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ANÁLISIS

23 de agosto de 2020

En caída libre.

No son nuevas las diferencias conceptuales, entre quienes interpretan la vida como el mundo, desde enfoques antagónicos. Desde tiempos inmemoriales se han trazado concepciones divergentes y contrapuestas, hasta la llegada de Hegel con la síntesis entre tesis y antítesis, pero la tendencia de la última década dispone un reverdecer de posiciones binarias y cerradas que nos hacen vivir en un clima político, a nivel nacional, provincial y municipal, polarizado y tenso. Sí desde la máxima autoridad política, se nos propone semejante invitación a abordar lo social, de manera casi absolutizada, ¿como proponer otras posibilidades sin que las mismas sean necesariamente antagónicas y contrarrestantes?

Sí partimos de la base que todo tiene una explicación, por más que la desconozcamos, seremos conscientes de nuestros límites, pero también iremos procurando un mayor entendimiento en los campos del saber que desconocemos, de no haber pensado de esta manera, no hubiera existido la ciencia y todo continuaría en el estadio mágico-casualista. Pandemia mediante, debemos aceptar que la ciencia, como ningún otro concepto, debe fungir como un significante amo que todo lo pueda. 

No podemos alegar que no estamos informados, o que desconocemos de política, para dar cuenta del porque tanto a nivel nacional, como provincial, la política nos somete, nos embarga, nos fracciona en dos partes contrapuestas y en pugna, nos determina de un lado o de otro, nos alista en cada una de sus trincheras. 

Intentaremos dar una noción exprés de lo que consideramos que ocurre, algo efectivo, punzante, casi espasmódico, por más que pierda sustancialidad y valor de verdad, sabemos que nada de esto cotiza con buen valor en la bolsa de nuestra actualidad.  Es más, en caso de haber podido hacerlo, hubiéramos escrito no más de cinco líneas en un cuerpo voluptuoso de una mujer operada o de un hombre siliconado, a los efectos de llegar a más personas en menos tiempo. 

Pero eso mismo nos ha dado la pauta que para que ello sea masivo, esté de moda y represente el actuar del hombre en el mundo, debe surgir, casi como un anticuerpo la reacción, que vaya lo profundo, que sea complicada, latosa, en cierta forma cansina, aburrida, pero necesaria, coherente y explicativa, o más bien orientadora.

Seguramente el estar insertos en esta encrucijada política-social, no depende demasiado de nuestras acciones individuales de hombres con responsabilidades no tan importantes  a nivel público, pero de lo poco que si dependa, debemos esforzarnos en tratar de comprenderlo, para en todo caso, desde esa comprensión, en caso que nos plazca, cambiarlo, modificarlo, y no hacerlo desde el a priori, de no me gusta este o el otro accionar, por la superficialidad de un nombre, de una cartera o de un tono de voz.

 Podríamos señalar, sin temor a equivocarnos que durante un largo período ha prevalecido la siguiente concepción de entender la política, y los problemas que surgían de ello (conflictos, guerras y demás) se originaban en grupos, bandos o facciones que se decían más fieles intérpretes de lo que se consigna a continuación:

“Los que hayan de gobernar el estado deben tener siempre muy presente estos dos preceptos de Platón; el primero defender los intereses de los ciudadanos de forma que cuanto hagan lo ordenen a ellos, olvidándose el propio provecho; el segundo velar sobre todo el cuerpo de la república, no sea que, atendiendo a la protección de una parte, abandonen a las otras. Lo mismo que la tutela, la protección del estado va dirigida a utilidad no de quien la ejerce, sino de los que están sometidos a ella. Los que se ocupan de una parte de los ciudadanos y no atienden a la otra introducen en la patria una gran calamidad; la sedición y la discordia, de donde resulta que unos se presentan como amigos del pueblo y otros como partidarios de la nobleza: muy pocos favorecen el bien de todos (Marco Tulio Cicerón “Sobre los deberes”).

Esa otra parte, que no estaría condensada, según el Romano, sería tomada por Hegel, muchos siglos después, como la contrapartida necesaria para el nacimiento de la síntesis, tras el enfrentamiento de la tesis con la antítesis, no por casualidad, la misma surge, en el período histórico tras las revoluciones iluministas. 

El mundo moderno apostaba a la síntesis Hegeliana, todo el período de guerra fría puede ser entendido como una histeria colectiva donde se esperaba que surgiera la síntesis, la tercera posición o vía que arriesgaron algunos, y finalmente cuando el frente soviético se desplomó, no fueron pocos los que sin más elementos de análisis concluían con que la síntesis, es decir lo mejor que al mundo le podía suceder era ese capitalismo triunfante (en verdad triunfante por la extinción de su adversario no por ejercicio de la prevalencia o victoria real) recordar sino el famoso fin de la historia de Fukuyama. 

Nada mejor nos podía, ni nos debía pasar y la historia reciente, es precisamente el capítulo en el que menos reparamos, es decir, cuando y donde menos buscamos y preguntamos, fue cuando surgió el 2001, en nuestra provincia en verdad un par de años antes. 

Tras ese acabóse, política y social, surgió la reconstrucción y con ello, esta concepción de blanquear el conflicto, cuando no azuzarlo, generarlo, apoyarlo, promocionarlo, abastecerlo.

Veamos lo que dice Beatriz Sarlo, sobre el pensamiento de Ernesto Laclau; “ Considera que, cuando un sistema político atraviesa una crisis que afecta las viejas formas y estructuras, cuando aparece disperso o desmembrado como la Argentina a comienzos de este siglo, sólo el populismo es capaz de construir nuevamente una unidad, articulando las demandas diferentes que estallan por todas partes y volviéndolas equivalentes, es decir, aptas para sumarse en un mismo campo. Por eso, el populismo no tiene un contenido definido de antemano, sino que depende de las reivindicaciones que se articulen en esa nueva unidad. Al hacerlo se traza una frontera que divide a la sociedad en dos partes; una de ellas, el pueblo, es un "componente parcial que aspira a ser concebido como la única totalidad legítima". Suena históricamente conocido.

Cuanto más demandas diferentes sean integradas, más amplio será el campo enemigo, hasta tal punto que el discurso populista gira en torno de un "significante vacío". Pero no se trata de un vacío abstracto sino de un vacío que permite producir sentidos políticos, como -el ejemplo es de Laclau- la consigna "pan, tierra y libertad" o, con mayor actualidad, "capas medias versus morochos".

No son muchas las cosas que se puedan o se deban resolver tras un papel, un artículo o lo que fuere, lo que sí, cobran sentido cuando quienes las leen, la interpretan y a partir de allí, construyen en consecuencia un camino, en donde, al menos en este caso, no se nos conduzca por estos senderos determinados por circunstancias tan ajenas a nuestra vida cotidiana, que tenga solamente como norte la discordia o la concordia, no sólo que existe una tercera, sino también, cuarta, quinta e infinitas posibilidades que están tan alcance de nuestra mano cómo leer, pensar, sentir o creer.

“Los periodistas, sea cual fuere el tipo de medio en el que trabajan, se leen, se escuchan  y se observan mucho entre sí. La revista de prensa es para ellos una necesidad profesional: les indica los temas que deben tratar porque los otros hablan de ellos puede darles ideas de notas o les permite al menos situarse y definir ángulos originales para distinguirse de los competidores…pero esta lectura olvida que a menudo estos artículos pasan inadvertidos para la mayor parte de la gente y se hunden en un conjunto cuya tonalidad es en general muy diferente. Los medios actúan en un principio y fabrican colectivamente una representación social que, aun cuando este bastante alejadas de la realidad perdura pese a los desmentidos o las rectificaciones posteriores porque, con mucha frecuencia, no hace más que fortalecer las interpretaciones espontáneas y por lo tanto moviliza en primer lugar los prejuicios y tiende con ellos a redoblarlos… en definitiva lo que se denomina acontecimiento nunca es más que el resultado de la movilización-que puede ser espontánea o provocada- de los medios alrededor de algo que, durante un cierto tiempo estos convienen en considerar como tal… los dominados son los menos aptos para controlar la representación de sí mismo como culturalmente están desamparados son además incapaces de expresarse en la forma requerida por los grandes medios.. Si esta representación deja poco lugar al discurso de los dominados es porque estos son particularmente difícil de escuchar, se habla de ellos más de lo que ellos mismos hablan y cuando se dirigen a los dominantes tienden a emplear un discurso prestado el que estos emiten a su contexto…los cierto es que en lo sucesivo los medios son integrantes de la realidad o si se prefiere producen efectos de realidad al fabricar una visión mediática de aquella que contribuye a crear la realidad que pretende descubrir. La lógica de las relaciones que se instauraron entre los actores políticos, los periodistas y los especialistas de la unión pública llegó a tal punto que políticamente es muy difícil actuar al margen de los medios o a fortiori contra ellos. A los dirigentes políticos no les gusta ser sorprendidos inclusos superados por los acontecimientos y procuran evitar que otros en la urgencia y bajo presión les impongan la definición y los tratamientos de los problemas sociales a la orden del día. Quieren seguir siendo los dueños de su agenda y temen particularmente los acontecimientos que surgen de manera imprevisible y se ubican en el primer plano de la actualidad política porque la prensa escrita y los noticiarios televisivos se apoderan de ellos … todos sucede como si los periodistas quisieran probarse a sí mismos su autonomía profesional en relación con el poder, tratando de ponerlos en aprietos mientras que los políticos por su lado se esfuerzan por controlar los medios como pueden; la lucha se localiza en el terreno mediático y tiende a permanecer en él en tanto el poder con la ayuda de especialistas en comunicación inventa estrategias orientadas a poner fin a la agitación mediática  y con ella a la agitación a secas” (La visión mediática Patrik Champagne. “ La miseria del mundo” fondo de cultura económica 1993).

A muchos políticos, les sucede lo mismo, pretenden gobernar, hablando entre sí (echandóse culpas incluso) olvidando que, más sí están en una posición de gobierno, ni que decir en un contexto de pandemia, deben ocuparse por ordenar con criterio justo las prioridades que necesitan resolver la amplia mayoría de los ciudadanos. 

La política no es un juego entre políticos, en el que cada tanto, pretenden ingresar comunicadores a terciar las tensiones del poder. 

Política es la palabra que da por la fuerza de la razón, la legitimidad y legalidad de lo normativo como de la sustentabilidad del vínculo entre gobernantes y gobernados. Cuidemos las palabras, que es el primer paso para pretender gobernar mejor. 

 

Por Francisco Tomás González Cabañas.   

 

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