Luis Espert, el actual gobierno en una suerte de “Kirchnerismo” con buenos modales, acendra el “sí se puede” mediante el cambio de eje, en las formas de la obra pública, sea de su ejecución o diseño o básicamente de su contratación.

Así como alumnos distinguidos, desde Corrientes, ya prestamos el sí y contamos con una ley que adhiere a la mencionada ut supra, que refiere a la “PPP” participación público privada, para la realización de todo lo que signifique infraestructura, sin que ello tenga que ver con falta de autonomía, de valentía, de identidad o de dignidad de nuestra correntinidad, tal como nos convencimos cuando se “erraron” desde el gobierno nacional K con el provincial y se determinó por ello que no nos íbamos a arrodillar y toda la semántica que también se manejó políticamente; ahora la cosa es totalmente diferente.

Se aprueba a libro cerrado (como antes la escribanía en tiempos K era el congreso nacional) lo que viene de Buenos Aires, pero con hidalguía y dignidad, nos contentamos conque el primer mandatario sea el que más veces llego a la provincia, a diferencia de la anterior que visitaba a los vecinos del Chaco y apenas si piso dos veces en dos mandatos la taragui.

Nada mal. Así debe ser, de hecho así es, le prestemos o no conformidad desde estas columnas o desde el espacio público mismo. Nada modificará que el 30% de la población con problemas reales de dignidad pueda cambiar realmente su condición de tal. Aburguesados de tanta comilona de dos décadas, mientras sus hijos ya no saben cómo divertirse, y con cuantos cargos comprar felicidad, una cosa necesariamente tiene que ver con la otra. A medida que la sigan sin entender, no importará como se llame a nivel nacional el que administre los recursos, sí el ministro designado vive cruzando el puente o sí el secretariado aconchabo tiene más denuncias de abuso que un chacal. Nada que pueda manejarse con semántica, que se pueda presentar bajo otros nombres o etiquetas, ayudará a nuestros hombres encaramados en el poder,  que comprendan que teniendo tantas posibilidades para tanto, se destaquen por haberse auto-degradado al punto de no cumplir con la palabra dada, el castigar, penalizar, tratar con indiferencia y menosprecio, al que con menos poder, pero con la mejor de las intenciones le señala que pueden hacer las cosas mejor, que se pueden tomar el tiempo para brindar audiencias que den conformidad a proyectos que además de asfalto, contemplen tener una democracia más sólida, mas inclusiva, que sea pensada desde las usinas mismas de la correntinidad, y no un mero “copiar y  pegar” que dimana de la gran metrópoli, la que siempre, independientemente de los que la han gobernador, fue esquiva a los intereses de entender una nación desde las provincias hacia la capital y no en viceversa.-

Dios ilumine a nuestros gobernantes y hombres de poder, para que se sepan rodear, para que no caigan en la fácil trampa de querer escuchar los alardeos laudatorios de los falderos de siempre, que en tren de cuidar sus migajas dañan a la familia de estos, que quieren ver en sus líderes a hombres y mujeres, con prestigio, probos, con altura y solvencia, más allá de la materialidad circunstancial que podrán tener, con la que por otra parte no se compra ni felicidad, ni paz espiritual, ni mucho menos el bronce de la historia, que tampoco se construye con PPP, sino con la consideración real y efectiva de que alguna vez seamos todos.

 

       

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