Jueves 29 de Octubre de 2020

  • 17.2º
  • Nublado
  • Fecha

  • Contagios

  • Recuperados

  • Muertes

31 de mayo de 2020

ESE MÁGICO MOMENTO, de Noelia Barchuk

Una mirada sobre la labor del escritor.

ESE MÁGICO MOMENTO

De Noelia Barchuk

 

   Trascender, pasar a la inmortalidad, grabar nuestro nombre en el firmamento de las letras… La adorada intención de los escritores. Pero para llegar a todo aquello soñado, habrá que transitar un camino largo. Ése que comienza por escribir. ¿Y cuándo escriben los que escriben? ¿Cuándo llega la inspiración o producto del esmero consciente?

   Tal vez, en el colectivo imaginario del lector, se esbozará la idea que el escritor escribe cuando es visitado por las musas. Casi poseído por la escritura, se afanará en dejar plasmado todo su arte en el papel o bien, pantalla de medio electrónico. El problema se presentaría, siguiendo esta hipótesis, en la frecuencia en que escritor e inspiración se unen. Gracias a ello, resultan períodos infértiles, donde no salen las palabras. Épocas de sequía, de páginas en blanco, de lápiz en la oreja.

   En contraposición, tenemos la figura del escritor que se sienta a escribir, con la visión de salir al encuentro con su creación. Ve al proceso creativo no como un hecho del azar o de la predisposición emocional, sino como un acto volitivo. Pueden tener algún “disparador” que los accione a encarar el texto hacia algún punto especial o tan solo enfrentarse para sacarle chispas al teclado.

   Sea cual fuere el método que cada escritor eche mano al momento de escribir, puede considerarse mágico. La palabra negada salta de los labios, que la pronuncian como la mejor de las verdades. La oración tímidamente comienza a tener forma. Las comas se reparten con criterio al igual que los puntos y seguido. Va fluyendo el relato. El autor puede sonreír con algo de suerte y buen humor. Los habrá de mal genio, que solo siguen frunciendo el entrecejo, hasta que terminen el trabajo.

   Café, su aroma inundando la habitación en penumbras, de madrugada. Mate, intercambiado entre manos compañeras y cómplices, mientras se dispensan unos minutos del trabajo formal, al noble oficio de escribir. Leche materna, mientras una madre amamanta a su hijo y graba audios con el material perfectamente craneado.

   Así, ese mágico momento va adquiriendo significado particular para cada autor, olores, horas, costumbres con sello propio. Isabel Allende, en su obra “La suma de los días”, comenta casi al pasar, que no puede dejar de comenzar su nuevo trabajo antes o después del 8 de enero. ¿Peculiar, verdad? Pues bien, si a ella le resulta encerrarse esa fecha específica para dar inicio a su nuevo material, enhorabuena.

   Por lo tanto, cada creador se reunirá con el manojo de recursos que disponga para detener el tiempo. Algunos afirman que esas horas, días, meses y hasta incluso años, que dura el proceso creativo de la obra, son insoportables. Para citar a una distinguida representante de esta corriente, nada mejor que Elena Poniatowska. La ganadora del Premio Cervantes en 2013 ha manifestado que nunca está contenta con lo que escribe.

   “Escribir a veces es una chinga (un aporreamiento), es pesado. Cuando veo lo que hay afuera digo: ¿por qué no estoy afuera haciendo la vida en vez de estar atornillada a una máquina de escribir?”, expresión textual de la artista mencionada.

   A título personal, como autora emergente y periférica, con el debido respeto puedo afirmar adhesión al bando contrario: escribir es un placer. Lejos del dolor, ofuscación o apremio por terminar el material, el hecho puro de escribir conlleva felicidad.

   Esa sensación de bienestar que al margen de estar narrando un pasaje aterrador en un cuento del género, atraviesa las fibras más profundas. La idea de crear escenarios nunca visitados para poder cumplir con la misión narrativa; dotar de vida a los personajes  para brindarles una vida ficcional con características determinadas, es lo más parecido a jugar ser Dios.

    Sentirnos creadores de hombres, mujeres, animales, seres imaginarios, hace que nos creamos nuestro propio cuento. El libre albedrío para diseñar cada página es, sencillamente, don divino. No en vano, puedo ratificar que se trata de “ese mágico momento”. Lidiar luego con el juicio de los ojos ajenos, que escrutarán nuestra labor, ese es tema de otra vez. Por el momento, quedamos con la sensación de tener la varita mágica y escribir todo aquello que imaginamos.

 

COMPARTIR:

Notas Relacionadas

Comentarios

AMADEUS KAFKA

Cierto amiga mía: el escribir es como una suave fragancia al gusto del olfato, las notas que van encontrándose en el aire de dicho perfume, nos va dando la idea de que se puede plasmar sobre el papel. Así lo veo yo; y también es un gusto divino sentir la venida de las ideas en la mente y nos ponemos prestos a escribir como posesos antes de que la idea se marche y nos deje solo meditando ambiguamente sobre lo que pudimos haber escrito y no se logró, creemos en retomar la idea y llega, pero ya no de la misma forma que al principio... En fin, el escribir es como un banquete, cada comensal tendrá su punto de vista de los platillos, para unos estará al dente, (dirían los que saben), para otros como una comida cualquiera, pues en gustos se rompen géneros y no a todos se les puede dar gusto. Y sinceramente yo antes de jugar a escribir, me gusta más ser un asiduo lector del cualquier género que sea, siempre y cuando me cautive la historia, así soy yo. Gracias por compartir Noelia, te viviré eternamente agradecido por los que me haces llegar siempre. Y pido a Dios que estés llena siempre de inspiración para beneplácito de los que gustamos de leer una buena historia, pues como buen comensal, de repente nos gusta probar algo selecto. Dios te bendiga siempre

Responder a este comentario

AMADEUS KAFKA

Cierto amiga mía: el escribir es como una suave fragancia al gusto del olfato, las notas que van encontrándose en el aire de dicho perfume, nos va dando la idea de que se puede plasmar sobre el papel. Así lo veo yo; y también es un gusto divino sentir la venida de las ideas en la mente y nos ponemos prestos a escribir como posesos antes de que la idea se marche y nos deje solo meditando ambiguamente sobre lo que pudimos haber escrito y no se logró, creemos en retomar la idea y llega, pero ya no de la misma forma que al principio... En fin, el escribir es como un banquete, cada comensal tendrá su punto de vista de los platillos, para unos estará al dente, (dirían los que saben), para otros como una comida cualquiera, pues en gustos se rompen géneros y no a todos se les puede dar gusto. Y sinceramente yo antes de jugar a escribir, me gusta más ser un asiduo lector del cualquier género que sea, siempre y cuando me cautive la historia, así soy yo. Gracias por compartir Noelia, te viviré eternamente agradecido por los que me haces llegar siempre. Y pido a Dios que estés llena siempre de inspiración para beneplácito de los que gustamos de leer una buena historia, pues como buen comensal, de repente nos gusta probar algo selecto. Dios te bendiga siempre

Responder a este comentario

María Rosa Fernandes

Agradecida por siempre, pudiendo compartir la reflexión u explicación, de una gran escritora, que tiene el poder de llevarme a cada escenario y sentir la historia como tal...lo enriquecedor de lo que comparte en sus escritos, para mi si, lo es mágico... gracias por permitir conocerte a través de tus obras.

Responder a este comentario

martha

Hermoso sentir, ese instante de titubeo de largarse al ruedo.Me encanto Noelia.

Responder a este comentario
Escribir un comentario »