ANÁLISIS  13 de mayo de 2018

Como dios manda.

Por contundencia del poder, el líder, capanga o poronga no es lo que sos vos, sino no tendría identidad alguna como tal. Más allá de cómo se lo haya nombrado, sea piedra fundante de la democracia, haya estado antes en periodos dictatoriales o pretenda otros sistemas gobiernos nos encontramos ante una entidad que es lo otro de lo que somos los simples mortales, estemos en el llano o unos escalones más arriba, pero no en el olimpo de los amos.

Sí el humano es una creación de un ser superior, un desarrollo progresivo de la naturaleza, una conformación particular de una realidad social, una dualidad de alma cuerpo, un compuesto basado en esencia, o cualquier otro tipo de definición. Deduciremos que el hombre es dentro de un pensar metafísico, un ser inconcluso. Dentro de ello, tendemos a igualarnos, o a pretenderlo, en relación, a esos dioses en la tierra, los poronga, que reflejan la perfección de la deidad que nos hubo de crear a todos y que determinó quiénes estemos por debajo de sus hijos más dilectos o insuflados con poder, real y por ende político. 
 
Sí el hombre es un ser inconcluso Dios es una entidad concluida. Más allá de quien haya inventado a quien o producto de la imaginación de, nos encontramos ante un desarrollo que aún no se ha topado con este primordial interrogante. 
 
Dios representa lo ausente en el hombre, más que nada la pretenciosa y utópica ambición de que todo marche a la perfección, Dios básicamente es la afirmación de querer es poder, es el salvoconducto de un ser particular con realidad física que pretende denodadamente transformarse en una entidad general y a la vez real. 
 
 Dios necesitó el hacernos que creer que todos podríamos ser iguales, entregándonos circunstancias diferentes, condicionantes, para que sobre las cabezas y espaldas de los más tengamos el yugo, la botal del amo y señor carnal, que cada vez que pretendemos levantar cabeza, nos pisa más fuerte.
 
Por supuesto que esta pretensión denodada no es explícita. La justicia, el amor, la gloria y la eternidad son necesidades que hacen a que el hombre sea tal en el marco de un accionar público o colectivo. En el condicionante en donde actúan tales cancerberos de dios, que al tener más poder que el resto, cobran mediante esta prerrogativa por realizar con encomio tal tarea, encarnizadamente. Como los conceptos nombrados son ausencias necesarias de cubrir para el ser humano, también lo es la imposibilidad de encontrar una respuesta a todo los interrogantes, la incapacidad de vivir atemporalmente (ser eterno). 
Para el resto, para la dimensión del presente, del ahora, está lo democrático, donde se nos dice que todo es posible, decirlo, plantearlo (libertad de expresión y voto) permitido en un presente continúo a sabiendas que nunca se cumplirán tales promesas, que nunca llegará ese futuro.
Dios es el pasado, lo que creo (todo) y sólo delega el presente a esos hijos mas dilectos el presente, de un mundo, que bajo la égida de estos, siempre terminara, desigual, injusto y de unos por sobre otros, dado que sí no resultase así, el mundo debiera acabar, terminar o concluir.
 
Dios es lo ausente. Lo que él no es, es el hombre. El motivo de la existencia de este tiene un nombre, Dios, que a su vez, como para transformarse en realidad efectiva y cobijar a cada uno de los particulares, puede desgajarse en el ser amado, la especulación, la perpetuidad de sensaciones placenteras, el poder, la ambición, la notoriedad. No se puede afirmar que Dios es una esperanza de los individuos, situado en algún lugar fuera de la tierra. Tampoco de que es el gran creador de la humanidad. Dios es el destino que no pude ser exhibido. Es el destino que se va forjando. Es el azar interpretado como necesidad y la necesidad interpretada como azar. 
 
Dios es la nada del hombre, que existe gracias al ser, capacidad del hombre como para que exista la nada. 
 
El hombre es la nada y el ser. Dios es el hombre de la nada absoluta, por ello necesita mostrarse como entidad o como ser superior. El hombre es el ser, por ello siempre necesitará justificar su existencia, pese a existir.              
 
Dios no es malo, ni bueno, diagramo un mundo en donde sus soldados más fieles, tienen una misión, con fundamentos, instrumentos y condiciones favorables, para que el resto, se asemeje a quiénes cumplen mejor sus órdenes, preceptos y dictados. 
Cuando dios no apreta a los líderes, porongas o capangas, como estos lo hacen con sus súbditos y mandados, se encuentran en el desolador desamparo que hubieron de actuar por las suyas, creyendo que lo hacían bajo la protección de un ser superior. Ese es el infierno. El cielo, para los oprimidos, es saber y por sobre todo, sentir, que cualquier cosa que signifique la muerte, resultará mejor, que vivir todos los días y minuto a minuto, bajo la bota de un opresor que cree estar actuando bajo las ordenes de dios. 

 

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