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18 de mayo de 2020

“La besé tan dulcemente que le partí el corazón” (Alfonsina Storni).   

Un beso correntino, dio que hablar en la pétrea estructura de la correntinidad qué por intermedio de seguir escandalizándose por estos actos de libertad, filtra el síntoma de una comunidad, aún enferma de un mal mayor que el generado incluso por la pandemia y sus consecuencias. Preciso elemento, el del beso, para hablar del “acoso político” del “político-centrismo”, que da voz, palabra y espacio a los enquistados en los esquemas de poder, para suplicar incluso cargos en las repartijas más obscenas de lo más empinado del status quo que distribuye lugares de gestión con la misma lógica que tira, displicentemente bolsones de mercadería para obtener o condicionar voluntades aprisionadas por el hambre y la indignidad. Acoso político, una sociedad acosada, enmudecida por el temor y el pavor, de los acosadores de turno, que se reparten roles, entre oficialistas y opositores.

No es sencillo, tener que ejercer el rol de anoticiarle al poderoso de turno, que más allá de su circunstancial poder (que adictivamente este lo querrá perpetrar, horadando lo democrático, pese a que discursivamente diga que lo hace precisamente por finalidad opuesta, y que lo concentra en tiempos de excepción, excepcionales o de urgencia) puede mejorar con sus presentaciones , tanto en su individualidad como ejerciendo su rol ante la comunidad toda. Tanta legislación acertada hacia el sendero de evitar los diferentes tipos de acosos, pero ninguno que apunte hacia el corazón de los mismo, el acoso político, del uso y del abuso del poder, por parte de quiénes ni siquiera se esfuerzan por ser mejores políticos o intentarlo al menos en sus manifestaciones públicas. 

 

Probablemente el proceso sea irreversible, posiblemente estemos en una pendiente que inevitablemente nos conduzca, a en unos pocos años, que el grupo de olvidados por la política democrática, los que sobrevivan a la ineficacia de la imprevisibildiad y sus consecuencias, esos que se esconden por períodos, que se les consigna otro término, que se los define de otras maneras, por cuestiones semánticas que sirven a relatos o construcciones mediáticas, pero que siempre son los mismos, nos enfrenten a los otros, y ahí sí que la grieta, va a ser de verdad,  no un juego de palabras para aumentar el rating de un programa de televisión o para que un portal de noticias aumente sus visitante, porque esos otros, también serán los mismos, y en esa mismidad, se disputarán, lógica, natural y decididamente, el derecho y la razón de porque algunos, los menos, para más, son los que siempre tienen todo, contra, enfrente, versus, los que en misma proporción, y para mal de males, en mayor cantidad, han tenido casi nada o siempre menos. 

En este punto, en este hiato, que imploramos, anhelamos, deseamos que nunca se produzca (claro, desear se puede desear siempre, el cocainómano, fumador empedernido, alcohólico, obeso y sedentario, probablemente también desee cuando le duele el pecho que esa vez no le llegue el infarto…) porque seremos los que estemos en el medio, los que decididamente y en ese entonces no podamos hacer nada. 

Por ello es que insistimos ante nuestra clase dirigente, para que mejoren los estándares democráticos, o para decirlo sin ambages, que no se note tanto. Ya nadie les pide que no sean nepotistas, amiguistas, arbitrarios, al menos le pedimos que instruyan a cada uno de los que ponen y digitan con el índice. Aconséjenlos que al menos se asesoren por algunos que hayan leído algunos libros, que esa suma que hacen de llevársela toda (nombrar a toda la familia, parientes y entenados y que nadie los asesore realmente) no les va a servir en un futuro próximo, que será inexistente pues  por angurrientos se están llevando puesto este sistema en donde los únicos privilegiados son ellos mismos. 

Muchas veces el rol del intelectual se confunde con el de una suerte de profeta, que por hesitar, y por defecto intelectual de esa duda permanente observa siempre el vaso medio vacío, pero esto no es una cuestión de fe, mucho menos de artes adivinatorias, es una inferencia que va más allá de lo científico, no somos, ni seremos los únicos, sólo es cuestión de leer a quiénes nos han antecedido, fijémonos este caso, sino, en relación al mundo actual, moderno, de hipercomunicación como era descripto y detallo, 60 años atrás por el filósofo Martín Heidegger en unas conferencias que se editaron bajo el título de “Serenidad”:

…Pero el desarrollo de la técnica se efectuará cada vez con mayor velocidad y no podrá ser detenido en parte alguna. En todas las regiones de  la existencia del hombre estará cada vez más estrechamente cercado  por la fuerza de los aparatos técnicos y de los autómatas. Los poderes que en todas partes y a todas horas, retan, encadenan, arrastran y acosan al hombre bajo alguna forma de utillaje o instalación técnica, estos poderes ya hace tiempo que han desbordado la voluntad y la capacidad de decisión humana porque no han sido hechos por el hombre. Pero también es característico del nuevo modo en que se da el mundo técnico el hecho de que sus logros sean conocidos y públicamente admirados por el camino más rápido. Así, hoy todo el mundo puede leer lo que se dice sobre el mundo técnico en cualquier revista llevada con competencia, o puede oírlo por la radio. Pero, una cosa es haber oído o leído algo, esto es, tener meramente noticia de ello y otra cosa es reconocer lo oído o lo leído, es decir, pararse a pensarlo.

Evitar el acoso político, es más que nunca pensar y expresar el pensamiento, corriendo el tapabocas para ello y no dejarlo de usar para no perderse en el cuidado de quiénes lo han prometido y no lo lograron. 

 

Por Francisco Tomás González Cabañas. 

 

 

  

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