12 de septiembre de 2018

La partida democrática.

Inauguramos exploración intelectual de indagar entre el hermanamiento entre fútbol y democracia, decodificando el mismo bajo categoriales democráticos. El desatino de Cronos (de lastimar el pene de su padre Urano que copulaba una y otra vez en el vientre de Gea de acuerdo al mito Griego, permitiendo la separación del cielo y la tierra, conformando ese entre o nuestro mundo) recobró sentido occidental cuando se produjo el develamiento Americano, se abrió un nuevo tiempo que parecía perimido, para los usuales conceptos de trabajo y de felicidad, asociadas indefectiblemente por la dignidad que se emparentaba con la legitimidad que sostendría luego el pacto social, ordenador y vindicativo de lo democrático.

Para ser más claros, la avanzada de los representantes de Dios en la tierra, expertos en el Griego y el Latín, misionaron incansablemente, tributando a la corona, a expensas de evangelizar a todo lo que tuviesen enfrente, dándoles, desde el corazón y la buena fe, aquella cláusula gatillo, de que si quisiesen algo en esta tierra, como en la otra, debían sacrificarse, trabajar, adquiriendo dignidad mediante ello, y un lugar en el cielo de ese Dios, que ahora era uno y tenía un solo nombre y una sola forma de rendirle culto o adoración: la sumisión hacia sus representantes y su prédica.

Al paso de centurias, por razones que se desconocen y que solo podríamos argumentar, soslayando que ciertas cuestiones nos parecen simplemente casuales porque desconocemos las causas reales de las mismas, por más que suene no se trata de un aspecto semántico sino conceptual, los descendientes de los evangelizados, los alumnos de los evangelizadores, que a fuerza de la espada, en su versión más cruda como en su más faceta más políticamente correcta, la nota educativa de la escolástica, reinvierten aquella conquista de las que fueron víctima-victimarios, van hacia ese viejo mundo, desde el nuevo con una pelota entre los pies, generando idolatría y conmoción.

El sistema que de acuerdo a la visión Española, azota al mundo, les entrega en los balones de estos futbolistas, la clave encubierta del fracaso conceptual del que verdaderamente son afectados directos y específicos. Que ni el supuesto trabajo dignificador (que tanto hace falta ahora en el viejo mundo) ni la rigurosa escolástica educativa que supuestamente debería garantizar la adquisión del empleo, se conviertan en las piedras basales o edificantes de una construcción ruinosa, desespera a los ingenieros que durante años “se fiaron” de este plano.

Es un golazo de media cancha, que desvergonzados y juveniles de las tierras “indígenas” se transformen en los dioses de la tardo-modernidad que propone el sistema, demostrando con su éxito que más que escuelas que copien la tradición jesuita, se precisa de potreros de futbol que generen jugadores que tendrán el mundo a sus pies, no se trata ni de una venganza, ni de revanchismo ni de una mueca del destino, simplemente es un cambio de orden, la prueba palpable que los conceptos que otrora eran inexpugnables, merecen entrar en análisis y cuestión.

Quizá sea imposible pedirle a la tribuna, en ese hombre masa en que se transforma, que piense y tamice a la luz de la razón, la sinrazón de un canto, pero los jugadores, es decir la clase gobernante del nuevo mundo, tendrá que tener la claridad necesaria, para ganar el partido, que es ni más ni menos que hacer respetar, los usos y las costumbres de un espacio en el globo que tuvo mucho tiempo sus posibilidades ocluidas y que ahora es invitado y precisado, para que dé su punto de vista, ante la crisis de las que son testigo, pero en la que podrían estar llamados a ser protagonistas, para devolver, con la cicatrización de la herida, aquel desparpajo violento de la conquista que se hizo en nombre de esos conceptos que hoy están muriendo, indefectiblemente.  

Uno de los Jefes de Estado, con mayor peso, intelectual o conceptual, que además se erige como el principal pastor de la grey católica, la misma que en el buen nombre de Isabel de Castilla, o Isabel la Católica, financió la expedición de Cristóbal Colón siglos atrás, pertenece a la orden de la compañía de Jesús, o de los Jesuitas, y no casualmente, entre tantas originalidades que ciñen su pontificado, se encuentra la de ser un ferviente apasionado del fútbol, no ocultando su pertenencia a un club Argentino, que recibe como apodo, desde hace mucho tiempo atrás, los Santos de Boedo.

Probablemente y dada la tradición intelectualista de los Jesuitas, no pocos de los mismos, hayan asimilado la definición teórica de Huizinga, del Homo Ludens, destacando la importancia radical del juego en la cultura humana. Habrán avanzado, al punto de diseccionar al fútbol, como el deporte por antonomasia, mediante el cual se construyen lazos de legitimidad, de pertenencia, de poder, que por supuesto, van mucho más allá del deporte mismo.

No sería descabellado que las preguntas que arrecian sobre las cuestiones políticas, filosóficas y sociales, encuentren su correspondencia en la arena de la cancha, del estadio y de la pelota.

La liga BBVA (Este banco de origen Español, en Argentina sin embargo, se presenta como BBVA Francés, prueba simbólica de como el capitalismo cosmopolita y transnacional, es más luego, quién se opone, de alguna u otra manera, a que los individuos no crean en las fronteras en las que ellos tampoco creen y mediante la cual hacen sus jugosos negocios) tiene desde hace años, por no decir desde siempre, a dos protagonistas estelares (Real y Barsa), oligopólicos, dupla a la que se le puede sumar el tercero en discordia (El Colchonero), debajo de los mencionados, ninguno de los restantes equipos ha logrado sumar títulos que superen el dígito (además que sólo son seis los equipos que han logrado coronarse campeones). No es un simple dato estadístico, sí lo analizamos a la luz de lo que se viene argumentando, tendríamos algunas preguntas que caen de maduro.

¿Por qué nadie exige la necesidad de una equidad en términos deportivos, un especie de igualdad de condiciones ante lo que a priori parecería como parejo (es decir son en definitiva once contra once tras un balón)? ¿Por qué, esta desigualdad en términos deportivos y en base a resultados, sigue generando tanta pasión, tanta expectativa y tanto negocio (es decir que entusiasma a un aficionado de los tres equipos estrella ver un partido ante un rival de menor valía al que seguramente ganaran casi indefectiblemente)?   

Podríamos continuar la obra teórica de Carl von Clausewitz, aquél de la guerra es la continuación de la política por otros medios, expresando que el fútbol es la continuación de la política por otros medios, al menos sabemos, por más que en un campo lo aceptemos plácida y gozosamente y en otro nos opongamos tenaz y fervorosamente, a que en ambos, las glorias son para unos pocos selectos, donde la igualdad de oportunidades es un juego ficcional y pese a que las reglas parezcan transparentes, en la resultantes siempre los beneficiados son pocos y los mismos.

Los Jesuitas lo saben desde antes, como tantas cosas a lo largo de su historia, no es casualidad que nos hayan puesto un Papa, Futbolero y Argentino; el grito ante el gol, es una respuesta emocional ante la pasión que nos despierta un color de camiseta institucionalizado, representada por un ser humano, en el origen de tal alegría, se encuentra también el gesto de indignación que nos puede despertar una sigla política institucionalizada, representada por otro ser humano que se desempeñe en la política, son las dos caras de Jano, la máscara del teatro Griego, la muestra simbólica de nuestra naturaleza contradictoria e irresoluta. Las dos posibilidades de un resultado futbolístico, dado que el empate, no es más que el mientras tanto, lo que aún no se resolvió o que queda para el después, la promesa al venir, del porvenir, como la democracia que se fortalece en la medida que sigue prometiendo lo que no termina de cumplir.

Por @frantomas30 

 

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