25 de mayo de 2026
Nuestros ruegos de pensar la Inteligencia artificial fueron escuchados.
La carta encíclica de Su Santidad León XIV "Magnifica humanitas" (por suerte el Vaticano es indemne a la tontería o perversión de "lenguaje claro") es un manifiesto conciso y claro acerca del discernimiento imprescindible en los tiempos de inteligencia artificial. La base vertebral del documento la vemos reflejada en el siguiente párrafo: "Pedir prudencia, controles rigurosos y, en ocasiones, también una ralentización en la adopción de la IA no significa estar en contra del progreso, sino ejercitar un cuidado responsable hacia la familia humana. Esta exigencia es aún más urgente porque existe a menudo un desequilibrio entre la velocidad del desarrollo tecnológico y el ritmo al que maduran la conciencia, las normas, los controles y las instituciones capaces de gobernar sus efectos. No basta invocar genéricamente la ética; se necesitan marcos jurídicos adecuados, vigilancia independiente, educación de los usuarios, una política que no renuncie a su tarea. De otro modo, el cambio será gobernado sólo por lógicas tecnocráticas y presentado como necesario e imprescindible, terminando por imponer reglas dictadas por quienes poseen datos, infraestructuras y capacidad de cálculo".
Desde nuestra fundación, los testimonios escritos ofician como testigos insobornables de lo que creemos, pensamos y trabajamos. En 2017 por ejemplo bajo un artículo dado en llamar "la democracia fenomenológica" hacíamos uso de la metáfora de la torre de babel. "Con esta suerte de torre de babel, en donde hemos abandonado o la ninguneamos, la sometemos a escarnio y difamación, a la lectura, a la comprensión de lo escrito, como el testimonio del logos o la razón ejercida. Lo que queremos expresar, es que, está suerte de festival vanidoso de la época de la imagen, de la multiplicación al absurdo de lo inexpresivo de una foto o instantánea que encarcela el tiempo y la libertad y que nos conduce a la persecución estúpida, de pulgares arriba (cómo en los tiempos del Imperio Romano, en donde esta gestualidad significaba la vida para el gladiador y el pulgar hacia abajo su muerte) en la cosificación de amasar y acopiar, elementos, efímeros e innecesarios que sólo nos conducen a engolosinar nuestro ego, y cegarnos en la posibilidad de mirar al otro, tiene como elemento primordial, como batalla madre y primigenia, que no leamos, para que no razones y simplemente seamos autómatas; esclavos de nuestros instintos más irracionales y despresurizados de nuestras características humanas más fundamentales (esto se observa claramente en las producciones cinematográficas, que auguran un futuro en donde somos esclavizados, por una inteligencia artificial que creamos para que satisfaga nuestro egolatrismo, al costo de qué dejamos de pensar por el temor de que no se nos garantice que seamos felices mientras lo hacemos)". Tal vez exista un dios o varios, lo cierto es que existe un Papa y un estado Vaticano que están pensando en lo más crucial de lo humano y con ello damos cuenta de lo justo y necesario. Francisco Tomás González Cabañas.
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