Domingo 20 de Septiembre de 2020

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Adorno, está de adorno o del ninguneo a la crítica o de la orgía de la felicidad.

Theodor Adorno fue un Alemán (como la mayoría de las palabras autorizadas por el germanocentrismo que cada tanto se amplía al franco-germanocentrismo o en su defecto al eurocentrismo, agregando algún residuo satelital sea Italiano o Español) que junto a otros intelectuales, continuadores de Marx (suponga en caso de que no lo sepa, su nacionalidad), mediante la llama escuela de Frankfurt, establecieron teorías sociales como la teoría crítica, que podría sintetizarse en la siguiente definición: "Pensar es antes de cualquier contenido particular, negación, resistencia a lo que le ha sido impuesto". Pese a los esfuerzos, por filósofos enrolados en Cambiemos, como el de Alejandro Rozitchner que posee una escuela de pensamiento o emotividad que no concuerda con esta posición del pensar indiscernible de lo crítico, y de las críticas que le han valido sus últimas declaraciones con respecto a esto (sobre todo de los círculos que se consideren críticos, al punto de sentirse dueños de tal criticidad), lo más certero en cuanto a descriticar lo critico, es precisamente no considerarlo, ningunearlo, obviarlo, desviarlo, llevarlo al corpus de lo tangible, que siempre se termina por traducir en la adquisición de la felicidad. Por esta razón, en los sectores que no han caído en la pobreza, ni en la vulnerabilidad de las inundaciones, pega fuerte, exitosamente, las charlas que se organizan por parte de actores, economistas, médicos, deportistas o cuanto talentoso anda dando vueltas, para que nos cuente de su éxito, que siempre será su felicidad, su notoriedad, su fama, su cuenta bancaria en aumento. El problema con esto, sin que sea una crítica, es que para que esto reluzca, se note, brille, sea refulgente, ni el éxito, ni la felicidad deben ser para las mayorías, sino por el contrario, deben ser solo para minorías de forma tal, que las mayorías las deseen, las ambicionen, las clamen, las pidan, pero nunca las tengan, dado que sí tal cosa llegara a ocurrir, habría que inventar otra necesidad de cosa que no tengan para que se sientan atraídos o interesados en tenerla.

De las oposiciones políticas o del principal problema de las democracias actuales.

Ni el objeto de la democracia (en la teoría clásica el gobierno del pueblo a lo que deberíamos llegar: el gobierno del pueblo que más necesite ser gobernado, entendiendo la no tutela de un gobierno como la máxima aspiración de un individuo o ciudadano) es decir la constitución de su nuevo sujeto histórico; el pobre o marginal, ni el diagnóstico que hacemos o venimos realizando acerca de sus falencias (sobre todo desde los que están administrando el poder o forman parte de alguno de los mismos) son siquiera correctas o correspondientes. La oposición política, en cualquier distrito del mundo en donde se lleven a cabo prácticas democráticas, es parte del poder político, independientemente del grado de formalidad jurídica que posea o revista, lo cierto es que el ejercicio político de la oposición, por una falla en el sistema democrático que en esta oportunidad intentaremos saldar, se constituye a los únicos efectos de alcanzar el poder, de desplazar al oficialismo al que pretende destronar. Esta circunstancia no deseada, de estar en condición opositora, obtura, ocluye, distorsiona, el verdadero ejercicio de una parte del poder constitutivo; es decir, debemos consagrar a la oposición como un ejercicio, indispensable, funcional y deseable, por ende condicionado a la cuestión democrática. Para esto mismo, dispusimos que las reelecciones a los ejecutivos no se prohíban a individuos o ciudadanos que hayan ejercido el poder las veces que fueren, sino que el impedimento de continuar por más de un período o máximo dos, sea para el partido mismo que haya accedido a tal condición, para que luego tenga, su tarea, democrática y correspondiente de fungir como oposición política, en condición de tal y no desde la trinchera de estar expectante a los errores o incluso provocarlos o agigantarlos para suplir al oficialismo al que pretende desplazar o reemplazar, como todas las experiencias democráticas, hasta entonces y sin esta perspectiva aquí brindada, se han sucedido desde los tiempos democráticos a la actualidad.