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ANÁLISIS

5 de junio de 2017

Perdió la renovación, no el peronismo.

El peronismo más que renovarse en nombres, en apellidos, en cosmética, debe renovarse en su concepto. La gestión, el hacer y la política como repartija mera y huera de cosas del estado para sectores poblacionales, ha perdido, en el campo peronista como en ningún otro(en verdad nunca tuvo que haber llegado esto al concepto peronista), porque los recursos los manejan los otros, y cuando quiso salir a competir aparato contra aparato, también perdió (en esta elección y hace cuatro años atrás cuando también se tenía la municipalidad y el gobierno nacional en apogeo). La comprensión de esto es la clave de la chance peronista, de su candidato a gobernador más que nada y de su círculo áulico.

Crisis significa oportunidad y lo peor que se puede hacer es dejar pasar una más. La derrota no puede ser travestida, bajo supuestas condición desfavorables, pillerías de las que se podría haber sido víctima (como sí alguna vez no se las habría utilizado desde el lado del mostrador de victimario) o tácticas conservadoras para retener un nimio poder, por más rastrera y perdidosa que sea esta estrategia. Cae la legitimidad política de quiénes enquistados en el PJ lo vienen conduciendo a barquinazos, a la bartola, bajo la égida del cualquiercosismo. Los tibios y timoratos que usaron los mascarones de proa de las sinuosidades nacionales, los oleajes relativos, los ropajes varios, estratagemas que alejaron a la ciudadanía del peronismo como opción de poder, deben pasar a cuarteles de invierno, para ser solventados con el olvido en pos de la reconstrucción de la gran familia peronista. Claro que serán, en la paradoja que confirma lo que venimos sosteniendo, que en vez de ser no peronistas, los que puedan mostrar su disconformidad con esta posición, los que se rehúsan a abandonar la máscara del peronismo, para sus funestos intereses sectoriales, quiénes, querrán quedarse en la anécdota, en el último estertor de quienes no quieren abandonar sus posiciones de privilegio a costa de aprovecharse de los más débiles, de sus sueños y esperanzas. 
En el mismo domingo electoral, en donde no sólo el gobernador se privó de ungir a su candidato oficial a sucederlo, sino que una de sus espadas tácticas, tradujo precisamente la disputa que comienza a partir de ahora. La derrota de la renovación peronista, el cierre de una etapa de un sector del peronismo correntino, con muchas más sombras que luces, con mucho más daño y refracción que aporte y contribución a lo colectivo, debe sepultarse en forma sucinta, expresa e inmediata, de lo contrario será una sangría de la que los no peronistas se aprovecharán hasta que la misma cierre definitivamente.
Sí el candidato a gobernador, pretende que la bandera del peronismo lo acompañe, como plafón, como sustrato, como todo aquello que adolece (y no lo expresamos como algo vindicativo, sino como una oportunidad para que lo aproveche, dado que suplió el exitismo de su carrera deportiva por militancia, su carisma y voluntarismo por cultura política, preparación y locuacidad) para tener algún tipo de chance (que por otra parte será esta la última suya en lo particular) tendrá que leer precisamente este proceso electoral y las posiciones que cada uno fue tomando en el mismo y antes que hablar de alternancia y de valores democráticos, que los ejerza dentro del espacio en donde se introdujo de un tiempo a esta parte.
Con el mayor de los respetos, pero con la máxima de las firmezas, enalteciendo aquello de que lo cortés no quita lo valiente, por más galardones que tengan ciertos dirigentes, sea en cargos como en medios de comunicación o hectáreas, lo cierto es que ninguno pudo ser responsable de que el peronismo, desde el `73 a esta parte pueda retornar al poder. En este turno, nuevamente se equivocaron, haciéndole el juego a Ricardo, de quienes se dicen rivales pero parecen funcionales a él, mediante el respaldo a la elección del hacedor, del intendente renovador, que más temprano que tarde iba a caer electoralmente, por su forma de conducirse, sobre todo para quienes no se decían o expresaban como de su fuero íntimo. La claudicación que pedía, al mejor estilo los más recalcitrantes conservadores (que dicho sea de paso, ni siquiera quedan más en los partidos provinciales, esta es otra explicación de la victoria de los doctores en la ciudad) fugaba peronismo y progresismo. Así se le fugó una ex integrante del espacio global, como miles de peronistas que entendieron que lo que sostenía el intendente, tan sólo era una facción, útil para los suyos, súbditos y lacayos y por supuesto el puñado de incautos, inocentes a quiénes los mueven por detentar, de facto, la simbología peronista.
Lo más importante, es que sí esto mismo no se entiende rápido, el gobernador habrá ganado, tal como lo venimos expresando, la provincial, sin haberla jugado, poniendo como sucesor a quién más se le antojase. El candidato peronista y los peronistas que se equivocaron apoyando al intendente, como si fuese la batalla, deben comprender que la política no es gestión, hacer, y comunicar, solamente. Sí permanecen en esa lógica, que les servía cuando tenían el gobierno nacional atrás, bancando todo aquello (y que ahora se invirtió y banca a lo otro), lo único que le quedara es el lastimero, fútil e inservible llanto de las denuncias mediáticas y sinsentido de posibles fraudes o usos de recursos del estado, como si el peronismo fuese la socialdemocracia escandinava.

Esto también, debe anotarlo, rehuir de lo realizado por el intendente capitalino hasta el 10 de diciembre con respecto a su guardia pretoriana que lo único que hizo fue hacerlo aún más cerrado y hermético que lo que propuso representar en una sociedad que no compra el asfalto, ni el cordón cuneta, porque como bien expresa el gobernador, el ser humano no sólo se alimenta de ello. 
Precisamente en esta fortaleza está la debilidad del oficialismo provincial gobernante que va para retener el poder, sin querer disputarlo, precisamente por haber sido más inteligentes políticamente.
Tiene casi todo servido en bandeja, puede correr el riego de dormirse en los laureles y será clave el armado final de las listas provinciales.
El peronismo, tiene la chance histórica de convertir este derrota en el principio del fin de un largo período de oscurantismo dirigencial de cuadros que hicieron de todo, menos de pensar y actuar en consecuencia de ello, la política. El peronismo tiene la chance de no aplicar la misma medicina a los perdidosos, de no hacerles pagar con el ruin accionar de cobrárselas a los más débiles, o hacer abuso de posición dominante, como lo hicieron con todos aquellos que se consideraban peronistas con los que hoy se van con la cabeza gacha y la cola entre las piernas. Debe haber una amnistía generalizada, un olvido colectivo y perdones mutuos. Pero eso sí, la conducción, los roles importantes, no importa tanto en manos de quienes estén, sino que aquellos que los conduzcan hagan uso de la razón, del pensamiento y de la astucia política, todo lo otro, está demostrado con 50 años de fracasos, debe ser necesariamente secundario. 
Sí esto no ocurre, sí el peronismo vuelve a agacharse en sus facciones, en sus vergonzantes excusas, en los temores de afrancesados que persiguen el fin por el fin mismo, sin hacer lecturas, sin comprender, ni respetar el entendimiento de la política, el oficialismo gobernante seguirá en el gobierno, con el candidato que fuese e independientemente de cómo maneje las tensiones del poder dentro de la alianza social y de partidos.
El peronismo surgió como práctica, pero se consustanció, casi inmediatamente como filosofía. Emulando lo que había hecho tanto el radicalismo, el socialismo y la política misma. Quiénes en nombre del hacer, de la praxis, del temor de afrontar lo más complejo del ser humano, demostraron hasta donde podían llegar, hasta donde podían hacer, a partir de ahora, lo mejor que pueden hacer es irse con la frente marchita, con la convicción de haberlo dejado todo, pero reconociendo que otros muchos, quieren otra cosa, de otra manera y valorando que primero está la idea, luego la forma, el verbo, el concepto, la palabra.

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