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EDUCACION

27 de mayo de 2020

"Hemos naturalizado la desigualdad en relación a la edad".

Entrevista al licenciado Matías Rivera, autor del libro "Adolescencias y lo político" en donde el autor observa agudamente, por intermedio de un trabajo de campo llevado a cabo en San Salvador de Jujuy, los efectos de nuestra cultura basada en un eje conceptual de lo "Adultocéntrico".

¿Por qué crees que se encuentra tan poco cuestionada u objetada la cultura adultocéntrica? 

 

Se encuentra poco cuestionada porque la forma en la que se materializa es casi imperceptible. Hemos naturalizado la desigualdad en relación a la edad como un factor de control sobre las distintas etapas del ser humano que no sea la adultez. Desde la adultez se ejerce una relación de dominación, que se encuentra legitimada en los discursos, en nuestras prácticas cotidianas, por eso no la cuestionamos. Porque creemos que para nosotros siempre fue así. Y cuando desde otra perspectiva se asume una mirada crítica, la primera objeción se sustenta en teorías biologicistas y evolucionistas, que entienden la vida de manera lineal, como en un proceso evolutivo donde pasas de ser incompleto a un ser completo, como cuando te dicen “cuando seas grande tienes que ser alguien”. Esta asimetría se encuentra tan arraigada en nuestra matriz de aprendizaje, que consideramos como normal la desigualdad, y como anormal la igualdad generacional. Una persona joven debe quedarse callada cuando un adulto lo regaña, pero, ¿podemos pensar esa situación al revés?, y sí esa persona joven contestara sería considerado un rebelde. Pues claro, las juventudes se rebelan ante una sociedad que los oprime sistemáticamente, y en esa opresión, se esconden los multiples porqué, de la invisibilizacion de las configuraciones culturales adultocentricas.  

 

¿Cómo constituye el adolescente su perspectiva de lo político?

 

Es interesante ver, en la investigación a la que refiere el libro, como se construye esa tensión entre estudiantes y docentes; adolescentes y padres-madres; como así también en relación a los actores políticos. Las adolescencias transitan, de manera diferenciada, el camino de la política, porque son diferentes. Con frecuencia se las homologa, pensándolas bajo un estereotipo dominante, resisitiendo a la política o participando de la política para los intereses de algún político. Rara vez se piensa a las adolescencias como una generación de pibes y pibas que de distintas maneras politizan sus practicas, desde la cultura, desde el deporte, o desde las instituciones tradicionales, donde se encuentra a muchas personas adolescentes participando en partidos políticos o mecanismos institucionalizados. Hoy, las adolescencias opinan mas de la política, hasta para conceptualizar a la política como una actividad contaminante; hoy tienen mas información y pueden hacer visibles como mayor facilidad y de esa manera constituirse en referentes para sus grupos de pares, es decir, hacen política. Lo que sucede es que la sociedad adultocentrica tiene una mirada sesgada sobre la participación política muy anticuada y basada esencialmente en el aspecto electoral. Pero la circulación de memes, stikers y emoticones resignificando los sentidos dominantes de la política, es otra menera de hacer política. Banalizando discursos, ridiculizando actores políticos, exigiendo de la clase política mas comprensión de las demandas sentidas de nuestro pueblo, y en este caso de la población adolescente. Por lo tanto, las configuraciones políticas son heterogéneas y diversas, y en esa diversidad debemos encontrar el escenario actual de la política argentina. 

 

A partir del trabajo en campo que constituye tu publicación, ¿pudiste elaborar lecturas acerca de cómo dimensionan los adolescentes el actual impacto del coronavirus y sus consecuencias?

 

Si, en ese caso debo decir que podemos encontrar varias respuestas. Por un lado, la dificultad de convivir con padres que sostienen que mientras vivan debajo del mismo techo no podrán hacer lo quieran, sino lo que se les impone. Por otro lado, las relaciones excerbadas, en todos los sentidos de la vida social, a partir de los entornos virtuales, dejaron en claro que son las nuevas generaciones quienes se encuentran mas preparadas para las sociedades del presente, aunque se les adjudique el futuro. Sin embargo, las dimensiones que representan las adolescencias, no están muy lejos de las que pueden constituir una persona adulta o adulta mayor, en el sentido de estar atravesadas por aspectos individualistas. Es decir, la variable solidaridad no aplica como eje ordenador de las practivas de cuarentena, aunque decirlo resulte antipático. Estamos preocupados por nuestras subjetividades mas que por la naturaleza colectiva de nuestras relaciones. Es por eso que se puede identificar en las redes sociales cierta disconformidad con la postergación de actividades de la promo del último año en colegio secundarios, o las tácticas de organización de encuentros, a pesar de las recomendaciones por la pandemia. Se cumplen con las medidas, solo por la capacidad coercitiva del estado, pero no se percibe el temor por el contagio, al que sumamos cierta suposición de inmunidad. Pero considero poner énfasis en identificar esta pandemia como evento disruptivo en las formas de comunicarnos y de cómo mediamos nuestras vidas, que encuentra en las nuevas generaciones mayor capacidad de agencia y de receptividad en relación a la administración de plataformas digitales. Desde estas técnicas y tecnologías, se generan las condiciones para poner en hacke los discursos adultocentricos que suponían una relación tradicional en la transmisión de los conocimientos y de las enseñanzas de herramientas para construirse en la vida social. 

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