ANÁLISIS  31 de marzo de 2016

Constitución, algo muy nuestro.

La primera bandera de Corrientes data del año 1815. Aunque tal como la conocemos hoy, rige como emblema institucional desde el año 1986. En ella se destacan tres palabras: Patria, Libertad y Constitución. Constituyen una trilogía de valores cívicos y éticos con los que el pueblo correntino se ha identificado desde los primeros años de la Independencia. Justamente desde aquellos años la provincia de Corrientes cuenta con una Constitución provincial que ha sufrido numerosas reformas a lo largo de su historia.

Representa también un proyecto de provincia y ciudadanía que los correntinos han sabido llevar con mucho orgullo durante casi doscientos años. Es por ello que toda cuestión que esté ligada a la idea de modificación o reforma de la carta magna provincial, es una cuestión que sacude las entrañas mismas de la sociedad. La  Constitución no es más que un contrato político en donde la sociedad establece las normas de convivencia más importantes como así también elige el sistema político que regirá sus relaciones con el poder y sus representantes.

En estos últimos meses, a través de distintos medios periodísticos, hemos tomado conocimiento de la intención de someter nuevamente la Constitución local a una reforma. Cuando aún no han pasado, ni tan siguiera, una década de su última reforma (año 2007), aunque todavía la motivación es difusa, alguna información circula por los pasillos del poder y sus actores. Algunos hablan de introducir un artículo “a la formoseña”. Es decir, establecer la reelección indefinida del gobernador de la provincia. Otros hablan de alargar el mandato dos años para hacer “coincidir” con las elecciones nacionales. Por supuesto, no se puede negar, alguna que otra idea que pretenda verbalizarse en la Constitución Provincial con el objetivo, claro está, de prolongar de alguna u otra forma el período de gobierno de la actual administración de la provincia.

En este sentido, toda reforma que pretenda modificar la Constitución, y más aún en esta provincia, no resulta sólo de la participación de los representantes políticos de la sociedad. Se ha visto la manera en que la sociedad correntina es celosa de su Constitución. En este contexto la discusión debe ampliarse a todos los sectores que conforman nuestra comunidad.

Una reforma requiere de un alto grado de legitimidad. Es decir, que debe estar justificado socialmente por la amplia mayoría de los hijos de Corrientes. Debe ser un producto mesurado y pensado para regir no sólo el presente, sino el futuro próximo de los correntinos. Más allá de la reelección, se reconoce que es una oportunidad importante para establecer mejoras a las distintas instituciones que la Carta Magna contiene. Sin embargo, se debe ser cauto porque no ha pasado mucho tiempo de la última reforma que ha enriquecido enormemente el articulado de la Constitución.

Corrientes ha sido una de las primeras provincias que ha tenido Constitución propia y ha sido tan importante, que inclusive constituye una de las palabras centrales de su emblema. Por eso, estas cuestiones no pueden ser tomadas a la ligera. Como tampoco estar condicionada a la voluntad personalísima de perpetuarse en el poder.

Por todo ello es importante evaluar a través de la participación de los ciudadanos la oportunidad y el significado que tendría para nosotros esta reforma cuya existencia por ahora es un susurro que el viento.  Pero la Constitución no es propiedad de ningún grupo político, y menos aún de algún gobierno en especial.

Es propiedad de toda la comunidad política, porque rige la vida de todos, de los niños, de los ancianos, de los adultos, de los jóvenes, y de las distintas instituciones del Estado.

Se ocupa de nuestros derechos, de nuestros deberes, y rige inclusive para los que en el futuro ocuparán este bendito suelo de Corrientes. Por ello, debemos estar alertas ante cualquier avance que signifique romper una tradición de casi dos centurias. Seguramente detrás de discursos y argumentos preparados para la ocasión, se intentará exponer la reforma como una necesidad inmediata. Por eso, es momento de ser partícipe, por si los rumores se corporizan y se transforman en una verdadera iniciativa política.

Los hijos de Corrientes hemos adoptado como madre de nuestra República a la misma Constitución. Por eso, le debemos un profundo respeto y no podemos dejar que ella sea producto de ambiciones personales, y menos aún, de difusas intenciones y manipulaciones interesadas. Nuestra Constitución, en términos jurídicos, políticos y sociológicos, goza de una absoluta salud. Quizá nuestro objetivo más próximo y prudente, más bien sea hacerla valer en todo su esplendor y alcance, que estar especulando en sus cambios.

Por último, con el momento histórico que nos toca vivir sin olvidar que quienes fundaron esta provincia fueron sujetos profundamente republicanos. Y que no hay República sin Constitución, y no hay ciudadanía si no se cumple la carta magna.

Juan Bautista Alberdi decía que en las constituciones debían reflejarse las grandes soluciones a los grandes problemas que tienen las comunidades destinadas a regirse por aquellas. Estaremos alerta. Y seguiremos pendientes de las novedades del poder, pero motivados por un profundo sentimiento de compromiso político con Corrientes y los correntinos. Seguramente, estamos viendo los primeros capítulos de una historia que, aparentemente, ya ha comenzado a transcurrir. Finalmente, haciéndonos eco del refranero español, podemos decir que cuando el río suena… alguna que otra cosa trae.

Por el Concejal Justo Alejandro Estoup.

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