15 de septiembre de 2026
En lo que nos hemos convertido.
Viene a la memoria la paradoja de Teseo. Plutarco planteaba la duda acerca cuánto igual podría seguir siendo un objeto (en su caso un barco) a medida que iba siendo transformado o reconvertido parcialmente. La cuestión que deviene en un dilema filosófico en relación a los paradigmas de identidad y diferencia, se hace aún más complejo, en este presente desafío que ofrecemos, dado que la conversión que pretendemos focalizar es la que padecimos en nuestra condición de sujetos.
De hecho desde las llamadas ciencias duras, se definió al “antropoceno” como la época geológica que transitamos, producto del cambio radical que introducimos de un tiempo a esta parte en la naturaleza misma.
Insistimos en que, igualmente, se sigue hablando, del objeto y nuestra hipótesis, es aún más contundente; estamos ante una reconversión, profunda y significativa de la condición humana, es decir desde nuestra misma subjetividad.
La prueba más básica y elemental, es que esto mismo podría estar siendo narrado por una inteligencia artificial, es decir por un algoritmo. Es más, hasta podría plantearse cuánto de lo humano de los tiempos de Plutarco, sigue anidando en nosotros, sí, pese a evitar acudir a lo descripto, escribimos en un ordenador, bajo un procesador de texto con herramientas como “el predictivo”, el copiar y pegar bajo la consulta inmediata en la internet de lo que expresaron otros y su inmediata difusión en plataformas y redes, que generará, así sea una no reacción o indiferencia, una interpretación de lo expresado.
Es una verdad de Perogrullo que la vida digital es mucho más determinante que la vida presencial o del contacto directo. Independientemente de cuánto usemos cada uno de nosotros tal interfaz para “estar/siendo” o existir, luego del fenómeno mundial de la pandemia, nuestras nociones de tiempo/espacio se resignificaron de un modo que aún nos cuesta asimilar o conceptualizar.
Estas líneas, son una vaga intención de enfrentarnos a ello.
Sentimos, que no sólo seguimos sin respondernos ¿qué significa pensar? Aquel interrogante planteado por Heidegger en relación a una de sus preocupaciones centrales el siglo pasado en lo vinculado al desarrollo de la técnica y las consecuencias para lo humano, sino que, hemos resuelto, abandonar tal inquietud y en el peor de los casos, censurar o hasta perseguir a quiénes puedan, obstinadamente ir en tal sentido.
Vivimos publicando “estados” o historias, que duran minutos, resignificando con ello un concepto básico como el tiempo, lo mismo con “contendido” que pasó a ser la difusión de imágenes de carácter íntimo, las palabras dejaron de imprimirse en papel y son corridas en segundos, por “scrolleos” mediante un objeto, como el móvil que se incorporo a nuestro cuerpo, como una suerte de injerto, indiscernible a nuestra carne.
Para que hablar de las nociones anquilosadas en los tiempos de la era industrial de trabajo, e incluso de estado. Siquiera se trata de cuestiones ideológicas, dado que hemos suprimido la posibilidad de pensar no sólo en ello sino en tal disposición de lo humano, mutilamos tal posibilidad en tren de habitar una suerte de eternidad virtual que naufragara en las oleadas impetuosas de las redes y terminaremos hundidos en “memes” que serán prontamente sepultados y olvidados por su reproducción viral y metastásica.
Tal vez quede, creemos que esto es lo que finalmente nos anima, la esperanza. Seguimos nosotros, pese a tu silencio y menosprecio, en esto que dimos en llamar una escuela de pensamiento. Nos llega de la República Democrática del Congo, la singular propuesta del profesor Mpala Louis del “proposicionismo” qué bajo la influencia Bantú, ofrece un pensamiento bajo en encuentro presencial, del cara a cara, del mirarnos de frente a los ojos para decir que pensamos e intentar con ello ponernos de acuerdo.
También tenemos en curso el desarrollo presencial de nuestro segundo encuentro de filosofía política para abordar la pobreza para noviembre próximo.
Sí bien sabemos que poco te interesa y que nada harás con esto, no dejamos de seguir perteneciendo a la condición de lo humano, que en plena reconversión, aún conserva ciertos vestigios de aquello, cuando la poesía nos sacaba del aburrimiento, del temor a la muerte y del infierno.
Por Francisco Tomás González Cabañas.
Escuela Correntina de Pensamiento.
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