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19 de septiembre de 2020

Santa Librada de Mantilla.

Patrona de las mujeres “mal casadas” o bajo un matrimonio no deseado (tal como era lo usual), podría decirse que es la primera representación simbólica, de la resistencia a la cultura “patriarcal” qué entre tantas desigualdades, sostenía y aún sostiene el ejercicio de cultos donde la figura masculina, predomina en grado sumo por sobre el de la mujer (verbigracia las jerarquías eclesiales reservadas sólo a hombres). Librada en vida fue, quién prefirió dejarse morir (no comer) antes que cumplir lo que estableció su padre como mandato de poder, bajo el eufemismo del amor y el valor de la familia.

Iba a ser entregada, en matrimonio, tal como lo establecían los usos y las costumbres, pulverizando la posibilidad de que se le consultara su deseo. Este silenciamiento en una mujer obraba en realidad como un silenciamiento al género femenino. La práctica se profundizaría siglos después, cuando la persecución se convirtió en cruzada, y hasta en la institución de la “santa inquisición” quién bajó el fuego de la hoguera o tras el lazo de la cuerda, convertía a mujeres en brujas. 

“Se va a caer” rezan ciertas paredes pintadas en violeta o verde, y se convierten tal como lo “personal es político” en más que consignas, axiomas que plantean, incluso, un mundo más allá de la igualdad. Es que si uno lo piensa, independientemente de sus posiciones de privilegio, en lo electoral, por ejemplo, antes que paridad debiera existir en las listas un “cupo hombre” para que solamente un tercio de los candidatos a ocupar cargos sea hombre o se auto-perciba como tal. Han sido muchos años de desigualdad, para cierta posibilidad de paridad, se debiera establecer un mecanismo como el propuesto, al menos por cinco elecciones consecutivas. 

Virus mediante, cayó algo más determinante que el sistema “hétero-patriarcal”, ha caído la concepción de verdad con la cual nos regíamos desde hace siglos hasta la actualidad.    

Quizá entendiendo “la nueva normalidad” sea atinente, desde colectivos que trabajen en la emancipación, en la igualdad y en la ampliación de derechos, que consensuen con los líderes de los cultos monoteístas, la paridad de género en las jerarquías de estas organizaciones y verán cómo en poco tiempo, saldrán desde estas unidades religiosas la defensa irrestricta de la vida, desde antes de la concepción, que es precisamente, el espacio y el tiempo,  del deseo de la mujer de ser madre o no.

Pero no todo será “pan y rosas”. En voz de mujer, se viralizó (en la doble metáfora que nos habla de cómo nos veníamos viralizando y que explicaría la fuerza de un virus) un audio donde se habla de una “Librada” de su “macho” y de la culpa de aquella por haber contaminado su pueblo, enaltecido en la historia por un chamamé que canta a su “cielo infinito”, precisamente de Mantilla. Conocer ciertos detalles, de lo que podría constituirse en un “Chovinismo” chamamecero, brinda aún más elementos para una conclusión. Si bien la Intendente es una mujer, se sabe que llegó allí por ser la hermana de y la hija de, construyendo en tal municipio una verdadera dinastía de poder que bien podría peticionar cambiar el nombre de la localidad, por el de sus gobernantes desde hace décadas, aglutinados en un mismo apellido. Lo más trágico es que a la mayoría nos pareció gracioso, naturalizamos “la denuncia” de la mujer del audio, el espanto que le produjo que la Librada por desear estar con su macho, haya generado un brote de contagios “bajo el cielo infinito” (letra como la mayoría de las chamameceras, que hablan de los deseos de padres, de los mandatos y recuerdos de hombres más que nada y sobre todo).

Constituido en un síntoma, cada vez más notorio y evidente, el señalamiento, el “escracho”, la delación, sigue con vida y vigor, como desde siempre. Así como se denunciaban las brujas, a la diferente, al que pensara políticamente distinto, al diverso en sus formas y costumbres, no hemos aprendido ni aprenderemos nada de nuestra historia, dado que la misma es apenas un conjunto de acciones y reacciones que se nutren de lógicas tan disímiles, dicotómicas y dilemáticas, que nos queda el absurdo de registrar ciertos hechos en una supuesta línea de tiempo, como sí esta constituyera o significara algo. 

Ese problema que siempre está en el otro, o mejor dicho en la otra. A la que no se le reconoce el derecho al deseo. Por esta misma razón, los gobiernos imponen o en el mejor de los casos, proponen opciones, pero nunca trabajarán en los deseos de una comunidad. Concluía, acertadamente, Jacques Lacan que tanto estudiar, psicoanalizar como gobernar, eran imposibles dado que se trataba de precisamente “hacer desear”. 

A diferencia de las continuas victimizaciones a los que nos tienen acostumbrados los políticos, nunca ha resultado tan fácil gobernar, bajo una calamidad como la de una pandemia. Jamás tendrán responsabilidad en las políticas sanitarias, ni de estimaciones, previsión o contención, profundizando la emergencia y la alarma, se regodean en “aplanar curvas” o evitarlas, en contar casos, en aprobar protocolos, en abrir o cerrar las restricciones de modalidad medieval. 

En la falsa asociación de que la Librada, la pasó bien (de allí la connotación del término macho, con clara carga de lo fálico-sexual), es decir obtuvo placer y que por tal acto pecaminoso, se contagió de una enfermedad y al no controlar “comunitariamente” a las y los que desean (es decir, delatarlos, señalarlos, caracterizarlos, escracharlos por no actuar como deben mansamente en el redil) todo el pueblo o la comunidad, sufre y padece el brote del virus, todos, replicando el audio, con gracia o con pena y no diciendo nada sobre lo que nos ha despertado el mismo, no estamos más que lapidando a un mujer, llevándola a la hoguera, haciéndola desaparecer por su condición de sujeto deseante. 

Lo hacemos a distancia, compartiendo por mensajería, telemáticamente, porqué lo que tenemos de opresivos y represores, lo tenemos de obedientes, mansos y cobardes, nos hemos prohibido preguntar y con ello cuestionar, pensar y reflexionar.  Esta es la mayor calamidad, de una enfermedad, que genera algo mucho peor que la muerte (esa costumbre natural e inevitable) que nos creamos, porque tenemos algo diferente al otro, más valioso o importante, al punto de determinar lo que estaría bien o mal, más allá de que lo hagamos dañando a personas al punto de negarle su condición de tal, privandoles de su derecho a desear. 

 

Por Francisco Tomás González Cabañas. 

 

N/R: La foto o gráfica, es un "meme" o flyer intervenido artísticamente que no constituye la cuenta oficial de Twitter del gobernador Valdés, que llegó a un número de la redacción y circula en redes con fines "humorísticos". 

 

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