Si nos atrevemos a pensar al presente como un espacio donde ubicar esta mutaci�n, podr�amos r�pidamente tener un argumento contra aquellos impulsos reaccionarios. Se pretende en ese vaiv�n de incertidumbres conservar lo que se cree es importante. Luchamos para no perder cosas, que no solo no est�n en nuestro control sino adem�s se encuentran inmersas en el fluir corrupto del tiempo. Nuestras pobrezas mutan con nosotros. En este quehacer historicista de la propia vida se abre la brecha no solo a la invenci�n auto-biogr�fica sino adem�s a analizar microsc�picamente las fuerzas que articulan brindan el cambio.
Sacando el tel�n teol�gico del mercado y la mercadotecnia, y porque hay quioscos en casi todas las paradas de colectivo, aparecen las visiones metamorfoseadas de las decisiones pol�ticas dentro del plano personal. Todo ya demasiado nano-peque�o para esbozar una fundamentaci�n u otra, y sirve mas para agregar una justificaci�n del presente (recapitulaci�n de errores y aciertos) que permitir una auditoria sobre la posesi�n explicita de aquellas decisiones. �Podemos ver a partir de un esfuerzo tit�nico que no somos totalmente poseedores de una decisi�n plena sobre el presente? No nos referimos aqu� a un gusto de helado o cualquier otra cosa sino a su equivalente pol�tico en el sentido antes mencionado de criticar lo �vivible� de nuestras vidas en una comunidad, dentro de territorios determinados de la misma manera arbitraria.
Exceptuando al suicidio e incorporando �el llamado� al grupo para establecer lazos que permitan la circulaci�n de comida-capital-cuando los �mbitos no est�n plagados de demagogia- asiste a nuestros pies y o�dos (no olvidemos la concepci�n en 3D del imperio de las im�genes) el vacio que es la fisura evidente de las formas m-oralizadas. Coartadas repetidas, apelan a aquellos buenos valores que garantizan la existencia y esquivar la intemperie con respecto al otro imperio, aun mas desconocido, que es el collage espacio sensorial que proyectan nuestros sentidos. �No es el verdadero impulso adictivo que recrea nuestro aparato cerebral?
El salto plenamente pol�tico que da nuestro cuerpo -podr�a ser espec�ficamente nuestra mente como nuestros est�magos- para subsanar ese accidente geogr�fico de todas las representaciones posibles, pensadas desde un punto de vista de liberta intr�nseca, ya genera esta multiplicidad de oferta droga-afectiva presente como dispositivo de venta de caminos posibles. Esto no es un dato menor teniendo en cuenta la coyuntura que vivimos actualmente acerca de crear nuevas afecciones y afectaciones social-comunitarias para conformar espacios compartidos de construcci�n frente a una variedad inabarcable. Codificadas casi siempre como la m�s primaria de las representaciones: la b�squeda de dinero, olvidando en esta ecuaci�n simple la igualdad creada de tiempo igual movimiento igual fuerza, es decir, intercambio.
En esta ecuaci�n tan simple como efectiva es posible re-escribir lo prefabricado de las estructuras con la que nos interrogamos acerca de nuestros gustos m�s �ntimos. Siempre se lanza desde la cr�tica, en su sentido positivo de proponer, un �mas all� de eso�, una visi�n de fractura para se�alar el l�mite de toda concepci�n semi universal, � para decirlo en otras palabras �c�mo implicarse en una comunidad que sea a mi gusto, mas all� de la prostituci�n forzada de los cuerpos a cambio de alimento y refugio?
Quiz�s bastar�a decir que los gustos no solo no son eternos sino tambi�n que ya son prefabricados, con lo cual lo personal implicado en esta construcci�n sea la propia reflexi�n de no poseer nada, en cuyo caso el impulso de conservaci�n declina por un ejercicio de interpelaci�n feroz a las formas institucionales tanto consagradas e inmaculadas.
El primero de los templos a destruir-descubrir es nuestro cuerpo como arma letal para parir nuevas concepciones. Aceptando su corrupci�n hasta ahora inevitable, pese a las cirug�as pl�sticas, como tiempo irremediable de nuestra alma, o mejor dicho de nuestro estomago. Por m�s que todas las distancias se acorten, la tierra a nuestros pies es el supermercado m�s directo y el mausoleo m�s eficiente. En el centro, el acto de comprar es el gusto artificial, el artificial-real gesto pol�tico. Revelemos nuestros cuerpos, dudemos de lo artificial de nuestras biograf�as, dudemos de lo artificial de nuestras m�s profundas verdades, de nuestras casillas prefabricadas llamadas opciones de vida. Lo insoportable para cualquier sistema de control es no saber reamente quienes somos, de ah� los millones de millones en publicidad y campa�as pol�ticas � A qu� pueblos se refiere �el pueblo�?�Que trabajadores son �los trabajadores�?
�Que son lo que queda afuera de estas categor�as? �Qui�nes somos en este ef�mero gallinero? No contestemos ya con nuestra billetera o nuestros sue�os demasiados plastificados, y pong�monos un micr�fono en la panza. Y descubramos que su canto presente es la falta de seguridad alimenticia de cualquier tipo que nosotros, si nosotros, hemos olvidado de suplir. La otra inseguridad aparece, frente a esta, solo una muestra de cambiar causas por consecuencias
Desde hace algunos a�os las mentes m�s comprometidas han instrumentalizado la abstinencia de la mente, su anorexia, su alimentaci�n selectiva para acallar el lamento de las panzas. Un olvido mas en el reino de los fines, y la mec�nica de los beneficios irrenunciables en las feudo periferias.
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