Estimado Gobernador Gustavo Valdés sí se plebiscita su gestión se sodomiza a la democracia.
La democracia hegemónica y la pornografía electoral.

  ANÁLISIS  27 de abril de 2019
Recorramos el barrio y la casa del candidato antes que este recorra el interior y los barrios pobres.
Que nos muestren la pobreza y la marginalidad que no pueden contrarrestar, habla más de nuestra propia sumisión o servidumbre voluntaria que del grado de perniciosa perversidad en que cae cierta clase dirigente. Debiera avergonzar el turismo por las zonas carenciadas, incluso más, en nombre de la libertad, como de las buenas costumbre, tendría que estar prohibido que circulen por redes sociales y se repliquen en medios, la pobreza cruenta, a la humanidad depauperada.

Mientras estas letras se asocian, ocurren en el vasto campo de lo intraducible, millones de situaciones inenarrables, muchas de las cuales, están inevitablemente vinculadas al pobrerío, a la indignidad de no tener, o tener muy poco, para saciar el hambre más urgente. Tal como en las pesadillas más cruentas, concentramos nuestras energías, para sin embargo, enfiestarnos, con argucias varias, en instantes en donde supuestamente estamos ganando algo, en la ficticia competencia a la que pretendemos transformar a la existencia. La fiesta de la democracia, tal como se lo hace llamar al epifenómeno de lo electoral, es ni más ni menos que la consagración de un conjunto de inequidades disparatadas, amparadas por un marco legal carente de un debido o correspondiente marco o sustento teórico. La denominada campaña o momento previo al voto, la consustanciación del paroxismo más antojadizo, cerrilmente ofrece las imágenes más vergonzantes. Son las famosas recorridas, por el interior o por los barrios, de los que fanática y orgullosamente se ufanan todos y cada uno de los candidatos a cualquier cosa, y en supuesta representación de tal o cual partido o pelaje. Sí verdaderamente se postularan para ser representantes, en el sentido conceptual, es decir referentes, modelos a seguir, debieran mostrar como ellos mismos viven, y lo que hacen o dejan de hacer para mejorar sus respectivas vidas. No se trata de solamente aceptar el camino de lo particular a lo general y obturar el de viceversa. Nada o muy pocos se viene logrando con el método harto recorrida, de las intensas visitas de políticos en campaña graficándose en maridaje con la pobreza como sí se tratase de un fenómeno del que no tuvieran nada o muy poco que ver, por más que se digan oficialistas u opositores, no son más que las caras de una misma moneda que depara el escaso valor que representa la democracia para resolver los problemas de pobreza e indigencia. Tal vez lo que pretenda la democracia electoral que es lo que verdaderamente existe instaurado como régimen o sistema político, sea precisamente esto, convencernos por intermedio de estas imágenes que nada se resolverá en relación a la pobreza y la marginalidad, que al final de cuentas lo que se da en llamar democracia a secas, pero que es democracia electoral o electoralista, es la aceptación por parte de muchos, sin reacción alguna o mediante reacciones morigeradas, para que una pequeña minoría señoree por sobre ellos, haciéndose del poder y por ende de sus privilegios y beneficios. La foto repetida con el pobre, con el indigente, con el necesitado, opera en un nivel que no podemos percibirlo de primera mano. Nos están diciendo, esto es lo que precisamos para seguir representando al poder (sea como oficialistas u opositores), de allí que recorran una y otra vez los lugares que nunca mejoraran del todo, sitios a los que regresarán una y otra vez ante cada elección para decirle al pobre, como a los que podremos ser o evitamos haber sido, que no nos sacarán de tal situación o posibilidad. El ciudadano debe ser instado a que recorra los organismos, los sitios en donde anida el poder. Al ciudadano se le debe ofrecer una recorrida, aunque más no fuere mediática, por las residencias de los políticos que dicen estar preocupados y ocupados por cómo viven sus representados. Al ciudadano se lo debe dejar de recorrerlo, de hacerlo girar en los molinetes mediáticos, de las réplicas de fotos y demás estropicios que se hacen en nombre del compartir las bondades de una supuesta libertad de expresión que es ni más ni menos que el cercenamiento de la posibilidad de pensar en términos de políticas públicas, que es ni más ni menos que en términos de una democracia que sea algo más allá que un sucedáneo de lo electoral. Por Francisco Tomás González Cabañas.-


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