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FILOSOFíA

27 de febrero de 2022

EL PSICOANÁLISIS: ¿plataforma para una ética comunitaria?

Los subterráneos no son siempre físicos y cimentados en piedra. Por el contrario, los más profundo e insondables radican en el interior; son como pozos repletos de recónditos recovecos de los que es harto difícil desentrañar un hilo conductor que los haga, y nos haga comprensibles.
Así como quien se halla en una gruta material busca por instinto de supervivencia salir y escapar de esa madriguera, quienes están sumidos en la oscuridad de íntimos laberintos no siempre poseen el coraje de una huida veraz. A menudo la fuga se efectúa mediante paliativos que adormecen el sufrimiento y que son pan para hoy, y hambre para mañana. Es decir, un lenitivo que nos envuelve en un ciclo redundantemente viciado y sin escapatoria.

Emerger del túnel propio no consiste en olvidar, al revés; el olvido es enemigo de la experiencia y es preciso retener siempre lo aprendido, no necesariamente el detalle empírico de lo sucedido, pero sí lo que hallamos exprimido de ese dolor y, por ende, lo interiorizado que nos permita no caer en el mismo hoyo. El sufrimiento puede devastar inexorablemente a la persona o bien, dotarla de una fortaleza interior que le permita afrontar contingencias peores.

Ahora bien, este trabajo del yo que renace como el ave Fénix de sus cenizas es difícil llevarlo a buen puerto en soledad. Es tan íntimo, intenso y doloroso que necesitamos la ayuda de alguien con la capacitación para ello. Y aquí, recomiendo huir de gurús, autoayudas y otras ofertas del mercado de consumo. Desde mi perspectiva la práctica que nos acompaña en el autoconocimiento y autocomprensión es el psicoanálisis -sea en forma más clásica o las terapias dinámicas más adaptadas-.

Es mi propósito explicitar que el psicoanálisis no cura, en el sentido ordinario del término, porque no estamos hablando de un daño físico y los términos médicos no son adecuados en este contexto. El psicoanálisis es un camino personal que se inicia con coraje y voluntad acompañado por un especialista -que a su vez ha recorrido antes esa vía propia-, donde quien trabaja duro, padece y sufre en muchos momentos es el psicoanalizado. No es un calmante, nada más lejos. Es una agitación interior que reviviendo la manera en que sentimos lo sucedido no lleva a comprender e identificar con mucha paciencia y tiempo de dónde provienen emociones y formas de actuar que no nos gustan de nosotros mismo, porque tal vez no las consideramos adecuadas, pero que no podemos evitar. Entendiendo esa génesis de nuestro yo, somos capaces de discernir entre lo que proviene del exterior y que lo que proviene del interior, evitando proyecciones a veces persecutorias que nos hacen reaccionar de manera desproporcionada e injusta.

No hay que padecer un trastorno mental para psicoanalizarse, solo una inquietud y necesidad de entenderse a uno mismo, aunque padeciendo un trastorno el psicoanálisis puede constituir una buena terapia para muchos individuos, algunos, nunca para todos.

El reto de mirarse al espejo a sabiendas de que lo que vamos a ver no nos va a gustar siempre, es un gesto de honradez con uno mismo, de cuidado propio y de cualquier otro que siempre interacciona con nosotros. Lejos de un acto narcisista, que no niego que pueda aflorar porque quizás ya estaba latente, es un gesto que busca la veracidad. Partiendo de este duro tránsito largo, nos hallamos en condiciones de ser más comprensivos con los otros, más tolerantes y huimos de juzgar a nadie. Tal vez porque hemos captado que nadie está legitimado a enjuiciar los actos de los otros de los que desconocemos lo nuclear.

En síntesis, el psicoanálisis no está caducado, aunque no son buenos tiempos para ahondar en las carencias propias empleando tiempo y recursos económicos que suponen renunciar a muchas cosas. Son tiempos calificados de líquidos, gaseosos, …que nos impelen a la búsqueda de la satisfacción inmediata y pronta. Aunque esta constituya uno de los engaños más generalizados porque bien sabemos que, su volatilidad, nos deja al poco tiempo desnudo nuevamente, necesitando urgentemente cosas que vuelvan a aliviarnos.

Solo desde un sujeto -en el sentido de un individuo con la consistencia que está al alcance de la condición humana- podremos tejer redes con los otros, y que de ellas surjan comunidades donde la prioridad sea el bien común, el compartido; siendo capaces por voluntad propia de renunciar al interés individual. En este sentido, el psicoanálisis no es una ética, pero sitúa a los individuos en una nueva perspectiva en la que lo ético y lo político adquieren relevancia, porque nos hemos hecho conscientes de la fragilidad de cada uno, de que todos somos víctimas y verdugos y de que lo único que nos puede redimir es la vocación comunitaria de la propia existencia.

 

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