La falta de público en las gradas en las sesiones parlamentarias.
Horas atrás, se produjo una polémica, bizantina, entre la nueva forma que acepta que se escriba la palabra “Cuórum”, la real academia española y el desconocimiento, por parte de algunos acerca de este sustancial cambio o modificación, de sustituir la otrora Q por la C. La falta de número para que los cuerpos institucionales funcionen, son siempre circunstanciales, más allá de que puedan convertirse en una estrategia política, lo cierto es que la presencia suficiente requerida (el cuórum) habilita el inicio, formal de la sesión, concitando la atención de los allí presentes (naturalmente los legisladores y ciertos colaboradores de algunos de estos), que luego son replicadas, mediante dispositivos electrónicos que difunden en plataformas como medios, la actividad parlamentaria. Sin embargo, y sobre todo a cuenta de la restauración que se realizó sobre el edificio histórico, reluce la ausencia, en las imágenes tomadas, los días que fuesen (salvo en la asamblea legislativa de apertura de sesiones ordinarias) no ya del público, la ciudadanía, el pueblo o la gente, que en la borrachera romántica de un idealista de lo democrático, alguien podría desear que estén, abarrotando las gradas, sino del menos los que son parte funcional de tal poder del estado. El orden simbólico debe ser trabajado, de lo contrario, abandonarlo a la anarquía de lo inercial, hará que un día ocurran los hechos sin que nos demos cuenta siquiera del porqué.
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