ACTUALIDAD  23 de abril de 2017

Los deportados de la democracia.

El hombre es un espíritu que existe personalmente y todas sus expresiones esenciales se hacen con relación a la libertad. Pero se puede decir al mismo tiempo que el hombre es de antemano una causa perdida. Etapas en el camino de la vida. Soren Kierkegaard.

Europa batalla a muerte el presente para respirar futuro, como Daniel Scioli con su cruzada para mantenerse en libertad mientras quien fuera su sombra y sus ojos en la administración provincial despolva a soplidos las esculturas de su mini Louvre, como un inmenso atrapa sueños el viejo mundo se debate en mantener su demos unido en un krátos popular de dudosa existencia, mientras el cristinismo y asociados poco duermen por pesadillas carcelarias.

La sensación de caos infernal en las entrañas mismas de la libertad europea pone en riesgo al concepto de orden que ha hecho del hombre su condición para expandir su mente a la compresión de los fenómenos. Rudolf Arnheim, asegura que una revolución debe aspirar a la destrucción del orden existente, y sólo tendrá éxito si logra formar un orden propio. El pavor europeo por una oleada de imprevisibilidad terrorista con ataques sanguinarios justo allí, donde se pergeño, anido y anida la idea-concepto de libertad, casualmente por medio y uso de la revolución pone en jaque mate al eurocentrismo.

Hoy, un solo concepto-praxis no puede ser discutido, re-planteado o re-pensado en Francia bajo ningún punto de vista, el concepto intocable es la democracia tal cual se la percibe por la multitud, no porque se encuentre en su estadio más perfecto sino, porque es el último bastión de resistencia contra las ideas islámicas extremistas, la libertad y la democracia es la última línea defensiva de la que cuenta hoy el antiguo mundo para ratificar su actual legitimidad de pura academia frente al resto del mundo, considerados Estados Nación de tercer nivel, marginales ya sea en lo económico como intelectual incapaces de pensar su propia realidad presente sin recurrir a las recetas de pensamiento eurocéntrico, particularmente alemán y francés sin poder discutirlas, simplemente acatarlas. Si de alemanes se trata, Luhmann ha demostrado, entre otras cosas, que el individuo sólo puede participar en el modo de la exclusión, le: es imposible pertenecer a la sociedad como un miembro orgánico de construcción social.

La exclusión social es por excelencia la herramienta eficaz que mantiene a salvo a toda idea y estructura de orden, la exclusión garantiza la existencia de la democracia tal cual la conocemos y experimentamos cada día, bajándole el precio a cualquier atisbo o tentativa, aunque mas no sea aislada, de producción de lo democrático por fuera de las instituciones oficiales que ofician de rectores sabios de toda la materia humana dentro de los límites geográficos de cada Estado.

Sobrevivimos en una sociedad despoblada, unida o sincronizada por los medios masivos de comunicación que sirven de ungüento, pegamento o imantación artificial y febril que nos hace creer que somos un bloque cohesionado, que somos un pueblo, cuando en realidad apenas aspiramos a ser miembros habitantes de un territorio determinado auto aislados, el socius latino, que se puede traducir en compañero se desvaneció de pronto y de un plumazo, para muestra alcanza un botón, con 40 % de pobres conviviendo y en connivencia todos los días, en cada rincón argentino nos damos el lujo de discutir en los cafés y en los set televisivos la minucia de candidaturas, mientras se desbocan, escupiendo todo el tiempo a pura semántica la palabra democracia, que es la que sirve principalmente para excluir o mejor dicho, deportar a una franja mayoritaria de hombres y mujeres de la misma democracia por la cual se babean diariamente, entre comillas,  la dirigencia comercial partidaria. Democracia parcelaria encofrada en un desiderátum jurídico que sirve de protección directa a la partidocracia más que a la mitad de los argentinos deportados del paraíso democrático, de libertad y equidad.

Se incuba un momento propicio tanto a nivel internacional como local para debatir en profundidad a la democracia, re-definirla, reiniciarla a fin de llegar a un acurdo sobre que pretendemos de ella, que alcance darle, cuáles son sus falencias y, por encima de todo, si la democracia es extensible a toda la población o si seguirá siendo la excusa que enquista a minúsculos grupos en los sitios donde se decide el destino de la totalidad, dejar en claro también, que la discusión debe ser sobre el concepto mismo y no sobre la praxis jurídica del sistema político que comúnmente es confundido o igualado a la democracia. Alexei Ivánovich el célebre personaje de Fiódor Dostoyevski en El jugador, resume todo lo antes dicho: …si pudiera dominarme durante una hora, sería capaz de cambiar mi destino.

 

Por Carlos A. Coria Garcia.

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