ANÁLISIS  1 de julio de 2015

Claves políticas para entender penumbras del ámbito judicial.

Podríamos hacernos los desentendidos y dejar a la madre casualidad, que lo que parecen cabos dispersos, simples o supuestamente vinculados a los designios del azar, cubran con su manto protector a una nueva muerte, previa a las elecciones, de un abogado mediático, conocedor de los hilos invisibles que sostienen el vinculo entre poder político y judicial, y la pérdida, sospechosa, de un vuelo, para medios nacionales, para quién nosotros creemos que es el sucesor del gobernador, el Diputado Valdés, a quién probablemente, se le haya encomendado, oficiar actividad similar, con fines distintos, del ejercicio que llevaba a cabo el occiso, este por dinero, aquel por poder.

“Creemos la mentira, pero no soportamos la verdad” dice en uno de sus últimos hits musicales, el cantante René, de la banda “Calle 13”, casado con una modelo argentina y que le factura, paradojalmente, en cantidades industriales, al sistema que ataca con sus poéticas letras.  Usted dirá, que raro que en la presente columnas se citen juglares, antes que pensadores o filósofos, no necesitamos a una rectora de una universidad (la que premio al grupo musical “La Renga” con el premio Walsh de comunicación) para que nos adoctrine acerca de que puede ser incorporado por las “masas” como algo cierto o verosímil, las academias siguen construyendo profesionales bajo la misma “corporatividad” y elitismo, con el que saca y pone funcionarios la “clase política”.

Y aquí comienza a tener sentido nuestro análisis. El llamado “mundo profesional” está viciado de nulidad de origen. Una cosa es lo que pregonan sus textos teóricos, que en verdad son meros resúmenes de fotocopias o libros de los mismos profesores que se los “venden” a sus alumnos como para ganar más, y otra muy distinta es el mundo del fuera, de la calle, de cómo ganarse el mango, vistiendo un uniforme, un traje o un overol.

La persistencia antológica de médicos y abogados que vomita, también en cantidades industriales, tanto en egresados como en ingresantes, año a año, nuestra región, no es más que una muestra de la falta de políticas públicas, de previsibilidad y habla a las claras de nuestra concepción conservadora de los usos y costumbres sociales.

Siempre es difícil hablar de quién ya no está más, peor aún, cuando su partida, lo fue de un modo trágico o violento como el caso que nos conmocionó recientemente. Nadie podría discutir de su férrea voluntad de trabajo y de tantas virtudes, que la sabrán mejor sus seres queridos, pero sin ningún lugar a dudas que sí de algo sabía el abogado que alguna vez supo llevar a su pago chico al ex presidente Duhalde, era de lo que en el norte se llama “lobby”, podríamos agregar judicial. Es decir su éxito, no se acendraba en lo sustancioso de sus argumentos, en los juristas del derecho citados en sus escritos o en la acumulación de pergaminos académicos post título. Lo suyo era la realidad más concreta y palpable y allí le iba mejor que nadie, desarrollando casi intuitivamente su red de contactos, meticulosamente forjada, haciendo uso de su carisma o de su sonrisa, ponía en juego, como en una bola en la ruleta, su poder de persuasión ante quién pudiera hacerle ganar un caso más y con ello sus correspondientes honorarios (a tal punto conocía el juego, que como los célebres de Buenos Aires, tomaba casos de trascendencia mediática que le reportaban desde este lugar y no remunerativamente).

Pero lo Tito nos debe servir, no para esa zoncera de “que todo se transparente”, sino de entender que ciertas operatividades, tienen una codificación diferente, distinta. Un código, en donde lo que es, no es lo que se dice. Por ello, la única clave nunca será descifrada, para un caso que de acuerdo a los investigadores ya fue cerrado. La corporación no querrá saber de su celular y de sus llamadas, nunca se lo peritará en caso de que se lo encuentre.

El avión que no despego y que al parecer le birló la posibilidad de ser parte de la reunión en el consejo de la magistratura al elegido del Gobernador, de acuerdo a medios nacionales (ver link http://www.lapoliticaonline.com/nota/90395-el-radicalismo-negocio-la-salida-de-cabral-con-el-gobierno-por-la-causa-de-coimas-en-el-senado/) “El radicalismo negocio la salida de Cabral con el gobierno…” podría estar vinculado, a una tarea sólo apta, para quién pueda ser escogido como sucesor del actual detentor del Sillón de Ferré. Tampoco es casualidad que desde la AFIP, hace unas semanas se haya azuzado la posibilidad de “mover” la causa que se llevó un muerto en 2009. Tampoco sería casualidad, o sí, que se haya accidentado quién hizo la presentación. Menos casualidad sería que de un tiempo a esta parte, ese mismo “azuzamiento” decaiga, se evaporé, se disemine. Bien valdría esa tarea bien llevada a cabo, el premio de sucesor. Bien vale, perder un avión y “denunciar” por Twitter a la maniobra.

Tal como el abogado muerto, este tipo de tareas, sustanciales para el poder, para esos hilos invisibles que “acomodan los melones” para el común de los mortales, no son para cualquiera, y en el primer caso, se premian con poder económico a riesgo de terminar como se terminó, y en el último caso, se premian con poder político, a riesgo de que todo termina en la nada, se evapore en el aire, o lo que es peor, en una causa judicial.

Tampoco habrán pruebas o peritajes, exigirnos esto, a quiénes soslayamos un análisis, es un acto criminal, que sólo beneficia a los que prefieren el manto protector de las casualidades y que sin ningún lugar a dudas tienen algo que ver con lo que nos pasa o nos deja de pasar. René tiene razón, no soportamos la verdad, el no soporta la suya, de ser gracias a lo que critica, y nosotros la de intuir independientemente de un rigor científico que en la vida no existe. Usted puede elegir, y sea feliz con ello.

 

 

 

 

 

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