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17 de julio de 2026

El fútbol es la continuidad de la política por otros medios, a propósito del “Son indios” expresado por el técnico argentino en referencia a sus jugadores

En virtud del anterior mundial de Qatar, escribí en aquel entonces, el siguiente artículo del que cito aspectos que siguen firme y en pie, de acuerdo a mi humilde consideración:

El desatino de Cronos (de lastimar el pene de su padre Urano que copulaba una y otra vez en el vientre de Gea de acuerdo al mito Griego, permitiendo la separación del cielo y la tierra, conformando ese entre o nuestro mundo) recobró sentido occidental cuando se produjo el develamiento Americano, se abrió un nuevo tiempo que parecía perimido, para los usuales conceptos de trabajo y de felicidad, asociadas indefectiblemente por la dignidad que se emparentaba con la legitimidad que sostendría luego el pacto social, ordenador y vindicativo de lo democrático. Podríamos decir más, Cronos, es un desatino en sí mismo, dado que existe en cuanto se diluye, a medida que deja de ser sí, para convertirse en otra cosa, nominalizada por una unidad de segundos, minutos u horas, que van rodando como una pelota de fútbol.

Para ser más claros, la avanzada de los representantes de Dios en la tierra, expertos en el Griego y el Latín (occidentales), misionaron incansablemente, tributando a la corona, a expensas de evangelizar a todo lo que tuviesen enfrente, dándoles, desde el corazón y la buena fe, aquella cláusula gatillo, de que si quisiesen algo en esta tierra, como en la otra, debían sacrificarse, trabajar, adquiriendo dignidad mediante ello, y un lugar en el cielo de ese Dios, que ahora era uno y tenía un solo nombre y una sola forma de rendirle culto o adoración: la sumisión hacia sus representantes y su prédica.

Al paso de centurias, por razones que se desconocen y que solo podríamos argumentar, soslayando que ciertas cuestiones nos parecen simplemente casuales porque desconocemos las causas reales de las mismas, por más que suene no se trata de un aspecto semántico sino conceptual, los descendientes de los evangelizados, los alumnos de los evangelizadores, que a fuerza de la espada, en su versión más cruda como en su más faceta más políticamente correcta, la nota educativa de la escolástica, reinvierten aquella conquista de las que fueron víctima-victimarios, van hacia ese viejo mundo, desde el nuevo con una pelota entre los pies, generando idolatría y conmoción.

El sistema que de acuerdo a la visión occidental, azota al mundo, les entrega en los balones de estos futbolistas, la clave encubierta del fracaso conceptual del que verdaderamente son afectados directos y específicos. Que ni el supuesto trabajo dignificador (que tanto hace falta ahora en el viejo mundo) ni la rigurosa escolástica educativa que supuestamente debería garantizar la adquisición del empleo, se conviertan en las piedras basales o edificantes de una construcción ruinosa, desespera a los ingenieros que durante años “se fiaron” de este plano.

…Es un golazo de media cancha, que desvergonzados y juveniles de las tierras “indígenas” se transformen en los dioses de la tardo-modernidad que propone el sistema, demostrando con su éxito que más que escuelas que copien la tradición jesuita, se precisa de potreros de fútbol que generen jugadores que tendrán el mundo a sus pies, no se trata ni de una venganza, ni de revanchismo ni de una mueca del destino, simplemente es un cambio de orden, la prueba palpable que los conceptos que otrora eran inexpugnables, merecen entrar en análisis y cuestión..

Podríamos continuar la obra teórica de Carl von Clausewitz, aquél de la guerra es la continuación de la política por otros medios, expresando que el fútbol es la continuación de la política por otros medios, al menos sabemos, por más que en un campo lo aceptemos plácida y gozosamente y en otro nos opongamos tenaz y fervorosamente, a que en ambos (la política como el fútbol, construyen desde lógicas binarias, sus caras y contracaras, sus adversidades agonales) las glorias son para unos pocos selectos, donde la igualdad de oportunidades es un juego ficcional y pese a que las reglas parezcan transparentes, en la resultantes siempre los beneficiados son pocos y los mismos…”

Un mundial después de la coronación de Argentina y a horas de la defensa del título ante España, tras eliminar a Inglaterra, algunos jugadores argentinos luego de la épica victoria, mostraron una bandera que expresa “Las Malvinas son Argentinas”. La tremenda significación geopolítica de tal acto simbólico, continúo y continúa, tras una afirmación del técnico Leonel Scaloni que definió a sus propios jugadores cómo “indios”. Desde nuestra escuela de pensamiento, hace tiempo que planteamos que seguimos siendo las “indias” dado que los otros nombres que nos impusieron no han sido resignificados y el destino, que siempre juega en el velo de su misterio insondable, nos pone en la final, contra España, el reino nostálgico de Castilla-La Mancha, que se va desintegrando en su noción de nación, a fuerza de los nacionalismos que nunca fueron integrados como tal, por intermedio de los republicanos que se resisten a seguir siendo súbditos de la corona y a través de la dinámica política de posiciones ideológicas que pese a ser minoritarias, no pueden dejar de ser no soslayadas dado que se asientan en el no reconocimiento de la nación española como tal.

Obviamente, que también como expresó el técnico Scaloni, antes del trascendental partido contra los ingleses, la final también será sólo un partido de fútbol, en lo real. Pero quiénes hemos leído algunos autores, obviamente españoles dentro de ellos, sabemos que los planos de lo humano, contiene dentro de sí, otros planos, tal cómo el simbólico.

Me hizo llegar un artículo de imprescindible lectura el filósofo paraguayo Cristian Andino, con el que hemos interactuado tantas veces, cuya lectura recomiendo y que tiene cómo título: “No sólo está en juego la final de un mundial; también la descolonización”. Citando a Frantz Fanon nos recuerda que el colonialismo no solo administra territorios sino también verdades.

Semanas atrás junto a filósofos mexicanos, con los que convivimos en el espacio del Centro Desiderio Sosa, Ignacio Medina Núñez y Jorge De la Torre López, tras un seminario de pensar en tiempos de inteligencia artificial, surgió un artículo que dimos en llamar “De la Malinche a Claudia Sheinbaum o acerca de lo que pretendemos los mestizos”. Y nuevamente el destino, fútbol mediante, pone a la Presidente de México, en conferencia de prensa, preguntando a los asistentes ¿A quién le van a Argentina o España? Las manos de los asistentes dan un contundente respaldo de los mexicanos allí presentes a favor de la corona. Claudia, o la Malinche, ríe en complicidad, casi satisfecha, cómo si hubiese cumplido una misión, un objetivo. En la misma línea, simbólica, que lo expresado por Keir Starmer luego de la derrota de la selección inglesa ante Argentina, mediante su portavoz: "El Primer Ministro les desea lo mejor a ambos equipos en la final, especialmente a España".

Por supuesto que la final del mundial será sólo será un partido de fútbol, todo lo demás, mediante el rodar de la pelota, se seguirá tensando, bajo otra posición, que nos tiene al menos con mayor claridad, desde nuestro lugar en el mundo, de lo que hemos sido, de lo que somos y de lo que queremos ser.

Por Francisco Tomás González Cabañas.

Desde las indias.

Escuela Correntina de Pensamiento. Conceptualización filosófica.

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