Al hablar de la esencia como punto final de las diferentes características que conforman la sustancia final o el ente en cuanto a ente, uno se introduce en un campo óntico pero si consideramos esta definición con respecto a una acción o interacción social y si a esta le sumamos una peculiar actividad como es en este caso el espectáculo teatral nos encontramos ante una realidad social autoconsustanciada.
Sí existe alguna dinámica, es decir algún impulso consuetudinario que se escape de lo cultural y que se exprese desde lo innato de la condición humana, es la sexualidad. Sin embargo la sexualidad ha sido el primer bastión que el humano entregó para representar su vida más allá de sí mismo. De hecho el resultante, posible, como probable de una de las formas de sexualidad (el intercambio de fluidos entre un hombre y una mujer en período fértil) acaba, o concluye, con la continuidad de la especie, o con la perpetración de la contradicción manifiesta en que la experiencia humana no acabe, acabando. El acto sexual no se lleva comúnmente en la plaza o el escenario público, no sólo por las cuestiones sabidas y brillantemente narradas por otros, sino por sobre todo, porque la sexualidad es la instancia en donde todos y cada uno de nosotros nos despojamos de nuestra individualidad para coger el traje de seres sociales, padecientes y obedientes a las cláusulas sociales que nos vamos imponiendo al ritmo de la práctica sexual.
Debe estar cansado usted y con lógica razón y pureza en el corazón. Varios de los intendentes recién asumidos, y sobre todo, aquellos que suceden a los del otro signo partidario (tenemos 40 partidos, pero en verdad dos expresiones el oficialismo y la oposición, en donde los sellos en los que suelen acabar los partidos se amuchan o aglutinan para hacer masa crítica) declaran emergencias, estados financieros contables (flotantes, nebulosos, pretéritos y toda la semántica que la ciencia económica le ofrece) en donde reciben municipios destruidos, incendiados, acabados y a punto de disolver el principio sagrado de la continuidad jurídica del estado. No importa el color partidario, nunca ha importado, sino el rol, el nuevo oficialista, sí sucede a un opositor hará las denuncias de “vaciamiento” en las que transformará la comedia de diciembre, cargando de angustias en un mes simbólicamente complejo, a empleados y proveedores del estado municipal. En el gran verso de lo privado (nada lo es, todo es público, quiénes más expoliaron lo público instituyeron las quintas privadas para que nadie les reclame, legalmente, lo que les corresponde al resto, o en su defecto que también tengan todas sus respectivas quintas y se disuelva lo público) lo único que debería tener la lapicera de los nuevos intendentes, es la tinta para designar funcionarios que le implementen ideas como las propuestas, que prevalecen en distintas partes del mundo, entonces las transiciones, los traspasos y las sucesiones, en vez de ser complejidades públicas y conveniencias privadas (así en vez de poner a gente capaz, los de siempre, ponen a los amigos, a los compinches, a los cebadores, etc.) pasarían a ser situaciones comunes que consoliden la democracia mediante, prácticas democráticas como la auditoría ciudadana.
Haber leído demasiado en una contemporaneidad que se propuso, exitosamente, dejar de leer, es un problema. Problema que se agrava, sí además de esto, uno se dedica a escribir sobre la base de las lecturas, que a su vez, son lecturas de lecturas, como capas geológicas que se superponen y que constituyen una intertextualidad al mejor estilo mamushkas rusas, cuya última y más pequeña muñeca es la que detenta un signo de pregunta. El hombre en cuestión, sin embargo, ha sido una nave insigne del gobierno argentino anterior (detentaba un conchabo jerarquizado de nomenclatura Leninista, siguiendo con lo ruso) cuyo proceso, en la nota divulgada por lo que otrora eran las madrigueras de los intelectuales orgánicos, devenidos en reductos de la supuesta resistencia a lo presente, lo define como la contracara de la opresión libertina-liberal, situándolo como un estadio histórico, emancipatorio, por ende revolucionario y romanticón (a la luz de la estética de los barbados de buen vestir y afrancesado hablar que defendieron a latigazos y billetazos un proceso político-filosófico que jamás otearon en escritos académicos o informales previo) predestinado a la liberación de las mentes, las almas y del concepto mismo de libertad.
En clara alusión al artículo constitucional (Argentino) numerado como 38 ( “Los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático…”) en defensa irrestricta del orden democrático, y tal como la institución del índice democrático por nosotros antes planteado, constituimos el siguiente test, de cinco preguntas que remitiremos a todo y cada uno de los presidentes de partidos políticos que orbitan en nuestra geografía, a los efectos de determinar el grado de “democraticidad” de los mismos y consecuentemente el cumplimiento que hacen los mismos de su razón constitucional determinada por el artículo 38 de marras.
"Kénosis (vaciamiento) utilizado en la antigüedad por San Pablo en alguna de sus Epístolas, que fue retomado posteriormente por los luteranos para referirse a la renuncia de Jesucristo a su divinidad, en el momento de su encarnación como simple ser humano”. En términos de la política actual una de las tantas funciones, imprescindibles (dentro de la definición tácita dispuesta por el artículo 38 de la Constitución Nacional) que debieran tener las instituciones fundamentales del sistema democrático, es la de, mediante documento escrito, avalado por convenciones u organicidad partidaria que corresponda de acuerdo a cada carta orgánica, poder sugerir, recomendar, apadrinar (en su connotación positiva ) a quiénes pudieran ser ungidos, más luego, por los gerenciadores de la cosa pública, los mandantes en los ejecutivos, como secretarios o ministros, sería tal vez un mero formalismo, como el de izar la bandera, el de pararse para cantar el himno, o tantos otros hitos simbólicos, que son ni más ni menos que la traducibilidad de los deseos y sus consecuciones.
La asociación de trabajadores del estado (Ate), mediante el accionar del área, departamento, espacio o como solidariamente se quiera denominar “Comunicación Corrientes” (cuyos envíos provienen de una cuenta de correo electrónico [email protected]) incumple, palmariamente el artículo 4 de su estatuto que taxativamente dispone: “La Asociación Trabajadores del Estado respeta toda idea política o filosófica, creencia religiosa, no permitiéndose la discriminación racial, aceptándose por igual en el afiliado la libertad de sus ideas y/o creencias” dado que desde hace meses, se propalan artículos políticos, literarios, desideratas, manifiestos, editoriales, columnas de opinión, firmadas por el mismo sujeto (cuya exquisitez como hilaridad narrativa, se destacan en un campo desierto de talentos que pongan en papel la valía de sus consideraciones, que sin embargo no están en juego ni en cuestión, ni en sus logradas musicalidades de forma ni en sus discutibles posiciones políticas, que al final del día siempre terminan convalidando o brindando gratuita legitimidad a lo que se dice enfrentar u oponer) entronizándolo en los medios de comunicación que poseen verdadera como condicionada relación con Ate, para que tales escritos se publiquen, se difundan, se viralicen, merced y producto del esfuerzo de todos y cada uno de los afiliados de una asociación de trabajadores, que ipso facto, está siendo tutelada, imbricada, por cada giro literario, por cada vocablo, afrancesadamente dispuesto por el escriba, promocionado, avalado, sponsoreado por una institución que se dice representar los derechos de los trabajadores, pero que en este caso, actúa conforme a la lógica empresarial, más furibundamente individualista, clasista y empapada en los principios más salvajes de la dinámica diabólica dimanada del neoliberalismo.
Dando por sentado que lo moderno es bueno en sí mismo, dado que conlleva la esperanza que todo lo que está porvenir será mejor que lo atravesado, el partido político de las hormigas, con una base en los principios del liberalismo más teórico que la praxis que trazaron muchos en nombre de liberalismos muchas veces salvajes como de rasgos totalitarios, se constituyó en la expresión política provincial actual de mayor cantidad de votos obtenidos como tercera (detrás de las partidos nacionales radical y justicialista) a nivel general.
Todo aquel que ha ocupado un espacio de poder, pretendió conservarlo, lo conserva o hará lo imposible para atesorarlo, “ad infinitum”, pese a que jamás lo reconozca de la verba para afuera (no es necesario, tan solo alcanza para contar reelecciones, giros en las esferas del poder, alternar con otros cargos, o transferirlos a familiares o amigos) no dé cuenta de esta adicción o la viva con culpa oculta y ponga al servicio de relatos varios, configuraciones conceptuales y semánticas, para enmascarar lo obvio, al poder no se lo puede entender sin esa condición de que al ser inasible, inabordable, siempre es circunstancial y por ello, quién no lo tiene lo pretende, y quién lo posee, de la única manera que concibe para no perderlo es acumularlo o no renunciar nunca al mismo, por más que en algún giro del destino este finalmente se desplante con otros planes y abandone, a quién uso para demostrarle su indomabilidad siniestra.
Tal como lo venimos sustentando, casi en grado de tesina, no existe manera alguna de seguir sosteniendo la legitimidad de las democracias occidentales actuales, sin que el poder judicial, como hápax, como axioma, prevalezca, en su condición subyacente y por ende poco visible, por sobre los otros poderes del estado, articulándolos de forma tal, que las posibilidades de primera o última instancia se correspondan, con la facilitación de este poder preponderante, sea para habilitar actores políticos principales (validar reelecciones, o avalar o suprimir plebiscitos según corresponda al interés del poderoso de turno) como para procesarlos o encarcelarlos en caso de que hayan perdido ese poder, que jamás se le escurrirá de las manos, al judicial, dada sus prerrogativas imperiales que ostenta conceptual como formalmente y que impávida, la sociedad, la ciudadanía toda, atónita como en harta demostración de genuflexión, aprueba mansamente al candor de un compartir o de un me gusta de alguna que otra red social en donde deja discurrir su vida como su nulo accionar público.
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