ANÁLISIS  24 de abril de 2016

La política Argentina presentada bajo la lógica de un Boca Vs. River.

Indudablemente que es una de las aristas del fenómeno que localmente se dio en llamar “La grieta”, la condensada participación, que de un tiempo a esta parte, han cobrado, hombres vinculados al futbol para explicar la política nacional, nos brinda como resultante, que el fenómeno más complejo de la interacción colectiva, sea planteada, por quiénes se formaron y dedicaron su tiempo, energía y capacidad en analizar porque 22 hombres corren detrás de una pelota durante 90 minutos.

Por supuesto que de lo planteado se desprenda, aquel crimen Platónico de postular que los más sabios debían estar consagrados a lo político, por más que no se trate de lo primordial, de refilón, o inconscientemente planteamos, aquello, que debería ser considerado en verdad la primera herida narcisista de la humanidad, o al menos del humano democrático.

Que tantos periodistas deportivos, o afamadas celebridades que relataron o participaron de alguna u otra forma en el circo romano de nuestros tiempos, significa algo, que va mucho más allá de establecer criterios o una escala axiológica de quiénes deberían estar autorizados o no para hablar de política.

Lamentablemente debemos consignar esta verdad de Perogrullo. Nadie plantea un padrón de personas que podrían estar habilitadas para comentar acerca de la cosa pública. Un planteo de tal índole, sólo podría estar en las mientes de quíenes añoran procesos o sistemas auttoritarios.

Por supuesto que todos pueden y deben hablar de cualquier cosa en todo momento, y los medios, supuestamente públicos deberían garantizar esto. Sin embargos, que seamos respetuosos de los derechos humanos o de la libertad, no significa que seamos idiotas en el más Griego del término.

El sistema de medios, posee, utilizando esa lógica perversa de hacerse paladín de la libertad, un criterio, muy mañoso y discrecional, que por su propia lógica, no es evidente ni evidenciable.

Tenemos la pantalla de los medios de comunicación, poblada de tipos que dedicaron la mayor parte de sus vidas, a comentar, narrar, u observar, como 22 hombres corren detrás de una pelota, mirado por miles en las tribunas y por millones en los televisores. Esta verdad, palpable y objetiva, no resiste ningún otro análisis. La política que es discutida, por estas celebridades, no puede ser entendida desde otro lugar, que no sea desde una posición futbolística, no es casualidad que ellos mismos se planteen la necesidad de salir de “La grieta” cuando lo único que vieron, analizaron y estudiaron en sus vidas (o es a lo que se dedicaron primordialmente) por intermedio de una lectura de la política Argentina, como si fuese un Boca Vs. River.

Esta soberana falta de respeto a la dedicación, a la trayectoria y a la energía de cientos o miles de personas que dedicaron su vida a entender, interpretar y realizar política, desde diferentes lugares, pero que todos se aúnan en el fenómeno político, es perjudicial para el ciudadano, sea incluso este, visto como mero espectador.

Nadie plantea que posiblemente quiénes durante años, hayan transitado por experiencias en otros campos, decidan, de buenas a primeras (dando la derecha que lo hacen por convicción, y no por conveniencia) tengan más capacidad, criterio o inteligencia para comprender y analizar la política. Nadie se atrevería a tanto, a inventar un báculo que determine quién es más capaz que quién. No se trata de determinar esto, o de que este en juego la capacidad ni la inteligencia.

Hablamos de algo mucho más profundo, del respeto y del valor que le damos a la honorable dedicación de hombres y mujeres que apostaron sus vidas (tiempo, energía, voluntad) y que son ocluidos, excluidos, por celebridades que de acuerdo a un sistema al que como mínimo se le debe cuestionar su moralidad, establece que miden o son bien vistos y por tanto los ponen en la cancha, a comentar la realidad política, como si fuese un partido de futbol.

Este fenómeno está asociado, a cientos de personalidades que han tenido éxito o fama, sobre todo en el mundo del deporte o en el mundo artístico y de buenas a primeras se decidieron a participar en política, siempre, desde el apoyo de estructuras que lo ponen en las cimas de las carrozas electorales para que pasen sus sonrisas y carisma, casi siempre vacías de todo tipo de planteos o proyectos conceptuales.

Los barrabravas, cómo si faltase, alguna asociación más, son tanto las fuerzas de choque como de presencia para partidos, futbolísticos como políticos.

El día que como sociedad, respetemos, no los resultados (que por si no se dieron cuenta, siempre son manejados por quiénes plantean las reglas de juego, sea de un partido como de un sistema político) sino los procesos que llevan a cabo hombres y mujeres, la dedicación, el esfuerzo y la energía concedida a un determinado campo, y a estos le diéramos la oportunidad, cerrándosela a los oportunistas que viven del esfuerzo como de la carroña que se desprende de los que verdaderamente hacen o piensan ese hacer, entonces, tendremos frente la verdadera grieta, entre los tipos que trabajan por un país mejor, y los que están expectantes en que será mejor para ellos, y nos daremos cuenta que estos son muy poquitos, pero que alguien los ha subido a un pedestal en donde nos condicionan a que los miremos y que pensemos la realidad desde su perspectiva que cómo mínimo esta fuera de juego o del juego real de lo que se trata la política.

  

   

 

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