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ANÁLISIS

1 de enero de 2017

En la cocina del poder cocinando las expectativas.

A contrario sensu de lo que se pensaba (o de los pocos que piensan la política en la comarca) la convocatoria a las elecciones anticipadas y por ende desdoblamiento electoral, para elegir legisladores provinciales (potestad del ejecutivo provincial) más que una estrategia hacia la oposición (como para primerearlos, jugarles con la falta de recursos y con el peso del aparataje) es una bajada de línea, para evitar rebeliones en la granja, ordenar la tropa propia, que ya empieza a moverse en pleno burbujeo de las fiestas. Desde los relanzamientos de los partidos legislativos o unipersonalistas hasta los pedidos desesperados de visibilidad política, que ruegan al mandamás principal, usando a una de las víctimas de las mafias políticas, para que no se olviden de fulano o sultano, son muestras acabadas de esto mismo que expresamos.

Sinónimo por antonomasia de elitismo y sectarismo, alimentando un tufillo nauseabundo de oligarquía feudal, la figura de la “Mesa Chica”, es la que describe con mayor verosimilitud, la manera, el mecanismo y la forma, en que se resuelven las ofertas electorales, que nos impondrán los partidos, para elegir nuestros gobernantes y representantes.

Ningún dirigente o agrupación partidaria, escapan a las responsabilidades políticas que les caben, y que nuevamente, nos conducen a la marginalidad cívica.

Ni las convocatorias a internas apresuradas, símiles a pantomimas sólo comparables con las circenses elecciones de la década del ´30, ni la supresión de las mismas, dado el acortamiento de los plazos electorales, generarán que la sociedad, participe en un grado tal, que signifique el cumplimiento de lo establecido en nuestra carta magna, que es ni más ni menos, que una forma representativa, república y federal de gobierno.

Tampoco se debe, estrechar, irresponsablemente el análisis, tal como acostumbran a hacer quienes disponen de micrófonos, solventados por siderales pautas oficialistas y opositoras, o quiénes habitan en la lógica binaria e infantil, de considerar, que las acciones y los hombres, se dividen en estratos definidos, y enfrentados, entre buenos y malos (o izquierda o derecha, o cuanto antagonismo se fuerce a presentar). La observación, de la primacía y del reinado, de la mesa chica, debe ser incluyente, a la sociedad toda, que actúa como partícipe necesario.

Divididos en un sistema de castas, mezcla del establecido en la India y del régimen feudal de la época oscura, los correntinos somos tan obedientes, que aceptamos obcecadamente, morir, antes que incumplir una orden o mandato que provenga de las esferas encumbradas. Esta es la única razón, por la cual, el conflicto bélico de Malvinas, se recubrió de tanta sangre de coterráneos. Podríamos seguir ahondando, o fortaleciendo el argumento, con ejemplos concretos. Cada uno de ellos, daría para extensas y profusas notas de color. Desde los índices, elevadísimos, de violencia familiar, hasta la conquista de los primeros lugares en pobreza y marginalidad, tienen explicación en la obediencia debida que se, traduce en valentía para morir (por los de arriba) y cobardía para vivir (por nosotros mismos).

 

No se trata aquí, de plantear como salida, una revolución épica y sangrienta, tales como la francesa y la Bolchevique, y por tanto nada más lejos que instigar a la quema del guaraní y de sus parroquianos.

Simplemente el planteo, discurre, a los fines de que la Mesa Chica, al menos no lo parezca tanto, y que los que acostumbran a decir a todo que sí, alguna vez se manifiesten, organizadamente por un no.

A fin de cuentas, no tendría que ser un esfuerzo mayor, para los que atornillados en los tableros pequeños, dejen sumar sillas, para que los conciliábulos no se den en estrechos locutorios, y sí se puedan dar, en los ámbitos de un aula magna o en algún estadio de club de barrio.

Instando a un diálogo político, entre los dueños de las lapiceras, o unificando los criterios institucionales para convocar a elecciones, hubieran sido acciones, amables o con apariencia republicana, que en nada perjudicaría a los omnímodos del poder.

Sin embargo se ha optado, por forzar a la ciudadanía, a que nueva y obcecadamente, obedezca sin pruritos. Las execrables imágenes del pobrerío, que suben como ganado a un destartalado ómnibus, en donde se le da la boleta y las últimas instrucciones para que “vote bien”, se repetirán 4 veces este año. Nadie en una provincia donde la realidad pega duro, puede desear seriamente que estas imágenes, de un día para el otro, dejen de darse. Pero sí se pudo haber evitado, que se repitan, tantas veces, en tan poco tiempo. Con pagar el costo, de observar, 2 veces en el año, las dantescas escenas de la gente arriada como oveja, le alcanzaba a los eternos partícipes de la Mesa Chica, revalidar títulos y jugar a la democracia. No abusar de ella, haciéndonos creer que los partidos función, mas allá de la semántica del artículo 38º de la CN, no son creíbles ni representativos, de acuerdo a todas y cada una de los sondeos de opinión que se llevaron a cabo en los últimos años, por distintos organismos.

Conocedores del pueblo manso, disciplinado y sumiso, que tienen en manos, saben que así sean 10 las veces que se tenga que votar, ahí estará el chamigo, llueva a cántaros o con sol radiante, cumpliendo la orden, el mandato, por más ilógico que fuere. Nadie le pide a este, privado de educación, de trabajo y condiciones de vida digna, que debata sobre la Coparticipación Federal con el Ministro de Economía. Con tal que, en vez de pedir dinero o comida por el voto, solicite trabajo o herramientas, o una parcela de tierra, el sí obsecuente y parasitario, se irá transformando en una, adecuada y correspondiente, petición ciudadana.

Por imperio de la física, mientras más chica resulte la mesa, menos poder de incidencia tendrá, por más que le parezca, a los contertulios, que seguirán hasta la eternidad como están. No porque el pueblo manso, de un día para el otro, irrumpa sobre la misma y sus ocupantes, sino más bien, porque a medida que se reduce la tabla, y se va expulsando, a los pocos integrantes (en vez de invitar a otros, y hacerla más extensiva) alguno de ellos, preso del enojo que le cause el ser despedido, podrá patear el tablero y dar fin al juego, tal como ocurrió, no hace mucho tiempo atrás, y que conducen, inevitablemente, a las, cada vez más habituales, épocas de Intervención Federal. Esa que ya empezaron a pedir distintas asociaciones no gubernamentales, por considerar, ni más ni menos que la provincia estaría camino a convertirse en un narco estado, dada la demanda de contante y sonante que requiere sostener un sistema de cartón y de hipocresía democrática, que se cocina, en los kioscos de los punteros, que bien podrían vender votos como falopa.  

 

 

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