Domingo 19 de Abril de 2026

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18 de abril de 2026

De "La Malinche" a Claudia Sheinbaum o acerca de lo que pretendemos los mestizos.

De acuerdo a una de las tantas lenguas originarias antes de la llegada de los europeos, la nuestra es la tierra madura, viva o en florecimiento: Abya Yala, el término nativo que se consensuó en un congreso de los pueblos indígenas años atrás. En el mismo momento en que analizabamos el "pensar situado" o desde las indias, en el séptimo capítulo del seminario de pensar en tiempos de inteligencia artificial, el Doctor Jorge De la Torre López, desde su Guadalajara natal, rescataba la importancia de que el nombre fuese el arquetipo de la cosa (tal como lo define Jorge Luis Borges al inicio de su poema "Gólem") para recordar que para los nativos, Ámerica es en verdad "Abya Yala". Paralelamente la presidente de su país, México, viajaba a Barcelona a una cumbre "en defensa de la democracia" dónde al encontrarse con Pedro Sánchez, jefe de gobierno español, saldó un malentendido de años por aspectos semánticos y nodales desde los tiempos, abusivos, de la conquista.

En la quinta edición del seminario, dos semanas atrás (para los que aún se siguen preguntando para qué sirve pensar en general y en particular nuestra propuesta de pensamiento) uno de los temas abordados fue la figura de "La Malinche" una mujer originaria que esclavizada por el conquistador Hernán Cortés, encontró mejores condiciones (una de los tantos aspectos dilemáticos consiste en pensar sí tuvo libertad de librarse de los condicionamientos y hasta amar a su apropiador con quién tuvo un hijo) al servir también como traductora e intérprete a los conquistadores y con ello facilitarles ampliamente sus objetivos y cometidos, claramente avasallantes y enajenantes. La figura de "La malinche" quedó consagrada como lo simbólico del mestizaje, una suerte de punto intermedio entre lo europeo y conquistador y lo originario y nativo. La síntesis, del entrecruzamiento, violento e iracundo de aquello, es lo que no puede ser llamado ni América ni la denominaciones de diversas lenguas nativas (por ejemplo la guaraní definía la tierra sin mal) por más que lleguen a un consenso en un congreso bajo la denominación Abya Yala.

Ocurre, tal como lo demuestra lo sucedido entre los representantes del Gobierno Mexicano como el reino de España, que ahora suma un nuevo capítulo, aún no hay entendimiento. Se pudo haber saldado un mal entendido, cómo lo expresó la presidente Claudia Sheinbaum, pero eso no significa que nos entendamos.

Los mestizos, los herederos de La Malinche, debemos dejar de tutelar a nuestros hermanos originarios en la misma medida que dejar de desear ser europeos. Iniciar este camino, llamando las cosas por su nombre. No sólo el lugar en el que habitamos, sino también la forma o el sistema político bajo el que pretendemos administrar nuestras contradicciones.

Las denominaciones de izquierda y derecha, o sus derivas como progresismo y liberalismo, vuelven a condicionarnos para que encontremos entendimientos más amplios para nosotros mismos e incluso para que otras culturas las puedan tomar y replicarlos.

Nuestra consideración de lo filosófico posee este sentido, claro y lato. Es imprescindible e indiscernible de lo político, un ejercicio permanente del pensar, antes del actuar y que no necesariamente implique dudas irresolutas o un rumiar diletante, tal como muchas veces, se pretende con violencia discursiva o ignorancia supina, agredir, para cancelar o apartar a la filosofía, desde nuestro aquí y ahora, vinculado a lo político, a los efectos de tener una mejor comprensión de lo que hemos sido, somos y deseamos ser.

Por Francisco Tomás González Cabañas.
Club mundial de filosofía.
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