Viernes 2 de Octubre de 2026

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El temor reverencial en el ejercicio político.

Hasta hace algunos meses atrás, nuestro código civil contemplaba el concepto del temor reverencial, una vieja figura del derecho romano, ordenadora en la tradición del “pater familia” o en la residencia de la autoridad (y por ende el poder) en el hombre jefe de hogar (no por su presencia en el mismo, sino precisamente para paliar su ausencia ante la partida a las diferentes campaña bélicas), siglos después, lo que en un comienzo sirvió para consolidar las instituciones familiares y sociales, devino, en patriarcalismo y machismo, abusivo e intolerable. En plena búsqueda de nuevas valoraciones, sin embargo, en nuestra política vernácula, la figura del “Temor reverencial” no sólo que está presente, sino que además, es el principio rector por el que se ordenan los asuntos políticos. “Todos le tienen miedo a…” Es la frase que suena y resuena en todas y cada una de las voces, sean opositoras u oficialistas, demarcando que la principal arma que posee el gobernante, es el de, al menos mantener, el temor que su figura de poder despierta ante todos y cada uno de sus gobernados.

“Nosotros tenemos Candidato”.

En pleno Barrio La Cruz, de la Capital Correntina, en las oficinas del Diputado Martín Barrionuevo, el intenso Enero no parece dar cuenta de estar desarrollándose. Secretarias y colaboradores, llamados y visitas de dirigentes del interior, computadoras, televisores y radios en funcionamiento activo, parecerían que quieren indicar que se está a una semana de las elecciones, o en plena actividad legislativa, al ritmo de la entrevista, uno da cuenta, que es una forma, una manera de entender la política, y también la dedicación, ante la nueva oportunidad, que como dirá el Diputado “Somos los únicos que tenemos un candidato” que se abrirá en 2017 ante la nueva elección a gobernador. Barrionuevo no lo dice, pero en él, como en el espacio denominado “Camaucismo” siempre se debe atender más a los hechos, que a las palabras, por más que se trate de una entrevista.

Surrealismo experimental, el horizonte.

El pájaro rompe el cascaron. El cascaron es el mundo. El que quiera nacer tiene que romper el mundo. Hermann Hesse.

Pertenecer y Compartir.

Aventuradamente uno puede arriesgar que uno de los males, culturales, del hombre actual, es como canalizar sus irrefrenables deseos de ser parte de un colectivo, conservando su egoísmo exacerbado. Para ponerlo en un caso concreto, El término compartir que inunda las redes sociales, es tan vacío y efímero, como multiplicado y efectivo. Símil a los afiliados de un partido político que se cuentan, en nuestra provincia de a cientos de miles, pero los que realmente participan y son luego ofertados a la ciudadanía no llegan a los mil. O para graficarlo más contundentemente, la fuerza política en los principales espacios de administración del país, que aún no puede terminar de formar su escuadra de funcionarios en las principales áreas (ni que hablar de las secundarias o terciarias).

El Víctor Hugo de los Miserables (Una versión contemporánea y Rioplatense).

Sí bien, algunos, los más perspicaces dirán que la humanidad está condenada a transgredir lo impuesto, en caer en esa tentación de la que somos hijos (Sí Eva no hubiese comido la manzana no tendríamos humanidad), lo cierto es que tampoco podríamos caer en otras en donde culminaríamos en la cárcel o el psiquiátrico (si nos dejamos librados a nuestra instintividad por ejemplo) por tanto, esta seductora y contradictoria propuesta de análisis es perfectamente aplicable al atiborrado, de números y guarismos, mundo de la política vernácula donde se dan apreciaciones por doquier, cayendo muchas en extremos, no necesariamente peligrosos, pero si risibles, simpáticos y humorísticos de batallas que nunca han sido tales y en donde nunca estuvo en juego la libertad de expresión de nadie, sino los ingresos ingentes de quiénes usurparon representatividades por acomodar el timbre de voces, que siempre estuvieron al mejor postor, miserablemente.

La carpeta de nombres en Punta del Este.

Tal parece ser la cuestión de momento en el círculo rojo, sobre todo en el oficialismo provincial, que ahora cuajo también botín nacional. No bastan casi dos décadas en el poder, siempre la ambición desmedida y la lógica de mantener solo a flote a los que sirven (sí usted se toma el trabajo, bah, ya lo sabra, que los verdaderos “hacedores” de los políticos vernáculos notables, son tipos que nunca cobraran bien o merecidamente, les pisotean la autoestima y son los verdaderos cerebros de quienes posan para la foto y se llenan la Banelco) descubrirá que una tía lejana, cuando no el primo con el problema de salud, necesita del conchabo estatal. El exordio, el pedido, la solicitud, en verdad la clemencia, el grito desesperado de gran parte de la clase política que aguarda de los popes ratificados o ungidos tras las elecciones nacionales, la decisión que convierta a alguno de sus postulados en el selecto grupo del funcionariado, que además de sueldo jugoso, brinda en nuestro sistema político, la consideración mediática (es decir que existas para el ámbito de la comunicación), el pago por parte del estado de nafta, oficina, celular, gastos de representación, viajes, es decir el arropamiento, la investidura de quién está un paso delante. Parámetros o referencias (no hablamos de concursos públicos ni mucho menos) para ser designado, ni lo sueñe, en el mejor de los casos, que en la lejana, en todo sentido, Punta del Este, en un mediodía en el frío mar, o comiendo algo sobre la selecta Gorlero, el gran Ricardo, por la perinola de su discrecionalidad, subraye el nombre del tocado por la vara mágica y así le llegue (seguramente vía correo electrónico, enviado por su hijo o funcionario) al Presidente y este lo convierta en funcionario nacional.

Un vuelco del destino, la promesa incumplida al Gaucho o la intermediación de Xangó.

La gran patria latinoamericana, exuda, con sus venas abiertas, las conflictividades que por incapacidad tanto de su clase dirigente, como de su corpus social, no logran desatar el nudo gordiano de la relación con las drogas ilícitas, o mejor dicho de su propia relación con lo ilícito o con lo normativo. Tanto en México, como en Argentina, por diferencia de horas, fueron recapturados en operativos cinematográficos, evadidos de la ley (que paradojalmente, tenían en sus negocios o en sus antecedentes un estrecho vínculo comercial, al menos de bandas de ambos países, con el tráfico de la efedrina) que demostraron en sus tiempos de prófugos que contaron y cuentan, con apoyo del poder político o de cierto poder político, que en mucho de los casos, actúo, ¿actúa? Atendiendo ambos lados del mostrador. En el perdido pueblo Santafesino, donde los pistoleros del conurbano bonaerense fueron atrapados, cayeron más por fatalidades del destino, que por el operativo desplegado por las fuerzas de seguridad y el acompañamiento mediático que nos vino aturdiendo durante casi dos semanas.

A propósito del Dengue.

Sí desde aquella primera vez, que al humano se le ocurrió pensar que existiría una suerte de avance o progreso de su prole, mediante la tecnificación de los saberes, y le hubiesen profetizado que en pleno siglo XXI comunidades enteras, permaneceríamos en vilo por un virus, cuyo vector es un mosquito, automáticamente hubiera renunciado a tal hipótesis. El problema de aquel pretencioso, ya no es tal, sino es un problema de todos lo que habitamos estas vastas zonas, en donde el estado ha sido usado para las prebendas y prerrogativas de los que detentan poder, en detrimento de políticas que prevengan este tipo de situaciones, situación que agrava el cuadro ante las adversidades que naturalmente debemos sortear como humanos arrojados a un mundo complejo del cuál solo somos una parte. Sin embargo, el virus, como lo es la falla en un sistema estandarizado de computadoras en red, como nos ha demostrado Hollywood con sus películas, es una anormalidad, es un evento no previsto o no deseado, la noción de lo virosico, como aquello que escapa a la media, al hastío a lo monótono, es una forma de salvarnos de los términos inhumanos en los cuáles somos sometidos quiénes se nos exige obedecer, obcecar y no preguntar, cuestionar o pensar como el poder, o en su deseoso reinado donde nada se piensa, y todo lo que se dice es a partir de ese no pensamiento. El virus, como el Dengue, se transforma en un arma, de todo un ecosistema, que se defiende de su hostigador.

Corrientes en Enero.

“Nosotros a quienes se mira con desdén, porque somos pobres, a quiénes se tiraniza, porque somos débiles (…) ¿Te parece bien que, mientras esa clase que nos domina goza de todos los favores de la fortuna, nosotros eternamente sometidos y degradados, nos conformemos únicamente con la pena, el abatimiento y el dolor, o la necesidad, las lágrimas, la deshonra y el cadalso? (Sade, M, Justina o los infortunios de la Virtud, pp- 91-92)

Que la ciudadanía exprese la necesidad o el interés de contar con una reforma constitucional.

Tal podría ser el deseo, primordial de los hombres más poderosos de la clase política para el año entrante. Introducir un tema en abstracto, que jamás podría estar en el día a día de los ciudadanos comunes, o más alejados de la cosa pública (que en verdad esta alambrada, transformada en gueto o en coto de caza por la clase política, que de tal manera acrecienta su poder y privilegios por sobre el resto de la ciudadanía) no será un trabajo que sólo pueda deslindarse a los operadores mediáticos y a los alfiles comunicacionales del gobierno. Entender y comprender esto mismo, les exigirá que puedan ir un poco más allá de sus planteles, aburguesados, tras décadas de estar cobijados bajo el manto protector de los conchabos del poder, y buscar la amplitud, imprescindible, para que la necesidad de la reforma, no sólo sea cuestión de un grupúsculo de privilegiados que va por amalgamar esas prerrogativas que lo hacen tales, sino que pueda generar, un interés (hasta incluso engañoso) para un campo más amplio y que además, como si fuese poco, coincida con el estilo y la estética de un gobierno nacional en estreno, que se presenta bajo el sugestivo (para los que se definan o sean conservadores) significante de “Cambiemos”.