Sábado 14 de Febrero de 2026

Hoy es Sábado 14 de Febrero de 2026 y son las 16:35 - Una lectura política de "La rosa de Paracelso". / Mayor transparencia en el ejercicio de la abogacía. / Seminario "Pensar en tiempos de Inteligencia Artificial". / El giro semántico del que adolece el decreto 941/2025 (que amplía las facultades de detención de la SIDE) / Discernir entre lo urgente y lo importante. / Akahatá. Cuento infantil. 10 capítulos. / Quien mal empieza, mal acaba. / "Akahatá" el cuento infantil correntino en clave política y filosófica. / ?La justicia bastarda? en manos del ministro de Justicia de la Nación Dr. Cúneo Libarona. / Le sobran ?machos? al encuentro plurinacional de mujeres. / Es Ezequiel 25/17 Santiago Caputo, no Hegel. / Violados: ¿El fin de la dialéctica? / Un nuevo paradigma gnoseológico. / ¿Es un principio liberal/libertario el comercializar candidaturas? / Encajetados / Las preocupantes ausencias en el debate acerca de adherir a la ley de narcomenudeo en Corrientes. / El voto como única herramienta de disconformidad. / Irresponsables. / El tiempo del desprecio / Apreciaciones sobre la candidatura de Virginia Gallardo. /

  • 20º

14 de febrero de 2026

Una lectura política de "La rosa de Paracelso".

Entre tantos tesoros ocultos que el barro de los tiempos actuales, se obstinan en tapar con mayor intensidad, encontramos las palabras de Borges, o de la idea de sí mismo que las mismas construyeron tras sus pasos en estas tierras.

En mucho menos tiempo que el dedicado a ver "reels" de pavotes importantes, de cuentas verificadas y populosas, podríamos leer, o releer, un par de páginas de un cuento de Jorge Luis, que para el presente caso, sugerimos, el dado en llamar "La rosa de Paracelso".    En el tormento de habitar instancias dónde se convierte en noticia que grupos de jóvenes se disfracen de animales, haremos el esfuerzo de sintetizar, lo que arbitrariamente, creemos es lo indispensable del cuento, para quiénes tengan pereza de leerlo completo.   "En su taller que abarcaba las dos habitaciones del sótano, Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo...– El camino es la Piedra. El punto de partida es la Piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.

El otro miró con recelo. Dijo con voz distinta:

– Pero… ¿hay una meta?

Paracelso se rió.

– Mis detractores, que no son menos numerosos que estúpidos dicen que no, y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé que “hay” un Camino...– Es fama -dijo – que puedes quemar una rosa y hacerla resurgir de la ceniza, por obra de tu arte. Déjame ser testigo de ese prodigio. Eso te pido, y te daré después mi vida entera.

– Eres muy crédulo- dijo el maestro-. No he menester de la credulidad; exijo la fe...Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso había dejado sobre el pupitre y la arrojó a las llamas. El color se perdió y solo quedó un poco de ceniza.
Durante un instante infinito esperó las palabras y el milagro...Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja.
Y la rosa resurgió". (La rosa de Paracelso. Jorge Luis Borges.)    Es el indeterminado dios, quién necesita que alguien confié en él. Allí surge Paracelso y su plegaria. El discípulo está dispuesto a creer, prueba mediante, más no así en confiar. Un resultado jamás puede validar una acción. Paradójicamente la mayoría de nuestras acciones están orientadas a la obtención de resultados. Un gobierno, confía en que los ciudadanos confíen en sus acciones y estos confiaran en el gobierno, en tanto y en cuanto, las acciones sean evaluadas, siempre, en un segundo plano. Ahora bien. Sí un gobierno supedita a que cada una de sus acciones, requieran de la credulidad, más no la confianza de sus gobernantes, estos, podrán pedir pruebas o resultados parciales, minando el vínculo basal y esencial de la confianza. Se fatigara la verdad con pruebas pretendiendo establecer un procedimiento jurídico, para determinar las acciones buenas y malas de un gobierno, en el coloquial y cuando no fangoso tribunal de la opinión sin fundamento, del "meme" a tiro de algoritmo, que es lo que vemos en la mayoría de los asuntos públicos que se debaten en la actualidad. La rosa, surgirá de las cenizas, bajo palabra, por aquello de la imposibilidad material de que la rosa sea otra cosa que la idea de, moldeada en cada una de sus singularidades, sólo en caso, de que se entienda la concepción entrópica de lo humano y por ello del fenómeno del poder que lo administra. Es decir, es imposible encorsetar, tomar un captura, o fijar parámetros, con la intención nefasta de tener resultados, de lo que nos acontece como seres humanos desde que somos tales y como nos comportamos, en cada momento o instancia, ante tamaño tormento.    Dios, fue tal para Paracelso, cuando éste dió cuenta que su fe, su confianza en su obrar y entender el mundo (la existencia del camino y lo inalterable de las ideas o conceptos, pese a sus necesarias variabilidades) fueron rechazadas o no comprendidas por quiénes, contrariamente van en busca de acumular hechos para validar sus existencias u obrar.    El poder en disputa no es más que la manifestación más clara de la voluntad de lo humano. Todo lo demás, es accesorio, fútil o inauténtico en términos heideggerianos.    El valor de comprender, las primeras y últimas causas de las acciones de los hombres, es de una magnanimidad tan elocuente, que tal como los tesoros más valiosos, se esconden en lugares insospechados. Tales como las páginas de un libro, y para llegar a los mismos, la disciplina tenaz y constante del pensamiento, es una acción ineludible e indispensable.    Todo lo demás, que abunda y sobra, lo tiene por doquier, al alcance de la mano, de esas que no precisan de preguntarse el sentido o las razones de las cosas. Los seguidores de los profetas de la abundancia, que creen en la alquimia del número y de los resultados, que no pudieron darse la posibilidad de sentir bajo el rigor de la fe en lo humano, que la multiplicidad sólo es una escisión de lo uno, variables, apenas sutiles y repetitivas de lo que hemos sido y somos en lo eterno e inmutable que creemos, en lo terreno, haber escapado.     Por Francisco Tomás González Cabañas.- 

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