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5 de abril de 2026

Los putos amos...de casa.

Economía etimológicamente significa las leyes del hogar. Por tanto los economistas no son más que los amos de casa. Evitando la carga peyorativa que alguna vez tuvo tal condición o actividad, resulta tan nocivo o intolerable que la reconversión del manejo o la administración de lo particular, propio o de puertas adentro, cuente con la atribución o posibilidad de ser el sitial privilegiado y determinante en el que se ordene nuestra pirámide social y cultural. Una dónde los economistas, otroras personajes menores de la sociedad, reaccionan con revanchismo y vindicación, en posición hegemónica y carácter atrabiliario, sobre todo contra, los que sobrevivimos en el último escalafón, los pensadores, filósofos o intelectuales.

No lo expresamos por ocurrencia o haciendo uso de la arbitrariedad de quién administra palabras, lo referimos de acuerdo al caso que citamos a continuación y que expresa uno de los reveses del actual "clima de época". "El caso del economista chileno Sebastián Edwards, de sus declaraciones en una entrevista aparecida el pasado 12 de junio de 2024 en el programa Agenda Económica de CNN Chile...se refirió al programa Becas Chile encargado del financiamiento estatal de estudios de postgrado en el extranjero. En su opinión, este debería cerrar por una década el área de las humanidades, con el fin de financiar exclusivamente las ingenierías aplicadas. Sugirió además la idea de separar el Campus Beauchef (Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas) del resto de la Universidad de Chile para transformarlo en un centro de investigación tecnológica. Finalmente, Edwards agregó que, a pesar de que el Estado no debe “meterse” en la economía, este podría dar “empujoncitos” para restringir la gratuidad en universidades acreditadas con el propósito de no ofrecer facilidades a carreras que “no tienen futuro”. La Asociación chilena de filosofía en su web ( http://www.achif.cl/) respondió con argumentos y razones a la vergonzante diarrea de expresiones del amo de casa, que en provecho de tal condición y por carencia conceptual y de formación que implica dedicarse sólo a los aspectos de uno mismo o de un pequeño grupo, no pueden más que hilar razonamientos que no vayan más allá de sus preconceptos y anhelos surgidos del más rudimentario capricho ególatra y recalcitrante. No poder distinguir entre el individualismo que cualquiera pueda abrazar, alcanzando previamente la posibilidad de elección, mediante el proceso de individuación (entender que uno es en tanto los otros, sean padres progenitores, científicos de probetas o dioses creadores) se constituye en una dificultad tan grave como no leer ni comprender textos básicos o elementales. La democracia que entronizó tantas promesas, como el progreso social ascendente, bajo faros como el mérito o la idoneidad, no sólo que olvidó los mismos sino también su facultad promesera. Reina cumplimentando solamente que amos de casa como el chileno citado digan burradas sin pagar ningún costo por ello y que puedan presentarse en elecciones para ser gobernantes o representantes del pueblo o demos. Aquí radica el principal problema. Los amos de casa, usan la democracia para ejercer un poder despótico o dictatorial, aprovechándose de la herida invisible de lo común, tal como lo refiere acertadamente el filósofo Luis Sáez Rueda "Comunidad y pueblo no están uno contra el otro como formas antagónicas de la sociedad. Son, más bien, haz y envés, anverso y reverso, irreductibles entre sí y, paradójicamente, inseparables. Se relacionan como la centricidad y la excentricidad: en la forma de una tensión...La comunidad es el lugar de un habitar, de un ser-en-el-mundo, de una incorporación de los individuos concretos en la centricidad de un mismo círculo mágico: el de un territorio, un modo de vida y una organización política. Por el contrario, el pueblo, debido a su excentricidad, resiste al habitar desde el interior de éste, pues se reconoce extraño en cualquier hospedaje concreto y, por más que tenga el destino de transitar por uno u otro, experimenta, como D. Quijote, que no pertenece a ninguno en particular y que su lugar natural es estar fuera de lugar, es decir, en camino. La sociedad humana es errante en su espíritu...La comunidad presente está sin pueblo y el pueblo presente está sin comunidad. Todo ello porque el hombre occidental (ante todo el europeo y anglosajón) ha sido envuelto por los poderes que él mismo ha desplegado y porque, en consecuencia, adolece de agenesia. No aspira ya a crear obras inmortales para la cultura, como quería Pericles, según se lee en su discurso fúnebre. Aspira al dominio sobre la tierra completa...Sin pueblo, la comunidad da vueltas y vueltas a un mismo centro, organizando su vacío. Sin comunidad, el pueblo está desarraigado y aletea en lo imaginario: sueña que actúa, pero no actúa; dice que actúa y solo genera discursos; se determina a actuar y se queda inmóvil paladeando esa ficticia determinación. No necesitamos más comunicación. Necesitamos creación. Y solo vendrá, nos tememos, cuando su malestar haya crecido tanto que sea insoportable: un pueblo dormido solo despierta a causa de horrorosos padecimientos" (Extracto, ligeramente alterado, de Sáez Rueda, L., El ocaso de Occidente, Barcelona, Herder, 2015, cap. 1, parágrafos 3 y 6). El amo de casa, no tiene otra posibilidad que no sea la de obedecer. Preso en las cuatros paredes que lo determinan, podríamos decir la caverna platónica que sólo transmite las sombras de las figuras que se producen en otro lugar, no hace más que defender a ultranza la transacción ad infinitum que propone el ridículo y perverso algoritmo en que lo humano devino; acumulación repetitiva y reiterativa. Supresión del placer por el goce, oclusión del silencio, del error, del pensamiento, de la creación. Afuera de todo hogar, se encuentra lo incierto e inconmensurable. Lo auténtico al desnudo que ningún número ni operación matemática, puede evitar, en el error de creer que es lo mismo que predecir, en caso de lluvia, de calor extremo, o de cualquier inclemencia climática, para las cuáles los que tienen mayores recursos, ante ello, somos los que pensamos e intuimos, rumiamos conceptos, pese a los intentos autoritarios de varios, como los recientes y aquí denunciados, por parte de estos amos de casa y sus absurdas e inconsistentes pretensiones de lo doméstico. Por Francisco Tomás González Cabañas.

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