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ANÁLISIS

2 de septiembre de 2015

Cobardes para vivir, valientes para morir

Tal apotegma, a veces se utiliza en determinados análisis para ver nuestras luces y sombras (de nuestra correntinidad) comprendernos en nuestra historia, que nos devela en más de una inquina político-económica y hasta bélica, con nuestra pertenencia hacia el estado-nación que posee su eje en la gran metrópoli. Los tiempos electorales, sobre todo cuando se opta por presidente, vienen a todo, para que desde todas las candidaturas se nos prometan hasta el hartazgo, todo tipo de reivindicaciones, reparaciones y verdaderas reconsideraciones para un verdadero “federalismo”. No son pocas las veces que hemos tratado esto mismo, sin embargo sí lo ha sido, el que nos inmiscuyamos en el porqué, o en las razones que nos llevan a ser como somos. Esa abstracción colectiva de la “Correntinidad” debe ser reconstruida, a partir de los que nos sintamos parte de la misma, brindemos nuestra perspectiva para que se discutida o rediscutida, con quiénes consideren que tengan algo que apuntar.

La cuestión Latinoamericana, la cuestión indigenista, o en verdad, para llamarla tal cual es, la cuestión de nuestros orígenes, de lo que somos, de lo que nunca tuviéramos que haber dejado de ser, tras la sangrienta, barbárica y civilizadora conquista Europea, no tiene que servir sólo para que un par de barbudos, se llenen sus progresistas bolsillos con el erario público, pagando de tal manera la batalla cultural de cambiar de nombre un instituto, una calle o un billete.

La cuestión de nuestra identidad, enajenada, ultrajada a más no poder y zaherida de muerte, tras centurias de apostolados de cómo deberían ser las cosas, tiene que ser entendida desde la perspectiva profunda y sintética de cómo ha sido, es y será nuestro modo de ser en el mundo.

Por tanto vale destacar, la raigambre política que permite este análisis, el arribo en la región de gobiernos signados por el denominador común, de entender, respetar y recuperar los valores, tradiciones y los aspectos identitarios que hacen a la esencia de los pueblos. Esta aclaración sirve tanto, como para reconocer la gesta de estos gobiernos, muchas veces tildados de autoritarios, populistas y demagógicos, por los descendientes de los conquistadores, como para señalar que pese a que la posibilidad de un análisis, que atañe a estas cuestiones esenciales se circunscriben y son posibles en el tiempo o en el momento político actual, se precisa de una mirada que integre algo más que la política en sí misma, es decir no servirá el tratar de entender determinadas cuestiones de hace quinientos años atrás, haciendo un bacheo, creando un programa de propaganda, o trabajando sobre la inclusión, se precisa de esto y de algo más.

Se pretende arriesgar la hipótesis que en nuestra provincia de Corrientes, encastrada en Latinoamerica y con base indigenista propia (mayoritariamente los Guaraníes) el trabajo, como elemento indispensable para la realización humana y colectiva, no es entendido del modo que pretendieron y siguen pretendiendo nuestros educadores (que valga la aclaración se rigen por pautas e instituciones extranjerizantes y conquistadoras desde lo cultural y educativo) y más allá de que esto no signifique una novedad, se intentará argumentarlo a los efectos de entender que el trabajo, el ordenamiento social y la forma en que nos ganamos la vida, quizá tenga mucho más que ver en cómo la entendieron nuestros antepasados, que en como nos lo quieren hacer entender desde la conquista a esta parte.

Nuestros sistemas educativos, sociales y políticos, básicamente desde la llamada generación del ´80 hasta sus actuales sucedáneos, los liberales, establecieron un sistema de cosas “Mirando a Europa” fenómeno que escapó al obvio sincretismo cultural que se dio desde la conquista, pasando por las olas inmigratorias, es decir hubo una decisión política de orientar a un estado, despojado de su territorialidad, de sus nombres, a tener desde leyes (Constitución, Códigos) religión ( la conquista) y costumbres (animales, alimentos) Europeas.

Generación tras generación, esta supresión de nuestra esencia cultural de pueblo, nos socavó al punto, de tan sólo aspirar a convertirnos en seguidores obedientes y aplicados de políticas económicas y sociales llevadas desde los centros de conquista, es decir no sabíamos ni que fuimos ni lo que esencialmente éramos, sino que inercialmente, desde aquel genocida punto de vista de la conquista, debíamos contentarnos con ser los hermanos menores de un mundo del que siempre teníamos como referentes a quiénes, se escudriñaran en nombre de la civilización, en nuevos genocidios como los de los ambas guerras, el nazismo, bombas atómicas y demás matanzas a lontananza defendidas por ideologías, provenientes de luminarias extraídas de alguna universidad Europea.

 

Pero la esencia, es inmodificable, la genética, marcada a fuego, o quizá la intervención de Tupá, para no decir Dios que sería lo mismo, tal como esos nietos recuperados, que pese a ser criados por represores, con cultura represora, modo de ser en el mundo represor, tras saber de su verdad, hoy son fervientes defensores de un modelo nacional y popular, tal como seguramente lo hubieran sido sí vivían su vida con sus padres desaparecidos.

Esa naturaleza que sale, pese a la educación, que no tiene que ver ni con sistemas ni con programas, sino con lo estructural, pese a la alimentación (la introducción de bebidas, de cadena de comidas rápidas, un ejemplo sería que en Brasil, “el combo” o menú es el pescado y la bebida la guaraná), pese a la vestimenta (aún hoy, las grandes marcas de la moda, son de Nueva York, Paris, etc), pese a la política (nuestro sistema electoral de “balottage” es de origén Francés), pese al sistema de valores y tradiciones instaurado, es la esencia que aflora, desde nuestro interior y que ha resistido y lo seguirá haciendo, a la supresión de los sistemas culturales, educativos, políticos y sociales impuestos.

Por algo, en nuestra Provincia de Corrientes, tres fenómenos que se dan en Enero, tiempo según el calendario Gregoriano (hace falta aclarar que el calendario que nos regimos proviene de ese afuera señalado, Napoleón uno de los últimos que pretendió modificar esto) de descanso, de no productividad, son quizá los que desnudan y hablan a las claras de que es lo que sentimos, como religiosidad, el Gaucho Gil, que música es la síntesis de lo que somos, festival del Chamamé y como exteriorizamos nuestra alegría, los Carnavales.

No se trata de fortalecer, una construcción conceptual, como la esgrimida por partidos politicos provinciales, la famosa “Corrientes República aparte”, se trata de que nos entendamos un poco más, sobre todo, aquellos y me incluyo, que pretendemos de nuestra Corrientes, de nuestro pueblo, algo distinto de lo que tenemos.

No debe ser casualidad que  esta pluma suscribiente, fue educada en un Colegio que llevaba el nombre de un psicólogo Suizo, asistiendo a un jardín y una universidad en Buenos Aires, esas estructuras educativas extranjerizantes que instalaron conceptos inaplicables en nuestro pueblo, en nuestra idiosincrasia, probablemente en un Mitaí Roga, en una Escuela EFA, se enseñe mejor, a ser Correntino, a ser Latinoamericano, a entender el Guaraní, escuchar el Chamamé, fiarse al santo pagano y a hacer un payé. Tampoco sirve que idealicemos este modo de ser en el mundo y nos conformemos con mostrar este exotismo para reventar estadísticas turísticas y generar negocios para algunos. Tenemos que tener en claro que esta forma de ser en el mundo, establece también que sólo sean esos algunos los que caminan el sendero señalado por Tupá, es decir los que tienen y tendrán la magnificencia de conducirnos, la clase dirigente que nos señale el horizonte y el camino seguirá siendo un círculo de pocos, sus amigos y familiares, y todo lo que digamos en cuanta institucionalidad Europeizante y civilidad no dejará de ser un lindo cuento inaplicable proveniente de las escuelas. Necesitamos tan poco esfuerzo, ese sacrificio del trabajo arduo, no es para nuestras tierras plagadas de fertilidad, del agua dulce circundante, de los esteros, de un clima que nos obliga a permanecer a la sombra de un lapacho, esperando una oportunidad, que Tupá mediante su casta de elegidos, nos convoque, nos llame, y en caso de que no suceda, disfrutar de este paraíso en la tierra, a la que le cantan nuestros poetas, surgen nuestros santos, le bailan nuestras guaynas para disfrutar de la vida, tratando de no ceder al imperialismo de las redes sociales, de los 140 caracteres, de la pantalla táctil, del consumismo desenfrenado, de esa democracia incierta, plagada de indignados, de gente que pretende lo que nunca le será dado, como ha dicho uno de nuestros próceres, por causalidad, Correntino y Libertador, “Serás lo que debas ser o no serás nada”.

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