Miércoles 27 de Octubre de 2021

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FILOSOFíA

14 de junio de 2021

Tal vez una ambigüedad en el pensamiento de Marx... (con ocasión del 150 aniversario de la Comuna de París)

Reflexión apresurada acerca del motivo por el que Marx no esbozó una Ética o una Estética propiamente marxistas, ni tan siquiera marxianas, lo cual produjo no pocos quebraderos de cabeza tras la Revolución Rusa pero también una gran profusión de ideas, como el autor, Óscar Sánchez Vadillo, trató ya de analizar hace tiempo en https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2967088

 

                                                                      La verdadera música no podemos más que presentirla. 

                                                                                   Johann Sebastian Bach 

 

 

 

Me pregunta mi amiga Valentina por guasap -parece que también puede usarse para estas cosas- qué opino de la ética de Marx tal día como hoy, que pica el Lorenzo, o sea, el sol de Madrid. Y me trae a la memoria un pasaje de Carlos Fernández Liria, creo que en su librito sobre Gramsci, en que tematiza el por qué Marx nunca escribió un libro específico titulado “La sociedad comunista”. Él responde que porque no hacía falta, ya que no existe propiamente la sociedad comunista como un ente concreto poshistórico al que haya que aguardar tras el derrumbe del capitalismo, sino que algo así como la “sociedad comunista” no es más que el Estado de Derecho funcionando como una República en la que ha sido abolida la lógica perversa del mercado libre. Yo, en cambio, voy a aventurar otra respuesta. Desde luego, no comparto los delirios de Althusser, que ya se encargó él de desmentir en El porvenir es largo, ese libro autoexculpatorio o autocondenatorio, las dos cosas a la vez, al confesar que apenas había leído El Capital. El pobre Louis ya estaba loco mucho antes de estrangular a su mujer, y de hecho fue su mujer misma la que le sacó del psiquiátrico cuando era joven. Pero tampoco comparto las nada filosóficas consideraciones de Escohotado, que acusa a Marx hasta de no saber escribir (según él, le corregía Engels, pero Marx ya había escrito mucho y bueno antes de conocer a Engels), o de ese genio del mal, Jiménez Losantos, que le niega la condición de “teórico”, puesto que Federico en su vida ha leído a uno ni sabe lo que eso pueda ser. Lo que pienso, por tanto, es que Marx fue un hegeliano hasta el fin de sus días, y que justamente ese hecho explica la vaguedad y escasez con que se describe el modo comunista de vida en sus numerosos escritos. No es sólo porque todos seamos eficacísimos en la pars destruens de un discurso, y un desastre en la pars construens, y mucho menos porque Marx fuera especialmente deshonesto -más deshonesto que Platón, por ejemplo, que sí formuló detalladamente su anhelo, y por dos veces- al colocarnos su idea, sino porque no se puede vender la piel del oso antes de cazarla. 

En alemán hay dos formas de decir la palabra “verdad”. La primera es precrítica, prekantiana, y se dice Warheit, y la segunda es la utilizada por el idealismo alemán, y se dice Wirklichkeit. Warheit es la verdad en el sentido más básico, nada inocente pero sí inveterado: decimos que algo es cierto cuando nuestro enunciado se adecua a la realidad, así de simple, tal como lo acuñó Tomás de Aquino. Sin embargo, Wirklichkeit significa la verdad en tanto que tiene lugar, que acontece materialmente en el mundo humano[1] -nada que ver, cuidado, con el événement con el que se chutan pública, impúdicamente, los posestructuralistas franceses. Si, por ejemplo, en España se implanta por fin una ley de la eutanasia, eso significa desde un punto de vista hegeliano que la humanidad ha alcanzado un grado de madurez suficiente como para desprenderse de las supersticiones en torno a la muerte y materializar esa verdad recién descubierta -la muerte no es más que la ruina del cuerpo- en forma de derecho vigente. Eso es Wirklichkeit: verdad que no sólo es verdad y punto, como la Warheit platónica o tomista, sino que se transforma en objetividad social y es reconocida como tal en prácticas sociales determinadas. Así de fácil, aunque de nuevo los posestructuralistas franceses se hayan empeñado en oscurecer todo este proceso haciendo recaer sobre la Wirklichkeit toda clase de sospechas y paranoias morbosas e imbéciles presuntamente provenientes de Nietzsche, de Freud o del escritor rarito amigo suyo que tienen al lado. Pues bien, creo que a Marx lo que le sucedía es que trataba de sostener los dos conceptos de verdad al mismo tiempo. El comunismo sería verdad en el sentido de que acertaría a evidenciar la forma racional de convivencia que expresaría la plenitud de la esencia humana al fin manifiesta, y a la vez el comunismo sería verdad en el sentido de que el comunismo tendrá que ser lo que la experiencia de la conciencia, el duro trabajo del concepto, vayan a a hacer de ello una vez consumada y consumida hasta las heces la organización burguesa de la producción. Y esto último no se puede saber hasta que tal modo de hacer llegue a su final y emita, por así decirlo, su lección histórica, lo cual todavía no es el caso. 

De modo que si Marx sólo dejo apuntados unos cuantos rasgos acerca del modus vivendi comunista en La ideología alemana, en una forma bastante idilista y pastoril por cierto, y en La crítica del programa de Gotha, deprisa y corriendo y hablando de unos misteriosos “bonos” o sentando que por “trabajo” se debe entender toda exteriorización libre de la actividad humana -lo digo tal como lo entendí-, es porque de haber entrado en mayores detalles hubiese incurrido en una empresa francamente idealista. Sólo un idealista, en efecto, plantea las cosas de manera que la Reflexión, como se produce antes que los actos, sirve para guiarlos y explicarlos. Pero si eres materialista como quiere serlo Marx, entonces sabes que no sabes, es decir, que la guía y la explicación son a posteriori de las acciones concretas de los hombres.  ¿Cómo será, pues, la sociedad comunista? Tú haz primero la revolución y luego ya veremos. La Revolución misma, con mayúsculas, la revolución que acabará con todas las revoluciones -el ascenso de la burguesía fue sin duda una tremenda revolución que Marx admira y valora en el Manifiesto comunista...- es en este aspecto un acto teórico, de conocimiento, y no sólo práctico. Cuando tenga lugar la Revolución no sólo habremos dejado atrás un estilo ideológico de producción y organización social y política, también saldrán a la luz ciertos conceptos que aflorarán con el fin de la lucha de clases, y que en el momento presente aún nos son desconocidos. Nos son desconocidos porque no están más allá, como las ideas de Platón, ni caen del Cielo, como las prescripciones divinas, sino que son fruto del desenvolvimiento histórico concreto, material (sí, ya sé, los althusserianos que en el mundo han sido me insultarían por esto). Se ha echado en cara a Marx no haber elaborado una Estética, aunque luego tantos se hayan encargado de dársela hecha, principalmente la Escuela de Frankfurt en Occidente y Stalin en persona y por decreto del 32 en el bloque soviético. Y también se le ha echado en cara, menos frecuentemente, no haber dejado indicación alguna en materia de Ética, excepto en las Notas sobre James Mill, donde dice que la autorrealización humana únicamente puede cumplirse allí donde cada uno ayuda también a subvenir las necesidades de los demás. Pero me parece que no es justo, por las razones antedichas. Ahí donde se piensa en términos de Wirklichkeit, no se pueden pedir soluciones en términos de Warheit. Hegel estaría completamente de acuerdo: cómo demonios voy a saber yo, por ejemplo, lo que querré hacer cuando me jubile si aún no poseo ni la sabiduría ni las circunstancias exactas ni el dinero en la cuenta corriente que tendré o no tendré para entonces. No existen certezas éticas, estéticas o políticas predeterminadas: el materialismo marxiano consistiría en el máximo grado de conciencia alcanzado por el hombre de que tales verdades se hacen, y no arbitrariamente por supuesto (véase, si no,  el Dadá, el Surrealismo, la Deconstrucción et alia...) Pensar lo contrario sería, ya digo, idealismo. 

La Academia Soviética de las Ciencias tildaba la ética de Kant de formalismo huero y de aliada de los burgueses convicta y confesa, como era de esperar. Para ellos, el Imperativo Categórico debía ser sustituido por la Lucha de Clases y la posterior Dictadura del Proletariado. Esta noción, la de “dictadura revolucionaria del proletariado”, Marx la había excogitado con la vista puesta en las gloriosas jornadas de la Comuna de París de 1871, pero nunca sabremos si no se le hubiera ocurrido algo mejor de haber sido la historia distinta. Marx, como todo bicho viviente ligeramente pensante, creaba, desarrollaba y pulía sus conceptos sobre la marcha, más todavía en su caso, convencido como estaba hegelianamente de que es la marcha histórica misma la que gesta sus propios conceptos, y de que la lechuza de Minerva sólo echa el vuelo al atardecer. Pero es natural también que puesto que Marx era una gran referencia viva en su tiempo, y además presidente de la Primera Internacional, sus lectores, seguidores o compañeros políticos le pidiesen verdades éticas, estéticas o políticas fijas a las que agarrarse -no en vano de la Academia de Platón salieron instruidos muchos discípulos que luego fueron políticos fuera de Atenas, y en algunos casos tiranos. Le pedirían más Warheiten y menos Wirklichkeiten, y lo cierto es que no se les puede culpar mucho de ello. La praxis política urgente no entiende mucho de la larga paciencia del concepto y del tenaz esfuerzo de lo negativo, por decirlo con Hegel. Pese a su ambigüedad filosófica de fondo, o vacilación ontológica, podríamos decir, Marx tuvo para ellos estas enfáticas y celebérrimas palabras, también pertenecientes a La crítica del programa de Gotha del año 1975:  

En una fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, el contraste entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués y la sociedad podrá escribir en sus banderas: ¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades! 

 

 

[1] Los diccionarios la traducen como “realidad”, pero para eso ya está Realität; yo diría más bien “verificación”, “realización”... 

En recuerdo de la Comuna de París: https://www.youtube.com/watch?v=kZwyg2NUCWs https://www.youtube.com/watch?v=2gENGeGBBXA

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