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ANÁLISIS

17 de agosto de 2017

¿Tenía razón el Viejo Oligarca?

Más allá de lo que se puede pensar, el Viejo Oligarca, es considerado un autor Griego de un texto, sin autor determinado, intitulado “La Constitución de los Atenienses” dada consideraciones como las siguientes, se signó a su posible autor con el epíteto que es utilizado como antipopular cuando no como antidemocrático, como sí una cosa fuese sinónimo de la otra. “Si quienes gobiernan de modo adecuado son los ricos y los hombres de provecho, lo que están haciendo los del pueblo es fortalecer lo opuesto a ellos mismos. Es en toda tierra lo mejor contrario a la democracia. Pues entre los mejores existe muy poca indisciplina e injusticia y es muchísima la atención a lo provechoso, mientras que en el pueblo es muchísima la ignorancia, la indisciplina y la miseria, pues la pobreza los arrastra a ellos con más fuerza a la maldad y a algunos de los hombres por escasez de medios económicos sólo les está permitida la falta de educación y la ignorancia” (El Viejo Oligarca, La constitución de los Atenienses).

…“En primer lugar os diré lo siguiente, que allí parece justo que tengan más los pobres y el pueblo que los nobles y los ricos por lo que voy a decir, porque el pueblo es el que impulsa las naves y proporciona potencia a la ciudad, los timoneles, los tripulantes, los pentecontarcos, los pilotos y los constructores de navíos, éstos son los que proporcionan potencia a la ciudad, mucho más que los hoplitas, los nobles y los hombres de provecho. Entonces, ya que esto es así, parece que es justo que todos tomen parte en las magistraturas en el sorteo y en la votación, y que esté permitido hablar a cualquiera de los ciudadanos. Además, las magistraturas que, si están bien desempeñadas, le procuran salvación a todo el pueblo y si no están bien desempeñadas le procuran peligro, estas magistraturas en absoluto tiene necesidad el pueblo de desempeñarlas; piensan que para ellos no es conveniente desempeñar por sorteo las estrategias ni las hiparquías; pues el pueblo sabe que es más provechoso no desempeñar él mismo estas magistraturas, sino dejar que las desempeñen los más poderosos; en cambio, las magistraturas que se hacen a cambio de una paga y de alguna ventaja para la casa, ésas busca el pueblo desempeñarlas. Luego, en un aspecto que a algunos resulta sorprendente, el hecho de que en todos los terrenos tengan más atribuciones los miserables, los pobres y los del pueblo, en eso mismo va a resultar que están protegiendo la democracia. Efectivamente, mientras los pobres, los del pueblo y los inferiores gobiernen de modo adecuado y sean muchos los que lo hacen, darán vida a la democracia; es el anhelo de libertad de los ciudadanos el que les mueve en favor de la democracia, que les permite expresar sus opiniones en las asambleas y participar en el gobierno; aunque pudiera ser mejor que éste estuviera en manos de los más preparados, sería a cambio de la esclavitud que impone la oligarquía a algunos sectores sociales, lo que hace más deseable el sistema democrático”.

El viejo oligarca, con un manejo de la ironía, por sobre las consideraciones filosóficas, estampa sus críticas a lo democrática como tiempo más tarde lo haría Bernard de Mandeville en la fábula de las abejas:

“Mandeville argumenta contra la oficial filosofía moral de la Inglaterra ilustrada —lord Shaftesbury, preceptor de Locke—, que consideraba «acción virtuosa» toda aquella que buscase un bien público, y tildaba de vicio todo egoísmo que no persiguiese el bien común. Esto quiere decir que son las buenas cualidades de los hombres las que hacen de ellos seres sociables y que el hombre está naturalmente inclinado a realizar acciones altruistas. La experiencia cotidiana, sin embargo, piensa Mandeville, nos muestra que el hombre no es un ser altruista, y que, por el contrario, suele buscar el propio beneficio. Mandeville duda incluso de que la sociedad se beneficie solamente de las acciones virtuosas. Por el contrario, es el vicio, es decir, las acciones que persiguen la propia comodidad, lo que beneficia a la sociedad. Sólo cuando los individuos, buscando su propio interés y placer, contribuyen y participan en nuevos inventos, y cuando viviendo lujosamente, hacen circular el dinero, la sociedad progresa y florece. En el pensamiento de Mandeville destaca sobremanera la idea del «lujo». Si todo el mundo fuese austero, si los seres humanos no buscasen el lujo y el confort, no sería precisa la acumulación. Gastar el dinero en lujos beneficia a los pobres más que la caridad misma, pues ésta mantiene a los pobres ociosos, mientras que la demanda de lujo les permite desarrollar una industria para satisfacerla” (https://www.taringa.net/posts/info/1095696/La-Fabula-de-las-Abejas-Propuesta-Economica.html)

A nivel democrático o de las democracias actuales, todo lo que adolece en la misma es sustento de su fuerza. Es decir todo aquello que nos hace faltar, es precisamente la ilusión que nos conmina a seguir sosteniéndola como sistema político y social. Aquí también reside el germen de su aspecto más criticable, no terminará de resolver ningún aspecto en profundidad, dado que cuando lo haga nos dejará de resultar interesante, atendible o sostenible como el andamiaje social y político en el que nos basamos. Los altos índices de pobreza o marginalidad, es la prueba cabal de esto mismo. Tales indicadores difícilmente se reduzcan o se cercenen en nombre o a favor de lo democrático, dado que la razón de esto mismo, es permanecer en todo aquello que ilusoriamente cumplirá algún día, día por otra parte que nunca llegará, al menos en este plano.

La democracia se transforma en una cuestión de fe. Sus críticos o negadores, pasan a ser tanto viejos (es decir que no pertenecen a lo actual, no forman parte del sistema), como oligarcas (defienden sus intereses que no son los de ellos, que tampoco son mayoritarios sino que usan a esas mayorías para decirse mayoritarios), cuando no marginales y privados de razón que vendría ser lo mismo.

Esta es la única razón por la que en distintos distritos del país no se puedan terminar de contar los votos. O en otros, en donde se definen las candidaturas que serán ratificadas en una elección con resultado obvio, la integración de esas listas no se defina no por democracias internas, sino por el simple, sencillo y transparente sistema de que los lugares de importancia le pertenecen y corresponden a los partidos que dentro de la alianza que conforman, sacaron mayor cantidad de votos, tienen mayor participación en el gobierno como en la campaña electoral.

Sí estas cuestiones, de alguna manera hasta normativas, es decir ordenadoras, en donde la lógica se implementa, no se cumple y todo queda resuelto a un capricho de un gobernante de turno o mandamás, entonces la democracia pierde hasta su encanto, que por otra parte es lo único que tiene.

El encanto de la democracia, en estas cuestiones de la actualidad, pasan por que sepamos quien gano una elección al menos en un escrutinio provisorio y que la conformación de listas en una alianza gobernante, se hagan por una lógica convincente, seria, como podría ser que partido saco más votos, antes que los payasos de turno, puedan aspirar a lugares por el simple hecho de dorarles la píldora a los que en privado, encima, recriminan y celan, furibundamente.

 

 

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