CULTURA  25 de septiembre de 2016

Girala Yampey, uno de los siete sabios de Corrientes.

Sí mantuviésemos la tradición Griega de reconocer a los prohombres de la comunidad por ser auténticas guías y referencias para el resto, sin duda que el prolífico escritor nacido en Oriente Medio, figuraría no sólo uno de los distinguidos miembros, sino que seguramente y en caso de que tal cenáculo se manejara democráticamente, sería el presidente. Entrevistar a Girala, es aprender sin ser por ello ser disciplinado, es dejarse llevar por los relatos más bellos al punto que la verosimilitud de los mismos pasen a un segundísimo plano. Corrientes tiene el privilegio que Yampey surque sus calles y pasee su noble alma por cada uno de los simples mortales que hemos tenido el privilegio de conocerlo.


¿Cómo fueron sus orígenes en el mundo de las letras?

De joven comencé a escribir, en verdad a garabatear, claro que lo primero no satisface al escritor, por tanto puedo decir que ensaye bastante, luego de romper mucho, porque leía y no me gustaba lo que había escrito, de a poco y progresivamente,  me fui enamorando de mi propia escritura. En la lectura creo que pasa lo mismo, lo primero que uno hace es leer una novela, generalmente rosa, que pasa entre página y página, y como termina finalmente, cuando uno vuelve a leer, se fija en la personalidad en la manera de pensar de los protagonistas, realiza un análisis más intenso, más exhaustivo y cuando uno se da cuenta, ya está enredado en lo literario, así creo se aprende a leer y a escribir.

¿Vino a Corrientes por cuestiones políticas?

Cuando era estudiante secundario, funde “Luche”, un diario de asuntos estudiantiles, en Asunción, fui director de “Vanguardia”, de la federación universitaria y como usted dice, desde lo familiar, por cuestiones políticas, fuimos echados por un dictadorzuelo de turno y podríamos decir que luego y en estas tierras, me acendré como escritor u hombre de letras.  

¿Uno de sus aspectos principales de abordaje es la cosmovisión Guaraní?

Aprendí a mirar lo de afuera, porque si no, uno ni se da cuenta que al venir de otro lugar, como en mi caso, toma como suyo o confunde, a mirar desde acá lo de afuera y ver desde afuera lo de adentro y me gusto sobre todo la cuestión guaraní, especialmente la cuestión idiomática. La belleza y justeza que posee el guaraní tanto en su morfología, en su etiología como en sus significantes.

 ¿Qué sucedió con el sincretismo o la conquista y lo Guaraní?

A un pueblo se le domina sacándole su idioma, mientras mantenga su idioma, mantiene su alma, su espíritu o su razón de ser.  Por supuesto que arreciaron las prohibiciones del Guaraní, hasta no hace mucho, cuando una ley provincial, determino que tenga el mismo estatus que el idioma castellano.  El idioma guaraní, es muy fraternal, apela a la voluntad, no así como otros idiomas que usan más que nada  la apelación; nos ha quedado del Guaraní, la frase conceptual del “hace pue un poco” que es un reflejo de esto que expresamos, de este apelar a la voluntad del interlocutor, el español, sin embargo,  ordena. Para hablar del amor, el Guaraní es más florido, más convincente, más que suficiente de ponderación de una lengua preciosa, confraternal, hospitalaria, las creencias más amigables y cercanas, no es como criticaban, el rey de España prohibió el idioma, lógicamente el que viene aprende dado que el Guaraní se apresta a ese ofrecimiento, porque recalco, se pide, no se ordena, se apela a la buena voluntad y esto es una gran diferencia idiomática pero también conceptual y cultural.

¿A nivel cultural que nos puede continuar detallando de lo Guaraní?

Desde la creencia castellana se entiende la existencia de dios y por ende  de un purgatorio, para acceder al cielo, el Guaraní, cuando muere, accede a la tierra sin mal, accede directamente, de allí que un enfermo guaraní puede que sufra pero no se queja, porque va a acceder a la tierra sin mal, no existe la noción del castigo, como así en la vida no existe la noción de los vicios, ni con el tabaco ni con el alcohol. El ritual de fumar, es en su inserción a espantar el mal que afecta al enfermo o en relación a un acto de paz grupal, como se lo conoció con lo de la pipa de la paz. La clande, también un acto ritual, vinculado a la bebida en este caso, pero sin gradación alcohólica. Luego ambos ritos, con la intrusión española, se deformaron en vicios que cómo no se estudian se cree que ya eran practicados como tales por los Guaraníes.

¿Qué mensaje les podría dar a nuestros lectores?

Que aprendan una lengua tan nuestra, como la Guaraní que no se puede sacar de encima porque si, un correntino tiene el acento, se le contagia desde un lugar imposible de auscultar, se le conocen sus modales, sin que se pueda prescindir de esto mismo, hablamos en definitiva de la cultura de un pueblo y un pueblo no es pueblo sino mira desde adentro lo de afuera y desde afuera lo que hay adentro.

 

 

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