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POLITICA

29 de septiembre de 2015

Entre la Comandanta “Esther” y Karina y Juliana.

Envueltos en plena campaña electoral, y por ello, viciados del irredento estrépito de lo verosímil pero a su vez improbable (lo dijo en público el propio Gobernador, todos nos prometen, pero tienen que cumplir ya, al menos el 30%, en relación a la coincidencia de los tres presidenciables de que tendríamos a partir de diciembre tantos puentes como pobres en la provincia…) torbellino de compromisos de lo que ocurriría en caso de que los votemos, esgrimen, casi en sintonía diacrónica, el trillado movimiento táctico de “mover la dama”, para que desde el género, sea aún más fácil, o al menos desde otro costado, la seducción o persuasión al electorado. Lo cierto, es que sin cupo femenino, la mujer continuaría manejando lo conceptual del poder, por intermedio de los hombres, a quiénes claramente manejan y dominan, pero las excepciones, que confirman la regla, es decir mujeres que no hayan arribado al espacio público o político, junto a sus esposos o maridos y que tengan un discurso definido (estemos o no de acuerdo con el mismo) son escasas, y las mismas no casualmente, son apartadas de la consideración mediática.

Seguramente para usted será la primera vez que la escuche nombrar y en caso de tener alguna tibia referencia, no tendrá registro desde hace varios años, acerca de aquel “Ejército Zapatista de Liberación Nacional que irrumpió a mediados de los `90 tanto en el escenario Mexicano, como en el internacional. Es más, pocos analistas, que se han encargado con profundidad del tema, le reconocen a este movimiento social y política, que una de sus huellas más profundas, ha sido sin duda la cuestión de “la mujer y la política” por frasear de alguna manera, lo que desde el occidente aún colonial se nos intenta imponer como perspectiva de género o su  más controversial acepción de feminismo. Pero por sí algo han luchado los Zapatistas, y con ellos, gran parte del pueblo Mexicano y no Mexicano, es por el derecho de no ser hablados, de no ser interpretados por el poderoso de turno, sea este un político, filósofo o periodista. Citamos a continuación, extractos de dos discursos, propalados por la “Comandanta Esther” y veremos con ello, independientemente de que estemos o no de acuerdo, a una mujer y una posición política, sin intermediación del hombre, sea en un rol pasivo o activo (es decir como dominado o dominante) y lamentablemente, esto es lo que al parecer, estas excepciones mediantes, no abunda ni en nuestra política actual, ni por ende en nuestras mujeres u hombres que la componen.  

“Queremos que sea reconocida nuestra forma de vestir, de hablar, de gobernar, de organizar, de rezar, de curar, nuestra forma de trabajar en colectivos, de respetar la tierra y de entender la vida, que es la naturaleza que somos parte de ella. (…) Ya no permitan que nadie ponga en vergüenza nuestra dignidad. Se los pedimos como mujeres, como pobres, como indígenas y como zapatistas”. Discurso de la Comandanta Esther del EZLN ante el Honorable Congreso De La Unión, Marzo 28 del 2001.

“Vivimos este sacrificio en sangre y en vida sin esperanza y para no morir de rodillas y limosneando tomamos la decisión de organizarnos con rebeldía para pedir lo que nos hace falta, nuestros derechos. Y lo que encontramos como respuesta de nuestra demanda fue la persecución, la cárcel, la humillación pero no pudieron reír viéndonos rendidas… Por eso ahora que estamos aquí no es que venimos a ponernos de rodilla ni implorar ni que nos tengan lástima, no queremos changarro, vocho ni tele, queremos que se nos reconozca nuestro derecho como indígena y como mujer”. Discurso de la Comandanta Esther del EZLN  en el Zócalo, México DF, 2001.

En nuestro escenario electoral actual, reemplazará el presidenciable, a nuestra actual Presidente mujer, de quién no corresponde, hablar en términos políticos ante la inminencia de la conclusión de su mandato, será ya la historia, politizada, claro está, la encargada de esta encomiable tarea de ponerle palabras a un período de ocho años más cuatro.

Lo que sí podemos exclamar hoy, es el rol que nos da la política, de la mujer; hijas, esposas, hermanas y todo el árbol genealógico con ramas, ramales y ramitas. No podrían hablarnos de otra cosa que no sea de sus mandantes, por más que ellas astutamente tercien y probablemente terminen siendo las mandadoras de sus supuestos mandantes, pero más allá de esto, lo cierto es que la discursividad, es decir lo que puedan llegar a decir, plantear, proponer o razonar, no será más que una versión más proverbialmente elegante de lo que podría estar planteando su hombre o un hombre, y eso es cosificar a la mujer, en grado sumo, casi que podríamos arriesgar que es apología del feminicido, pero esa trinchera a la mujer que maneja poder, por intermedio de su hombre, no le interesa, porque dejó de ser mujer, para ser parte de una estructura que se beneficia y reditúa a costas del sufrimiento de mayorías, que cada vez son menos silenciosas, menos invisibilizadas, menos ninguneadas, que están más allá del género masculino o femenino, que son más humana/os.

 

 

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