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ANÁLISIS

5 de marzo de 2015

La educación correntina además de una ley, necesita de contenidos filosóficos

Desde la fundación del filósofo Francisco Tomás González Cabañas, se está terminando de redactar un proyecto de ley de educación provincial, que dotará de contenidos filosóficos tal como ocurre en ciertos países europeos. De acuerdo a lo que informaron desde la institución, esperan reunirse con el Ministro de Educación provincial, dado que el año pasado un proyecto similar quedó en las oficinas del profesor Castelo, funcionario del área sin mayores novedades.

La educación no puede acotarse al otorgamiento de aumentos a los docentes o el arreglo, en el mejor de los casos, en la cuestión edilicia de la infraestructura, en una provincia en donde no se cuenta aún con una ley provincial, el filosófo Francisco Tomás Gonzalez Cabañas, reconocido internacionalmente en más de veinte congresos de distintas partes del mundo, trabaja, en tiempos en donde la mayoría de la clase dirigente piensa más en lo electoral, en introducir lo filosófico en el aula, tal como ocurre en Europa, espera una reunión con el Ministro del área para pormenorizar al detalle el proyecto íntegro.

 

La filosofía es una herramienta que nos permite observar el mundo con otros lentes, con nuevos esquemas y posibilidades antes nunca vistas, es un aliado para pensar nuestra sociedad, quiénes somos y en qué tiempo vivimos. Según Púlido Cortés:


“La filosofía se convierte, para los momentos actuales, en una poderosa  herramienta de interrogación, ruptura de ciertos modelos y órdenes imperantes que han mercantilizado de tal manera pensamiento y lo han convertido en un instrumento repetidor, controlador y, sobre todo, eficaz y eficiente” (2009. pp. 82)

 

     La filosofía debe tener un lugar privilegiado en la educación para transformarla y contribuir a una experiencia que viva el propio estudiante, pues nadie puede pensar y vivir por otros, se requiere descubrir una potencia en sí mismos, la filosofía abre las puertas para no preocuparse no sólo por el aprender, sino por el pensar, por la búsqueda oportunidades de creación, análisis, reflexión y crítica. De acuerdo con Zuleta: “En la escuela se enseña sin filosofía y ese es el mayor desastre de la educación. Se enseña geografía sin filosofía, biología sin filosofía, historia sin filosofía, filosofía sin filosofía” (2004. pp. 20). Cuando se habla de la necesidad de que la educación y la filosofía tengan una conexión, no se trata de extender los horarios de las clases de filosofía, sino de posibilitar que en todas las asignaturas del conocimiento, se encuentre presente la actitud filosófica. Con ello, se propician acciones en la educación para hacer de las aulas un sitio de investigación sobre las cuestiones o inquietudes de los estudiantes para vivir un acontecimiento que permita transformaciones. La educación no es un acto en el cual una persona transmite conocimientos a otro. El estudiante no es como aquel que va al supermercado para adquirir un producto, ni el docente es como el enfermero que aplica una inyección; si no que debe ser quien incentive el deseo para que el estudiante emprenda un camino en la búsqueda de nuevas experiencias que le permitan construir, y encontrar respuestas a sus interrogantes para vivir un encuentro, aventura y experiencia con el conocimiento.

 

 

 

 

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