29 de marzo de 2026
Filosofía para decidir.
Es una consulta, dónde usted, plantea el dilema que lo aqueja (sea de la {índole que fuese) y desde la confidencialidad de la escucha profesional, se le brinda una salida, o decisión atinada posible para que usted la evalúe en implementarla o no, o cierto aspecto de la misma.
La presente propuesta se enmarca en una nueva investigación de la escuela correntina de pensamiento.
No se trata ni de un taller, ni de un tratamiento.
Es una consulta, dónde usted, plantea el dilema que lo aqueja (sea de la {índole que fuese) y desde la confidencialidad de la escucha profesional, se le brinda una salida, o decisión atinada posible para que usted la evalúe en implementarla o no, o cierto aspecto de la misma.
Haga lo que decida, enriquecerá su perspectiva.
Es transitar junto al consultante, el camino de regreso de lo particular a lo general, para desde el campo de las ideas y el pensamiento brindarle una alternativa viable o sopesable.
Pretendemos hacer transitar a la filosofía por el sendero práctico de vincularla a un aspecto clave y determinantes al que nos enfrentamos los filósofos. ¿Qué hacer o cómo actuar ante un dilema, por lo general formulado como duda o pregunta?.
Mediante la articulación de palabras o conceptos, creamos circuitos validados entre los que nos dedicamos a lo mismo y ofrecemos posiciones teóricas y generales en abstracto.
Utilizaremos el mismo método o procedimiento, pero al revés. Es decir, un consultante plantea su dilema o inquietud, que necesariamente deberá ser de índole personal (de lo contrario seguiríamos haciendo filosofía clásica y tradicional) permitiéndonos ir de lo individual a lo general.
Le brindaremos, desde las diferentes perspectivas filosóficas, las posibles salidas o respuestas a la encrucijada.
Esta interacción, que será en formato de una charla o conversación de no más de 60 minutos, no será para que el consultante tome como válida, única o aplicable lo que se le diga.
Será, en el más estricto campo de la confidencialidad, la decisión singular del consultante, la que defina en cuánto o no aportó la práctica para su decisión.
De esta manera, se acompaña al proceso angustioso de decidir, al que los filósofos estamos acostumbrados ab initio, dado que la cuestión de que la vida tenga o no sentido o cómo construir él mismo, es uno de nuestros primeros pasos, como el reconocernos un ser para la muerte, y se contribuye al consultante, brindándole perspectivas que tal vez no las había tenido en cuenta.
Finalmente estamos convencidos que el uso de las palabras, en la singularidad de un encuentro, dónde medie la profesionalidad (es decir dos sujetos que se vinculen a los únicos efectos de un objetivo en común, sin que medie amistad, consanguinidad amor o deseo) podrá significar un aporte específico y concreto en el aquí y ahora de los consultantes, para los cuáles la filosofía tendrá un nuevo sentido, más práctico y cercano.
Por Francisco Tomás González Cabañas.
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