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FILOSOFíA

9 de junio de 2021

El Futuro Incierto

Por Raúl Andrés Vázquez Barrón

Una de las incertidumbres, es si el mundo es una serie de repeticiones de creación y destrucción (de alegría y tristeza, de vida y muerte) o una historia lineal progresiva (un Big Bang en eterna expansión. Venía acumulando una avalancha emocional desde la contingencia por la pandemia del covid-19, a principios de 2020 el amor de mi vida terminó la relación que tenía conmigo, cinco años antes me separé de la mamá de mi hijo, dando por terminado el hábito de una vida de casado y de familia. Cinco años antes, cuando estaba por finalizar el doctorado, finalicé la relación sentimental que tenía con Julieta de una manera desastrosa y que del mismo modo significó otro golpe, y así sucesivamente cada cuatro o cinco años sucede los mismo. Con la idea del eterno retorno le di sentido a estos sucesos como producto de un ciclo de eventos, no iguales pero parecidos, curvas de una espiral que podría representar mi vida (no sé si esa espiral me conduzca a la singularidad de un agujero negro y de ahí a un agujero de gusano).

¿Tengo que esperar cuatro o cinco años para dar otra vuelta a la espiral? Eso ya es premeditarse. Existe un riesgo en sugestionarse, ensimismarse y proyectarse, al punto que llegues a pensar que puedes invocarlo, cual conjuro diabólico, y traerlo a la realidad. Aurora, estudiante del bachillerato, me preguntaba:

-¿Qué caso tiene vivir una vida que se repite? Ésta pierde sentido.

-Justo eso se preguntaron alguna vez Nietzsche por una parte y Camus con su Mito de Sísifo por otra. Si supieras lo que va a acontecer en toda tu vida una y otra vez, ¿dejarías de vivirla por eso?

-Pero no tenemos certeza de ello, porque mientras vivimos, todavía no hemos vivido toda nuestra vida para poder vislumbrarla y saber que se repetirá.

-Creo que ese es el punto: el no saber qué va a pasar y vivir tu vida como si cada crisis, cada momento, cada jolgorio, fuese nuevo. 

Con la implantación del cristianismo, muchos prelados condenaron la práctica de la astrología, el futuro es una certeza sólo legible para Dios. Si seguimos lo que dijo el monje Miguel Glicas hacia el siglo XII, entonces no deberíamos preocuparnos por pecar:

Todo misterio es de Dios, toda revelación y profecía provienen de Él, no de las artes de los hombres. Se permiten algunas artes, aunque las Escrituras y la autoridad rechazan la astrología, en parte porque en ésta las estrellas deben ser causas, no simples signos. Si todo está predestinado, ¿dónde está la libertad? Y si no hay libertad, ¿por qué el Juicio Final? (Jim Tester, Historia de la astrología occidental, 1990, p. 122).

Si la astrología pasó al ámbito del esoterismo y la charlatanería, la terapia psicológica va ocupando poco a poco el lugar que para muchos llena la religión, pero la terapia con mayor certeza debido a su condición científica (y la ciencia como el parámetro que hoy en día usamos para traernos certidumbres). La psicología es empleada para explicarnos y acomodar nuestras chaquetas mentales y no dejar ya la vida al augurio de Dios. Los terapeutas o teóricos de la psicología son los nuevos chamanes o gurús de vida, en lugar de los magos, hechiceros o astrólogos chiflados a quienes se recurría para saber cómo afrontar las singularidades del futuro.

Pero para Freud, según John Gray en El silencio de los animales, habría que aceptar de buena gana el destino personal de cada uno, y a través del psicoanálisis hacer más apacible esa lucha interna que cada quien conlleva; puesto que en realidad no hay cura completa para el desorden mental que nos aflige.

La definición de locura es hacer la misma cosa esperando un resultado diferente. Pero ¿cómo sabemos que estamos haciendo la misma cosa si la vida nos da la impresión de estar pasando por algo nuevo? Estoy loco por querer enamorarme de nuevo. No sólo John Gray en El silencio de los animales sugiere que se está desmoronando la idea de una historia progresiva, lineal, de atrás hacia adelante y que va de peor a mejor, en el campo de las artes Hans Belting, en La historia del arte después de la modernidad, es más tajante: afirma que esa historia de progreso se vino abajo. Entonces, ¿volvemos a integrar los ciclos de la naturaleza en nuestras vidas, los cambios constantes de los planetas (para colonizar Marte), el clima inestable pero anual, los terremotos repetitivos, e intentar ver con nuevos ojos cada salida de Sol?

Después de contarte todo esto mi querido amigo, ¿recuerdas que fuimos a ese bar en Balderas? Puse en la rocola al “Monstruo de Guanajuato”, el cantante de música regional mexicana de mediados del siglo XX, José Alfredo Jiménez; había mucho de cierto en la letra de su composición “El último trago”: «Nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores, otra vez a brindar con extraños y a llorar por los mismos dolores. Tómate esta botella conmigo y en el último trago nos vamos». Salucita mi buen.

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