Lunes 13 de Julio de 2026

Hoy es Lunes 13 de Julio de 2026 y son las 20:23 -

  • 20º

13 de julio de 2026

La bienal talla la identidad chaqueña

A pocos días de una nueva edición de uno de los acontecimientos más determinantes de un circuito de arte-participativo y su respectivo y casi inmediato, resultante efectivo (la escultura que formará parte del patrimonio resistenciano, también a cielo abierto y al alcance de la mano) cada obra que se realiza, interacción mediante entre el artista y el espectador, cincela una forma de ser ante el mundo que, cómo muy pocas, se expone a una transformación permanente en la concepción dinámica del tiempo del lugar dado

A diferencia de tantos otros, lejanos y cercanos, dónde las esculturas fueron resistidas o no bienvenidas (caso la Taragüí en Corrientes) o siguen "escondidas" en sectores de museo, el caso de la escultura "flor índigena" de Leguizamón Pondal en un sector del museo vidal, no así su melliza en la Avenida Sarmiento, cruzando el puente, formando parte del paisaje cotidiano, perteneciente de tal manera situada, más al hombre de a pie, que al "culto", lego o licenciado, la provincia del Chaco, disrumpe la noción del tiempo, de lo viejo y nuevo, de lo clásico y moderno, y se incardina en el horizonte de las comunidades que tallan desde la búsqueda de la singularidad el aporte invalorable de sus acciones en el sucedáneo de lo incierto. El secreto develado, esculpe la identidad, mediante el juego que luego se hace arte, del niño que intrépidamente se esconde, para medir su valor y sus pasos, anidando muy dentro de sí, el deseo de ser encontrado, y legitimar la otredad, mediante el interés buscado, por ese otro que le demuestra su amor en tal acto. El tiempo no trata del paso de los años, la suma como operación aritmética, es tan sólo una parte, necesaria de lo algorítmico, que como estamos aprendiendo, no lo sabe todo, pese a su afán de responder siempre, así venga en formato de "inteligencia". De hecho y para ratificar lo pensado, una de las tantas propuestas de la Bienal del Chaco 2026 llega por intermedio del escultor Furkan Depeli que labrará la propuesta de discernimiento del tiempo clásico o lineal (cronos) con el momento de Kairós u oportuno en dónde algo importante sucede. Si observamos el accionar de las agujas de un reloj daremos cuenta que a ese tiempo lo pretendemos encerrar en las dimensiones del espacio. Simultáneamente, sin embargo, sucederán diversas cualidades, que tendrán otro tipo de tiempos, para cada uno de los que lo experimentemos, independientemente sí ese reloj dio cinco millones o cincuenta millones de vueltas. Así nos despertó Bergson cuando alumbró el concepto de durée (duración) cómo “la forma que toma la sucesión de nuestros estados de conciencia cuando nuestro yo se deja vivir; cuando se abstiene de establecer una separación entre el estado presente y los anteriores” (Bergson, H. “Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia”. Ed. Sígueme. Salamanca, 1999. p, 120).

Una composición musical es la alegoría mediante la cual, el francés nos invita a que vivamos nuestro “yo profundo”, entendiendo que el pasado es una parte indiscernible de nuestro presente, que conformará lo que vivamos sucedáneamente. Podemos diseccionar una parte de la melodía, pero no tendrá sentido sin su totalidad, sin esa duración dinámica de sucesos que se prolongará indefinidamente, mediante sus composiciones heterogéneas. El espacio, aquello que ocurre por fuera de nuestra conciencia, es una composición homogénea, a la que mediante el instrumento número, forjado para conocer lo extenso, nos genera la otra experiencia de la duración impura, la que también nos podrá, determinar, llevándonos al yo superficial, donde finalmente emparejamos, maridamos o mixturamos al tiempo con el espacio, confundiéndolos y confundiéndonos.


Ninguna de nuestras experiencias, que nos constituyen y nos seguirán constituyendo, pueden ser dimensionadas por una realidad contada, en la repetición de los movimientos de una aguja girando sobre un eje. Tal colección de unidades idénticas sitúan lo escenográfico, como un elemento secundario, como un fenómeno posterior, donde se vuelca el contenido.

En el fluir constante de nuestra dimensión de los hechos, los situamos a estos como diacronías, es decir que se suceden en una suerte de espiral en donde constituimos el pasado, el presente y el futuro. Sin embargo, los mismos nos habitarán en nuestra conciencia de un modo no espacial, sino sincronico. Kant hubo de encontrar la metáfora del mito griego de Gea y Urano, separados por la acción violenta de Cronos (castra al padre), que precisamente es el tiempo físico, que surge, en el entre, el cielo y la tierra (que constituían sexualmente lo homogéneo e indiscernible). Bergson, sin refutarlo expresamente, nos dirá que esa separación no ocurre dentro nuestro, sino en un afuera, que debe ser mensurable por una determinación temporal-numérica, pero que no modifica sustancialmente la “durée” o duración. “Se espera que la experiencia futura sea como la pasada” nos alecciona y el sentido más cabal y cotidiano lo narrará majestuosamente, un pariente político suyo, Marcel Proust en su obra “En busca del tiempo perdido”. Mediante actores como la fundación Urunday, el pueblo del Chaco, los límites necesarios de Resistencia, tendremos la oportunidad, quiénes estemos cerca o nos podamos acercar, de ser parte de una experiencia tan profunda como inigualable, siendo parte de la historia, tallándola casi sin darnos cuenta, mientras pasa el invierno. Por Francisco Tomás González Cabañas.

COMPARTIR:

Comentarios

Tu comentario se publica directamente al enviarlo.

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno.