ANÁLISIS  15 de enero de 2017

El Ricardocentrismo.

Tal como el sol, como el mismísimo Dios, el principal elector de la provincia, no dejo de ser protagonista en su ausencia estival, cuál domingo de descanso para el creador. Tuvo su propio Judas, que sigue negando, por tercera vez que lo traicionara y todos continuaran pendientes de su salomónica decisión que dejará en armonía la provincia con el aire fresco y la luz mala, al menos hasta que se elija, si continuaremos en el reinado de quién cada cierto tiempo, plebiscita su gestión, y cada determinados períodos, como ocurrió con su primo, debe delegar la poltrona del poder, tal vez para probarnos en nuestra fe.

Por definición lógica, Dios es lo que no es el hombre, sino no tendría identidad alguna. Más allá de cómo se lo haya nombrado, sea piedra fundante de la humanidad, generador de causas o demás, nos encontramos ante un ente que es lo otro de lo humano.

 

Sí el humano es una creación de un ser superior, un desarrollo progresivo de la naturaleza, una conformación particular de una realidad social, una dualidad de alma cuerpo, un compuesto basado en esencia, o cualquier otro tipo de definición. Deduciremos que el hombre es dentro de un pensar metafísico, un ser inconcluso.

 

Sí el hombre es un ser inconcluso Dios es una entidad concluida. Más allá de quien haya inventado a quien o producto de la imaginación de, nos encontramos ante un desarrollo que aún no se ha topado con este primordial interrogante.

 

Dios representa lo ausente en el hombre, más que nada la pretenciosa y utópica ambición de que todo marche a la perfección, Dios básicamente es la afirmación de querer es poder, es el salvoconducto de un ser particular con realidad física que pretende denodadamente transformarse en una entidad general y a la vez real.

 

 

 

Por supuesto que esta pretensión denodada no es explícita. La justicia, el amor, la gloria y la eternidad son necesidades que hacen a que el hombre sea tal. Como los conceptos nombrados son ausencias necesarias de cubrir para el ser humano, también lo es la imposibilidad de encontrar una respuesta a todo los interrogantes, la incapacidad de vivir atemporalmente (ser eterno).

 

Dios es lo ausente. Lo que él no es, es el hombre. El motivo de la existencia de este tiene un nombre, Dios, que a su vez, como para transformarse en realidad efectiva y cobijar a cada uno de los particulares, puede desgajarse en el ser amado, la especulación, la perpetuidad de sensaciones placenteras, el poder, la ambición, la notoriedad. No se puede afirmar que Dios es una esperanza de los individuos, situado en algún lugar fuera de la tierra. Tampoco de que es el gran creador de la humanidad. Dios es el destino que no pude ser exhibido. Es el destino que se va forjando. Es el azar interpretado como necesidad y la necesidad interpretada como azar.

 

Dios es la nada del hombre, que existe gracias al ser, capacidad del hombre como para que exista la nada.

 

El hombre es la nada y el ser. Dios es el hombre de la nada absoluta, por ello necesita mostrarse como entidad o como ser superior. El hombre es el ser, por ello siempre necesitará justificar su existencia, pese a existir.             

 

Ricardo es ECO, Ricardo es el radicalismo, Ricardo es el sucesor. ¿Ricardo seguirá siendo Corrientes?-

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